jueves, 05 de noviembre de 2009
Judith decapita a Holofernes

Dicen que las furibundas declaraciones, en el diario El País, que dirigió Manuel Cobo contra Esperanza Aguirre tienen como trasfondo la lucha por el poder en Caja Madrid. A mí me parece (y perdón por la rotundidad de mi afirmación) una solemne tontería. El desahogo del vicealcalde de Madrid en el órgano oficioso de la socialdemocracia española responde a un antiguo y duro encono personal entre dos figurones, dos gallos de pelea, de la derecha nacional.

Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón son dos solventes apuestas ganadoras del Partido Popular, pero ambos se quieren lejos el uno del otro, resultan incompatibles, tanto en sus ideas como en sus formas de ser. Se trata de un problema visceral, de pura química. Esperanza Aguirre es una aristócrata con una fuerte vena castiza, que le aburren los salones y le divierte mezclarse con el paisanaje. En cambio Alberto Ruiz-Gallardón, de cuna burguesa y doctrinaria,  tiene alma de césar ilustrado y le producen urticaria las manifestaciones populares.

Al alcalde de Madrid le pasa factura su elitismo y su punto de soberbia, lo que le mueve a despreciar la popularidad y aceptación de la presidenta de la Comunidad. Ruiz-Gallardón no digiere que su pretendida superioridad intelectual y política se vea preterida (de forma aplastante, por cierto) por las simpatías y adhesiones que levanta la presidenta del PP en Madrid. No obstante, y a pesar de todo lo dicho, no acabo de entender qué ha podido impulsar a este fiel y leal escudero del corregidor de la Villa y Corte a protagonizar esta inmolación política, a todas luces excesiva y baldía.

Pero allá cada cual. Todavía queda lo más interesante por llegar. Si Ruiz-Gallardón mantiene ─como ya ha afirmado─ que Manuel Cobo (suspendido de militancia cautelarmente) permanecerá en su puesto de vicealcalde y en el de portavoz del Grupo Popular en el Ayuntamiento capitalino, mientras la comisión de Derechos y Garantías del PP dirime el expediente que le ha incoado, entonces habrá que convenir que ninguno de los dos (caballero y escudero) es inocente de alta traición, pues tanto en la apuesta como en el empeño en mantenerla están las claves de la maquinación: desatar dentro del PP un vendaval (aparentemente controlado) de tensiones que pongan a prueba los equilibrios de poder en las altas estructuras del partido. Gallardón está decidido a reivindicar de una vez su posición en el Partido Popular. Sabe que el liderazgo de Mariano Rajoy es endeble, y que tal como marchan las cosas su desgaste corre parejo con el de Rodríguez Zapatero. Por eso Gallardón (niño mimado de Manuel Fraga) quiere poner contra las cuerdas a Rajoy, a ver dónde y hasta qué punto comete errores: si defenestra a Cobo le tiene que defenestrar a él; si no lo hace Rajoy quedará como un pelele, y los medios de comunicación y la opinión pública le dilapidarán. En cualquier caso, Mariano Rajoy lo tiene muy mal, máxime cuando apenas acaba de solventar el conflicto de autoridad que le había creado Ricardo Costa y Francisco Camps en la Comunidad Valenciana.

Pero lo peor de todo es que Alberto Ruiz-Gallardón ─que ha hecho un enorme esfuerzo (muy a su pesar) durante estos años por dominar sus impetuosas ambiciones─ sabe que la batalla de la opinión pública la tiene perdida de antemano. Por ello, cual rey Nabucodonosor, ha decidido enviar a librar esta primera batalla a su general Holofernes para poner sitio a Betulia, la ciudad amiga pero a la que acusó de no prestarle ayuda cuando la necesitó. Todo el mundo sabe como acabó Holofernes, decapitado a manos de Judith, una bella viuda judía que no dudó en arriesgar su vida por salvar a su ciudad. De momento yo no me atrevo a aventurar quién será la Judith de Manuel Cobo (quizá la propia Esperanza Aguirre o, tal vez, Dolores de Cospedal). Menos todavía imagino una hipotética vengadora de la irrefrenable soberbia del propio AlbertoRuiz-Gallardón.


