Lunes, 22 de mayo de 2017

Estoy viviendo la Pascua con una gran alegría interior. Es una Pascua diferente; ocurre con cada Pascua, y con cada Cuaresma, y con cada tiempo de los llamados «fuertes» del año litúrgico, sobre todo cuando se viven con entrega y devoción. En el caso de este año mi alegría es fruto ‒como no podría ser de otra manera‒ de la gracia de Dios. En mitad de la Cuaresma quiso Nuestro Señor hacerme un regalo muy especial, llevándome a conocer un hermoso santuario dedicado a Santa María de la Cruz. ¡Qué maravilla! ¡Qué experiencia tan preciosa y edificante para la mente y el espíritu descubrir esta historia de apariciones de la Virgen María! Sí, apariciones a una niña que cuidaba cerdos, allá medidado el siglo XV, en las inmediaciones de Cubas de la Sagra, un pequeño pueblo madrileño lindante con la provincia de Toledo.

Santuario de Santa María de la CruzTodo ocurrió un martes de esta Cuaresma. Al finalizar la Misa de doce en mi parroquia, le pregunté al párroco P. Antonio, fraile franciscano por más señas, si conocía el convento de clarisas de Cubas de la Sagra. Me respondió de inmediato esbozando una sonrisa, que cómo no (yo sabía que él ejerce alguna responsabilidad con algunas congregaciones de monjas de la Orden Tercera). «Precisamente tengo pendiente una visita a Cubas desde hace algún tiempo. Pero como estoy tan liado…», me repondió. Le conté que acababa de leer un libro sobre la Niña Inés y la Santa Juana que me había despertado un gran interés por este sagrado lugar. Y sin pensarlo más el P. Antonio me invitó a visitar esa misma tarde el santuario de Santa María de la Cruz y el monaterio de monjas clarisas allí ubicado.

Fue una experiencia muy gratificante descubir aquel lugar tan santo, aquel santuario tan bendecido por el cielo, testigo de innumerables podigios sobrenaturales, tan cargado de historia de España y de la Iglesia; acrisolado en incontables avatares humanos, protagonizados por personajes toda clase y condición, unos ejemplares y otros deleznables. En fin, un lugar que a día de hoy nos regala la paz de un santuario hermoso y sencillo, ideal para rezar y confiarse a Nuestra Señora María de la Cruz; y también a la santa Juana de la Cruz, monja franciscana del finales del siglo XV y primer tercio del XVI, mística, gran predicadora y merecedora de dones de santidad, que a través de ella se obraron numerosos milagros, tanto en vida como hasta el día de hoy. En el santuario resposan sus restos mortales, que son motivo de gran veneración. Y también es buena ocasión para saludar a la pequeña comunidad de religiosas clarisas, muy amables y cariñosas con todo el que se acerca a este sagrado lugar.

Virgen de María de la CruzHay que señalar que todo el complejo ha sido reconstruido, pues en la guerra civil quedó completamente destruido. Incluso en 2001 se descubrió debajo de la iglesia el lugar original donde la Virgen María, hincándose de rodillas, clavó en la tierra la sencilla cruz de madera que llevaba en sus manos la pequeña Inés. Ahora, en la cripta, que irradia un halo especial, se puede rezar y asistir a algunos oficios religiosos que se celebran ocasionalmente. Pero todo el lugar es profundamente piadoso. Incluso todavía mana agua de la fuente que brotó junto al lugar de la cruz en tiempo de las apariciones de la Virgen; agua, por cierto, consierada muy milagrosa a quienes la beben con fe, y que a lo largo de más de cinco siglos ha producido incontables curaciones en devotos enfermos, de cuerpo y espíritu.

Hoy día son muchas las personas que consideran el santuario de Santa María de la Sagra como el pequeño Lourdes de Madrid. Y aunque son bastantes los cristianos que conocen esta historia y este lugar, no es menos cierto que se trata de un santuario desconocido para la mayoría de los creyentes de nuestra provincia y de España en general. En otro tiempo no fue así, y desde el emperador Carlos V, su hijo Felipe II y otros reyes, la nobleza, la jeraquía eclesiástica más destacada y fieles de todo el reino y de otros foráneos, acudían a rezar a la Virgen y pedir su intercesión para remediar toda clase de quebrantos y angustías del alma. Por ello merece la pena acercarse a este santo lugar mariano, orar y meditar en él, tratar de conocer su historia y su profundo significado espiritual y gozar de los dones que el Señor pone a disposición de nuestras conversión. Yo lo estoy gozando esta Pascua de la mano de Santísima Virgen María de la Cruz y de la santa Juana.


Publicado por torresgalera @ 13:54  | Religi?n
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