martes, 19 de abril de 2005
La sociedad vasca vive empantanada hasta las narices. Apenas puede respirar, por lo que el enorme esfuerzo que le exige obtener el oxigeno necesario para mantenerse en pie, le resta atención para ejercitar cualquier otra función intelectual. Una vez más, los resultados electorales del pasado 17 de Abril han demostrado la incapacidad de los ciudadanos vascos para encontrar una vía de escape del atolladero en que se encuentran. Los ciudadanos del País Vasco se reafirman en todos y cada uno de los comicios en posiciones similares desde hace veinticinco años. Con pequeñas variaciones, en un sentido u otro, las ofertas políticas mantienen una fidelización de votantes muy recalcitrante. Son las circunstancias específicas de cada consulta electoral las que determinan los deslizamientos de votos hacia un lado u otro. Pero lo cierto es que hace cuatro años el nacionalismo obtuvo casi el 52,8 por ciento del respaldo popular, y el pasado domingo obtuvo el 53,6 por ciento de las papeletas; y en ambos casos sin contar con el 5,4 por ciento de electores que votaron a favor de Esquerra Batua, formación política que integró el gobierno tripartito en la anterior legislatura.

--------------------2005--------------------------------------2001----------

PNV:------463.873 - 38,6%-(29)------------604.222 - 42,7%-(33)
PSE:-------272.429 - 22,6%-(18)------------253.195 - 17,9%-(13)
PP:--------208.795 - 17,3%-(15)------------326.933 - 23,1%-(19)
EHAK:---150.188 - 12,5%---(9)------------142.784 - 10,1%---(7)
EB:---------64.931 ---- 5,4%--(3)-------------78.862 --- 5,5%--(3)
Aralar:----28.001 --- 2,3%--(1)------------------- -- -- -- -- -- -- -- -- --

Total escaños: 75

Censo:--------1.761.344 (+79.268)-----------------1.682.076
Participación:-----------69,0 % ------------------------79,0 %
Abstención:--------------31,0 % ------------------------21,0 %

Por el contrario, la parte de la sociedad que apoya políticamente el llamado "constitucionalismo", ha disminuido respecto a hace cuatro años. En 2001 los votantes del PSE y del PP sumaron el 41,0 por ciento de las papeletas; en cambio, el domingo pasado sólo sumaron el 39,9 por ciento de los votos, un 1,1 por ciento menos. Este dato quizá sea discreto en términos relativos, pero en términos absolutos es preocupante, ya que 99.000 vascos han vuelto la espalda en esta ocasión al los defensores del actual Estatuto y a la Constitución. Y dentro del primer grupo, es de destacar la pérdida de apoyo que ha sufrido el PP, que ha obtenido 118.000 votos menos (uno de cada tres votantes) que hace cuatro años; en cambio, el PSE ha recibido 19.000 votos más que en 2001.

Como se puede comprobar, poco han cambiado las cosas -políticamente hablando- en el País Vasco. Es verdad que algunos matices son bien diferentes. Por eso cada día tiene su afán, y esta legislatura tiene sus propios desafíos; las peculiaridades del "nuevo" escenario político las iremos desentrañando conforme pase el tiempo. Pero, no nos engañemos, la radicalización política en Euskadi se incrementará, no porque la sociedad esté dividida casi por la mitad, sino porque una parte de los dirigentes del socialismo vasco y español (y a la cabeza el presidente Rodríguez Zapatero) están por la labor de acompañar en el viaje estatutario rupturista al nacionalismo vasco que representa el PNV-EA.

¿Y por qué he comenzado hablando del resultado electoral en términos de votos y no de escaños? Por la sencilla razón que me interesa, en esta ocasión, resaltar la enorme responsabilidad que recae sobre los electores cuanto pase en los próximos cuatro años. No olvidemos que el 17-A fue el pueblo soberano el que se pronunció en las urnas. Y si es verdad que en el País Vasco no reina la libertad, la llamada a consulta electoral debería -precisamente como reacción ante los que cercenan la libertad y los derechos de una parte de la sociedad- impulsar a los vascos a un mayor compromiso ético en el ejercicio de su potestad soberana. Pero, no le demos más vueltas, las cosas son como son y no como quisiéramos que fuesen. Allá con sus conciencias, unos y otros. Confiemos en que algún día el llanto y el lamento no terminen por silenciar las disputas de ahora.

