En el artículo, publicado con anterioridad en este blog, titulado El destino como ensoñación, concluía con el siguiente corolario: “Así las cosas, ... Ser y Destino no tienen más vínculo que el de la ensoñación, ya que el encadenamiento de sucesos y circunstancias que determinan que los hechos sean favorables o fatales, tienen su origen en la aleatoriedad que contienen algunas de las leyes que rigen el Universo, y que nos son completamente desconocidas.”