Viernes, 13 de abril de 2018

Como vivimos en una sociedad banal e idiotizada no me extraña que tantos personajillos desparramen su dignidad por un título universitario totalmente estéril. Otros muchos se los inventan directamente. Aspiran a la notoriedad y el éxito y lo que consiguen es dejar al descubierto sus vergüenzas y sus limitaciones, mentales y morales.

Esta epidemia que se acaba de declarar ahora, pero cuya patología viene de lejos, afecta por igual a todas las clases sociales, lo que demuestra que su naturaleza tiene más que ver con la condición humana que con las ideologías. Y es que la "titulitis", como se decía antes, es una forma de vanidad elitista que persigue marcar distancia con la mayoría social. No obstante, conviene diferenciar entre el título de “doctor” –certificación óptima de conocimientos en una materia– y el título de “máster”, que no es otra cosa que un certificado de haber cumplido unos requisitos académicos aleatorios sobre una o varias materias pseudoprofesionales. En este último caso el título carece de facultad habilitante para el ejercicio de profesión alguna, mientras que en el caso del doctorado, éste faculta para el ejercicio de la enseñanza superior y la investigación.

Pero la codicia, el elitismo, la vanidad y la estulticia de responsables políticos y universitarios, así como del mundo empresarial, han favorecido un caldo de cultivo tóxico, cuando no inocuo. En todo caso, no seré yo el que descalifique los esfuerzos personales y económicos de tantos por ampliar sus currículos y y así poder mejorar sus opciones de conseguir un empleo. Pero los escándalos que estos días inundan los medios de comunicación no han hecho sino dejar al descubierto la podredumbre de una parte de nuestra sociedad enferma. Políticos, profesores y arribistas de toda laya han puesto de manifiesto, una vez más, su desprecio por todos los que no somos como ellos y, además, les pagamos.


Publicado por torresgalera @ 17:17  | Pol?tica
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