Publicado por torresgalera @ 22:33  | Política
Comentarios (0)  | Enviar
miércoles, 04 de noviembre de 2009

Martes, 3 de noviembre, a primera hora de la mañana tres noticias ─leídas una tras otra─, me hielan el ánimo. Tres noticias que en realidad son tres cifras, nuevas y originales, que contextualizadas tienen un alto valor simbólico. Son cifras con empaque, nada timoratas, sino más bien enjundiosas. Cifras con mensaje propio, que a la vez que nos informan también nos ilustran, enriquecen nuestro conocimiento y nos hacen pensar.

La primera cifra a la que hago alusión es la que refleja el aumento del número de trabajadores que se han quedado sin empleo en España durante el pasado mes de octubre: 98.906 personas (+2,6%). Según el Ministerio de Trabajo, el número total de desempleados registrados actualmente en las oficinas del INEM alcanza las 3.808.353 personas, de las cuales casi un millón han perdido su trabajo en los últimos doce meses (es decir, el crecimiento interanual del número de parados se sitúa en el 35,1%). Como se puede apreciar estos datos son demoledores: de cada 100 españoles en edad de trabajar, 19 están en paro forzoso, y de los más de 3,8 millones de ciudadanos sin empleo, 1,5 millones no reciben ninguna prestación social, bien porque ya se les terminó el derecho o bien porque nunca lo tuvieron.

Segunda cifra digna de consideración: 37.840 euros de las arcas del Estado están siendo gastados en estos momentos por cuatro diputados (Delia Blanco y Joan Calabuig por el PSOE, Gonzalo Robles Orozco por el PP y Carles Campuzano por CiU) en un viaje institucional a Nueva York y Washington que tiene todos los visos de resultar un fiasco. Lo peor de todo es que ya antes de que iniciaran este viaje, la Mesa del Congreso de los Diputados tuvo noticia de la anulación de buena parte de los contactos previstos. A pesar de estos contratiempos, los cuatro parlamentarios españoles (ninguno habla inglés) emprendieron el día 1 su periplo de una semana (700 euros por persona en gastos de intérpretes) por Nueva York y Washington. Ya veremos cómo justifican estos diputados dicho viaje en el informe que están obligados a presentar en el Congreso tras su regreso.

Por último, la tercera cifra destacable: cinco millones de posavasos repartidos en más de 13.000 locales de ocio nocturno, bares, cafeterías y restaurantes, para luchar contra la trata de niñas y mujeres con fines de explotación sexual. Se trata de la penúltima ocurrencia del gobierno de Rodríguez Zapatero, y que en este caso está liderando ─como no podía ser de otra manera─  Bibiana Aido, la metafísica ministra de Igualdad. La ministra socialista ha puesto en marcha una rutilante campaña propagandística para luchar contra la prostitución. Cinco millones de aguerridos e intrépidos posavasos se encargarán de concienciar y disuadir a los clientes de las prostitutas. “Esta iniciativa contribuye a acabar con una de las mayores injusticias del mundo contemporáneo.” (Aido dixit).

Ahora (es para echarse a llorar), que cada cual saque sus propias conclusiones.


Publicado por torresgalera @ 8:00  | Política
Comentarios (0)  | Enviar
martes, 03 de noviembre de 2009

Más que triste es sombrío y descorazonador el espectáculo que se está dando desde los diferentes partidos políticos: desde luego, el de la corrupción es común a la mayoría de las organizaciones electorales. Esto tiene mucho que ver con el bagaje ético de nuestra sociedad, aunque sin duda es significativo la ejemplaridad que manifiestan los representantes ciudadanos y administradores de la cosa pública. Pero toda la perfidia no acaba aquí, sino que se derrama y extiende por todos los espacios y rincones de la vida institucional: se miente, se engaña, se difama, se prevarica, se presiona y chantajea, se manipulan los hechos, las intenciones y hasta las angustias de propios y extraños para obtener ventajas y beneficios propios. La vida pública se ha convertido en un gran bazar donde se ha puesto precio a todo, hasta al aire que respiramos. La justicia, las administraciones públicas, los cuerpos de seguridad del Estado, la sanidad, la enseñanza, el deporte, cualquier cosa en la que reparemos (hasta las organizaciones no gubernamentales) son pasto del canibalismo político, de los depredadores de lo ajeno y de los codiciosos irredentos. Poner freno a tanto desafuero se ha convertido en una quimera, en una empresa imposible por inverosímil, ya que la colectividad ha perdido la fe, no solo en Dios sino en el género humano. La miseria moral del hombre de nuestro tiempo llega a tal punto que prefiere delegar su voto en un sinvergüenza, un corrupto o un indeseable (porque sabe que será recompensado con las dádivas de quien no tiene su conciencia tranquila), antes que porfiar sus intereses a un hombre justo. ¡Ay, cuánta estulticia anida en las mentes de la gente simple! Y cuánta simpleza inunda los corazones de los infelices. Es preciso dar la espalda a los que nos prometen el paraíso o el estado de bienestar: nos quieren aherrojar con sus cadenas. La libertad exige un equipaje austero, si no su carga hace inviable el viaje por la vida. Despreciemos a los salvapatrias e ignoremos a los redentoristas que invocan nuestro derecho a pan, justicia y libertad. Todos ellos lo que pretenden es asegurarse la vejez y no volver a fichar durante el resto de sus días.  


