jueves, 04 de agosto de 2005
He aquí dos caras del socialismo español. Se trata de dos personajes relevantes: uno, el de una ministra del Gobierno que preside José Luis Rodríguez Zapatero; la otra, una ex ministra del ex presidente Felipe González. La primera se llama Carmen Calvo Poyato, y es la titular de la cartera de Cultura; la segunda se llama Cristina Alberdi Alonso, y dirigió el departamento de Asuntos Sociales. La cordobesa de Cabra vive fascinada y abducida por el fenómeno ZP; la sevillana de Los Rosales habita en la cámara interior de su conciencia. La egabrense se congratula a diario por haberse conocido; la andaluza criada en el foro reivindica cada día su soledad en libertad.

Carmen Calvo, la responsable política de la cultura española, haciendo gala de su portento intelectual, ha cogido el hilo de la cometa de su jefe y ha ratificado aquello que en su día dijera, de que da lo mismo “nación” que “nacionalidad”; que ambos términos son confusos; que el término “nación” es un comodín que lo mismo vale para definir un roto que un descosido; que lo verdaderamente importante es que España es un Estado, y que dentro de un Estado no puede haber otros estados. Así que ya lo saben, qué más da que en España haya cinco o seis naciones. La Calvo Poyato de la cosa cultural “pitxi y dixit” que no vale la pena discutir sobre esto, y que, por tanto, catalanes, vascos, gallegos, leoneses y murcianos se llamen como quieran. Ahí la tienen: Calvo Poyato-Poyato Calvo, que lo mismo da que da lo mismo -oráculo infalible de nuestra cultura, proceloso caudal de conocimientos, protervo legado de sabiduría-, ha zanjado con su preclara y oportuna intervención un farragoso debate que a punto ha estado de hacer naufragar la convivencia de las naciones todas, países, pueblos, razas, etnias y demás colectivos semovientes que pueblan las extensas tierras de la España peninsular, de la insular y de la norteafricana.

En cambio, en el otro lado de la moneda del progreso nos encontramos con Cristina Alberdi Alonso, experimentada luchadora por los derechos de la mujer y con un amplio currículo de ex (ex vocal del Consejo General del Poder Judicial, ex diputada en Cortes, ex miembro de la Ejecutiva del PSOE, ex secretaria general de la FMS, ex ministra y no sé cuantas cosas más). Y todo ese memorial para terminar tirando el carné del PSOE al cubo de la basura. ¿Y cuál fue la razón de tan grave decisión? Sencillamente decirle en su cara al jefe máximo del socialismo español, léase José Luis Rodríguez Zapatero, que aprobar aquel pacto entre PSE y ERC para formar gobierno en Cataluña era una estafa política. Pero la cosa no quedó ahí. La ingenua Alberdi le recriminó reiteradamente la peligrosa deriva a la que ZP estaba llevando a España; y esto era todavía en tiempos de oposición. Claro, con este desparpajo suicida a la letrada Alberdi le abrieron en Ferraz un sumario de padre y muy señor mío. Total, que antes de que el auto de fe se llevara a cabo en la Plaza Mayor madrileña, la acusada de felonía, traición y aburguesamiento reaccionario deshizo el carné en tiritas muy finas y, uniéndolas por los extremos, se descolgó por ellas hasta alcanzar la calle, es decir la libertad. Desde entonces la pobre Cristina Alberdi Alonso va por la vida como sonada, gritando a los cuatro vientos que lo que se está haciendo con el Estatuto de Cataluña le pone los pelos de punta; que ZP es un mentiroso porque se comprometió con su cargo a acatar la Constitución y no lo está haciendo; que ZP está haciendo dejación de funciones, que está pactando con ETA y que el Gobierno miente. En fin, que mucho me temo que Cristina tiene los días contados. En cualquier momento, cuando vaya tan tranquila por la calle hablando sola, aparecen de sopetón cuatro bigardos, la introducen en un coche y la encierran en un frenopático. Pobrecilla, que mal está Cristina.

Como pueden comprobar mis queridos lectores, toda moneda tiene dos caras: una es la buena, la de Carmen Calvo Poyato. Mujer sensata, moderna, progresista, comprometida con la verdad, independiente y luchadora infatigable; la otra cara es la cruz, la mala, Cristina Alberdi Alonso. Mujer voluptuosa, anticuada, carca, con afán de protagonismo, sin personalidad, voluble... y, además, Cristina Alberdi es una vendida, pues no ha tardado en ponerse al servicio del enemigo asesorando a Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid, en la política contra la violencia de género.

Estas dos mujeres, andaluzas y licenciadas en Derecho ambas, separadas por doce años de edad; la sevillana educada en las ursulinas y la cordobesa rockera impenitente; la mayor anclada en el espíritu de la Constitución y la menor ferviente defensora del diálogo con todos los colegas; la ex todavía en el feminismo reivindicativo y la titular en el feminismo excluyente; la periclitada sólo habla de lo que sabe y la vedette no sabe de lo que habla; la una sigue creyendo en el progreso social y la otra progresa socialmente en lo que cree. En definitiva, dos mujeres ejemplares o, quizás convendría decir mejor, dos ejemplos de mujer. Quién sabe, la Historia juzgará.

Publicado por torresgalera @ 7:30  | Política
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