Avance nacionalista

Por situar correctamente los parámetros numéricos de estas elecciones autonómicas del 17-A, conviene hacer un par de consideraciones previas. La primera, que la abstención ha sido diez puntos superior a la de 2001, al pasar del 21 por ciento de entonces al 31 del domingo pasado; esto evidencia un aumento del desinterés de los ciudadanos vascos por los asuntos públicos, tal y como en la actualidad están planteados. La otra consideración radica en el aumento del censo electoral, al que se han incorporado 79.268 jóvenes mayores de dieciocho años; su incidencia en el escrutinio es difícil de valorar.

En cualquier caso, desde el punto de vista de la aritmética, la coalición nacionalista PNV-EA ha sido la que ha ganado las elecciones: ha obtenido, a gran distancia de la segunda fuerza, el mayor número de votos y de escaños en el Parlamento vasco. No obstante, esta coalición ha recibido 140.000 votos menos que en 2001, casi un 23 por ciento menos, lo que es una prueba fehaciente de que la política seguida por el lendakari Ibarretxe ha decepcionado a muchos de sus votantes.

Con todo, el nacionalismo ha salido consolidado, aunque por la parte más radical. No hay que olvidar que el nacionalismo autodeterminista de izquierda, el nacionalismo abertzale, ha reforzado su respaldo popular a pesar de sus dificultades legales para conseguir una plataforma electoral con la que concurrir a estas elecciones. Ha conseguido 150.000 votos (el 12,5 por ciento), un 2,4 por ciento más que en 2001, una cifra nada despreciable. Si a este dato añadimos el de los 28.000 votos obtenidos por Aralar, la formación política surgida de la escisión de Herri Batasuna hace tres años, nos encontramos con la presencia firme de un nacionalismo radical legitimado por el 15 por ciento de los electores que han ejercitado su derecho.

Legislatura incierta

Y, por último, nos encontramos con Esquerra Batua, la federación vasca de Izquierda Unida, que habiendo perdido el pasado domingo 14.000 votantes, mantiene muy estable su porcentaje (5,4 por ciento) de respaldo popular. En la nueva legislatura sus 3 escaños no serán imprescindibles para formar un gobierno mayoritario y sólido con el PNV-EA. Pero que duda cabe que EB se implicará de cualquier manera, con unos o con otros, para continuar en el poder: su materialismo histórico es su mejor consejero.

Así, pues, el cuadro para los próximos meses (¿años?), está esbozado con nitidez. La sociedad vasca estaba empantanada; y a partir de ahora lo estará más. El nacionalismo secesionista ha salido reforzado. Poco importa que Ibarretxe y su plan se hayan desinflado. La presión abertzale va a ser asfixiante, y la amenaza terrorista de ETA continuará siendo la gran coartada de los comunistas de las tierras vascas, versus Herri Batasuna. Por su parte, los socialistas de Patxi López están convencidos de que van a obtener importantes réditos de la nueva situación; están seguros de poder liderar el cambio hacia la pacificación del País Vasco, mediante el consenso de un nuevo estatuto de autonomía con los nacionalistas del PNV-EA. Desde La Moncloa, Rodríguez Zapatero ha estado alentando esta opción.

Queda claro que en este escenario el que está fuera de juego es el Partido Popular. Su defensa a ultranza de la vigencia del Estatuto de Guernica y del actual marco constitucional le convierte en el enemigo a batir. En esta tesitura, es lógico pensar que las tensiones políticas se extenderán a la política española. Es más, el proyecto de reforma del Estatuto de Cataluña coadyuvará al enfrentamiento político y mediático de manera peligrosa. Este es el panorama sombrío que nos amenaza a los españoles. Mucho me temo que el empantanamiento de la sociedad vasca nos arrastrará a todos.

Publicado por torresgalera @ 22:25  | Política
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Publicado por srpensante
miércoles, 20 de abril de 2005 | 14:52
Los resultados electorales son los que son, y eso es lo que mejor explica la situación vasca. Pero tendríamos que diferenciar entre votos de la sociedad vasca y votos de los vascos. Parece una perogrullada, pero yo creo que no lo es tanto. Saludos!