Publicado por torresgalera @ 8:00  | Política
Comentarios (0)  | Enviar
domingo, 01 de noviembre de 2009

Son muchos los que, por ignorancia o bien por simplismo intelectual, reducen el paradigma de la actividad política a la dicotomía entre dos realidades funestas: o aceptamos el sistema democrático actual (con sus vicios y perversiones) o nos veremos arrojados a los brazos de unos dictadores que nos pongan en fila y marquen el paso de nuestras vidas. Craso error que no demuestra más que una prodigiosa cortedad de miras. Y es que entre una dictadura y una mala democracia existe un término medio muy beneficioso y equidistante de los mencionados extremos: una buena y auténtica democracia.

Es obvio, y en esto estamos todos de acuerdo, de que no existe ningún sistema de relaciones humanas que sea perfecto. La razón es sencilla, dado que el ser humano es en su desarrollo evolutivo ─especialmente en el psíquico y racional─ muy imperfecto, difícilmente podría haber pergeñado a estas alturas de su presencia en la Tierra como especie un modelo de convivencia perfecto y adecuado para todos y cada uno de los individuos de la raza humana. De modo que lo razonable es pensar y aceptar que si la libertad es el ámbito natural de la condición humana, lo que hoy día entendemos como democracia debería de ser el único modelo sobre el que deberíamos trabajar para hacer posible la convivencia; eso sí, esforzándonos en perfeccionarla y mejorarla.

Ahora surge la gran pregunta: ¿Existe verdadero interés por parte de los responsables de las organizaciones políticas actuales, sean del signo ideológico que sean, de cambiar y mejorar el modelo de democracia en el que estamos inmersos? Sinceramente, mi opinión es que no, que no existe la menor inquietud ni preocupación por pulir, remediar o mejorar nuestra democracia parlamentaria representativa. Nadie se propone ni tiene entre sus prioridades reformar la ley electoral, para limitar la excesiva influencia de los regionalismos (que sólo tienen representación en sus territorios) en el conjunto del Estado o Nación. Nadie que de verdad crea en España como Nación está dispuesto a emprender una reforma constitucional para remediar las ambigüedades y los excesos cometidos al amparo del título octavo de la Carta Magna. Nadie tiene el menor interés en restituir los contrapoderes, de manera que el poder legislativo y el poder judicial fortalezcan la musculatura y el espíritu democrático de la sociedad, toda vez que el poder ejecutivo se vea impelido a una ejecutoria traslúcida y volcada en los problemas reales de los ciudadanos, y no en malabarismos retóricos y piruetas demagógicas dirigidas a desactivar a la oposición y a perpetuarse en el poder.

No. Ya está bien de obstruccionismo político sistemático. Ya está bien de “Y tú más”. Ya está bien de que la maquinaria de los partidos imponga su ley a los de dentro y a los de fuera, incluso que quiera gobernar a la prensa. Hay que acabar de una vez con la partidocracia que cada día tiraniza un poco más a la sociedad, y para ello es necesario que la imprescindible reforma de la ley electoral acabe de una vez con las listas cerradas, que los candidatos elegidos respondan de sus actos y actúen en conciencia. En fin, nuestra democracia está lejos de ser un modelo perfecto, sobre todo porque los partidos políticos así lo quieren, pero que no pretendan sus dirigentes asustarnos con que peor es la dictadura porque eso es recurrir al matonismo. Tan corrosiva como la dictadura (un régimen represor impuesto por la fuerza pero en el que cada cual sabe el lugar que ocupa) es una seudo-democracia, en la que únicamente tiene de democracia su aspecto nominal y formal, y donde se utiliza, manipula y engaña al individuo hasta vaciarlo de contenido, y donde el lenguaje ha sido corrompido hasta la desfiguración. Y ya se sabe, sin lenguaje no hay conciencia, y sin conciencia no hay hombre.


