Como dijera el caballero de la triste figura a su muy leal Sancho: "Ladran, luego cabalgamos". Así parece que nuestros próceres nacionalistas se toman los asuntos de la gobernación. Unos y otros, vascos y catalanes, viven inmersos en un furibundo ejercicio de propuestas y de enunciados que no hacen más que calentar el ambiente para que el espectáculo de la política no pierda un ápice su interés.
Por un lado, el presidente del PNV, Josu Jon Imaz, acaba de presentar en sociedad y sin tapujos el gran objetivo de su misión en la tierra: que su formación política asuma el liderazgo para construir la nación vasca; una nación vasca que englobe a «Hegoalde» e «Iparralde», esto es, Euskadi, Navarra y el País Vasco francés, frente a «la unidad territorial impuesta». Imaz ha realizado esta revelación en el acto conmemorativo del CX aniversario del PNV, y su apuesta se propone alcanzar la soberanía compartida «con España, Francia y Europa, sin sometimientos e imposiciones».
Lo cierto es que tanto la música como la letra nos son hartas conocidas. Nada o casi nada nos sorprende ya de los dirigentes del PNV, y menos que a estas alturas sus discursos coincidan de plano con los de Batasuna. Siempre se ha dicho que los cachorros del radicalismo separatista vasco son hijos descarriados del sabinismo peneuvista. Cuarenta y tantos años después de abandonar la casa del padre, el reencuentro programático se ha producido en el parque y no en el salón de la casa. Pero así son las cosas.
Entretanto, los dirigentes socialistas del PSE abordan de nuevo, en un circunloquio sin fin, otra maniobra con las tropas de Imaz y de Otegui. Las conversaciones no son secretas sino discretas, como dijera en su día el inefable ZP. Y ello ocurre mientras el maridaje de conveniencia entre el socialismo institucional catalán y el independentismo irredento de ERC se encuentra en sus horas más bajas y amargas.
No importa. Algo tendrá necesariamente que suceder en las próximas semanas para que el espectáculo de la reentré política al comienzo del otoño no defraude a propios y extraños. Los agoreros que piensen que la razón y la cordura recuperarán sus fueros están listos. Nadie en este circo de orates está dispuesto a defraudar a sus incondicionales. Octubre es un buen mes para un comienzo de temporada esplendorosa. El espectáculo se simultaneará en varias pistas. Los números más novedosos se están ensayando estos días, pero seguro que habrá otras sorpresas.
Los muchachos de ERC son los más ingeniosos hasta el presente. Hace unas semanas les adelanté el numerito que se han sacado de la manga al solicitar del Congreso de los Diputados un acto de contrición por los crímenes de guerra cometidos por el ejército español en Marruecos en los tiempos de Abd el Krim. Ahora, esta misma formación independentista catalana ha insistido en el Palacio de la Carrera de San Jerónimo con una nueva proposición no de ley. Los pretorianos de la camisa negra quieren reconvertir la Jefatura Superior de Policía de Barcelona en un «centro memorial de la represión franquista», y para ello han solicitado que la Generalitat ceda la documentación de la VI Brigada Regional de Información Social.
El inconmensurable diputado Joan Tardá, locoide trapisondista, ha realizado todo un alegato a favor de esta iniciativa, al recordar que la sede policial de Vía Layetana fue un centro de detención en el que durante toda la dictadura de Franco se practicó la tortura y «se fabricaron las pruebas que llevaron al patíbulo a ciudadanos y ciudadanas inocentes en puridad jurídica». Tardá, el defensor de la memoria de los rifeños vapuleados por Franco y Millán Astray, confía en el respaldo del grupo socialista del Congreso, ya que el propio «Zapatero se comprometió, a instancias de ERC, a que la recuperación de la lucha antifranquista fuera una prioridad de esta legislatura». Como pueden ver, el espectáculo está servido.