En estos días los españoles hemos oído y leído mucho sobre la triste situación por la que está pasando el gran artífice, junto con el rey Juan Carlos I, de la transición democrática española. De Adolfo Suárez González, el primer presidente de gobierno constitucional, hemos sabido que padece una enfermedad que le priva de la consciencia, lo que le impide recordar su pasado y lo que él mismo representa para la Historia de España. Sin lugar a dudas se trata de un doloroso infortunio que no merece persona tan singular y meritoria. Es un dramático colofón a una vida que ha servido como ejemplo de valentía, pundonor y sacrificio para millones de españoles. Y que con la perspectiva que dan los años, se nos ha revelado como una inmensa figura detentadora de una personalidad arrolladora, altruista y noble como ninguna otra de las que ha dado la política española desde la Transición.