Los reyes de Castilla y Aragón de la dinastía de los Hausburgo siempre tuvieron en los castellanos unos fieles y leales súbditos para realizar sus políticas. No fue este el caso de los aragoneses y catalanes. Su relación con el trono se basó en el pacto. Así, cuando el monarca necesitaba de sus contribuciones a los objetivos de la Corona se veía en la necesidad de convocar las Cortes de Aragón y el Consejo de Ciento: la transacción se hacía imprescindible y no siempre el rey obtenía lo deseado. Durante el reinado de Felipe IV, en el siglo XVII, el Conde-duque de Olivares impuso la primera restricción a las prerrogativas de aquellos reinos después de duras represalias por la recalcitrante reticencia de sus representantes a contribuir a la política del Estado. No obstante, pasado algún tiempo, Olivares sería defenestrado por el propio rey y revocados los recortes impuestos al Principado.
. Por tanto, quien perdió la libertad no fue Cataluña, sino las clases dominantes.