Publicado por torresgalera @ 14:32  | Política
Comentarios (0)  | Enviar
sábado, 24 de octubre de 2009
Ex cantores de la Escolanía del Santísimo SacramentoQuién nos puede asegurar que la vida no está tejida de sueños, unos pérfidos y crueles y otros halagüeños y esperanzadores. El poeta los da por ciertos e iguala la vida a un frenesí, a una ilusión, una sombra, una ficción…; en definitiva ─según afirma─, la vida es un sueño. Desde luego algo así me ha ocurrido esta semana que concluye, en la que un viejo recuerdo de hace más de cuarenta años me ha sorprendido y abrumado con su presencia, inesperada y apabullante, corporeizándose ante mis ojos, toda vez que me ha regalado algunas horas que seguro serán, con el paso del tiempo, inolvidables.

Todo comenzó con la llamada de un amigo muy especial (amigo de la infancia), del que hacía algunos años que no tenía noticias. Luis de la Barrera, este es su nombre. Luis me localizó por teléfono estando yo de viaje por tierras de Jaén. Me dio cuenta y razón de José María Calvo, cura y director de la madrileña Escolanía del Santísimo Sacramento, allá por los primeros años de la década de los sesenta. De golpe y porrazo, por mor de un cúmulo de circunstancias  casuales (o quizá no tanto), el lejano fantasma de mi niñez hizo acto de presencia en mi guardarropía de periodista prejubilado enredado en afanes literarios.

Así ha sido como ─sin apenas tiempo para digerirlo─ me he reencontrado, cuarenta y cinco años después, con un grupo de provectos señores que tiempo ha conformaron la Escolanía del Santísimo Sacramento, una de las corales de voces infantiles que mejor sonaban en España a finales de los cincuenta y primera mitad de los sesenta. Y al frente de esta polifónica patulea, tanto ayer como hoy, ha vuelto a irradiar su vibrante luz el Padre Calvo, mucho más viejo y de aspecto cansado y casi diría menesteroso, pero a su vez más humilde, más sabio, más entrañable…, más bueno.

Padre José María CalvoDesafortunadamente solo fuimos capaces de reunirnos poco más de una docena de antiguos cantores de la Escolanía de los Sacramentinos, de Madrid. Otros a los que se les pudo localizar excusaron su ausencia por compromisos adquiridos con anterioridad. No importa, lo más difícil se hizo: encender la llama y reunir en torno al Padre Calvo, en la sede de los Sacramentinos (calle del Alcalde Sáinz de Baranda, número 3, del madrileño barrio de Retiro) a este reducido pero emocionado grupo de ex niños cantores. Fueron unas horas entrañables de alentar los recuerdos, de evocar buenos momentos, de ponernos al día de tantos años de ausencia. En resumen, una intensa tarde otoñal que se fue gastando entre vaharadas de nostálgicas ensoñaciones y voluntariosos empeños de futuros encuentros. Dos días después, algunos volvimos a reunirnos con el Padre Calvo con manteles y buen vino de por medio. Este segundo encuentro tampoco defraudó, toda vez que estrechó los corazones. Había algo mágico en el ambiente.

Llegaron las despedidas y los propósitos. Habrá otros encuentros y otros motivos. Nadie sabe cómo obra la Providencia, ni de qué pretextos se sirve, pero haberla hayla. Entre tanto, el viejo músico, después de treinta y cinco años de ministerio diocesano en Puerto Rico (con alguna incursión apostolar agridulce en el neoyorkino Harlem) ha recalado sus cansados huesos en la guipuzcoana Éibar, donde continúa su labor parroquial y diocesana en medio de un discreto anonimato.

P.D.:
Nuestro entrañable compañero y amigo Eduardo Roselló ha desarrollado una página web (http://www.laescolania.es). Aquí se pueden encontrar datos históricos de la Escolanía del Santísimo Sacramento, de sus fundadores, acontecimientos musicales más sobresalientes, anécdotas, fotos, grabaciones discográficas y forma de contactar con el Padre Calvo y con Eduardo Roselló. Todos hemos adquirido el compromiso de aportar cuanta información nos sea posible, a fin de ampliar y mejorar este hermoso recuerdo que un día fue realidad y que hoy es el pretexto para renovar los afectos.
Publicado por torresgalera @ 17:04  | Personajes
Comentarios (0)  | Enviar