viernes, 16 de septiembre de 2005
Praga y el MoldavaHe sentido como una gran noticia la inauguración l lunes 12, por los Príncipes de Asturias, del Instituto Cervantes de Praga. La capital de la República Checa es una hermosísima ciudad que merece la pena ser visitada, admirada y vivida. Rezuma cultura por todos sus rincones, incluso más allá de Praga: toda Chequia es motivo de interés. Su relación con España data de antiguo, aunque la memoria histórica del pueblo checo guarda un sabor más bien agrio.

El origen de la nación checa es un tanto incierto. Parece ser que su nombre deriva de una estirpe o tribu eslava, un título que se daba a las familias más ricas y poderosas, y que a partir del siglo IX empezaron a dominar sobre Bohemia como un estamento aristocrático. Con el tiempo este título se generalizó para todos los habitantes del país. A falta de documentación escrita, la leyenda se abrió paso sobre un fundamento toponímico que fue narrada en la Chronica Boemurum, que un canónigo de la catedral de Praga, llamado Cosmas, escribió hacia el año 1125. La estrategia más normal de aquellas familias del Gran Imperio Moravo para hacerse con el poder fue la de aliarse con sus poderosos vecinos del oeste, el imperio carolingio, o del este, el imperio bizantino. Empezó así una tradición de alianzas con oriente u occidente que definiría la historia del país.

Uno de los primeros testimonios de la relación entre Bohemia-Moravia e Hispania tiene fecha de finales del siglo IX y principios del X. Fue la firma de la alianza matrimonial para desposar a la princesa Orosia, hija del primer rey de la dinastía premilista Borijov y de Santa Ludmila, con uno de los nobles de la marca hispánica, el aragonés Fortún Garcés, el Monje (882-905). La leyenda cuenta que cuando llegó la expedición nupcial a los Pirineos fue interceptada por un caudillo moro, que se enamoró de Orosia y la martirizó. Su cadáver apareció milagrosamente dos siglos después en los alrededores de Jaca y Santa Orosia quedó integrada entre los santos del Camino de Santiago como patrona de los enfermos "endemoniados".

Otro dato de interés que la Historia de Chequia guarda con celo es el de la primera noticia escrita sobre la existencia de la ciudad de Praga. Este registro procede de una carta o informe comercial que escribió un judío residente en el califato de Córdoba, Ibrahim Ibn Jakob, el cual hizo un viaje al país de los eslavos y llegó a Bohemia en el año 965 para entablar relaciones comerciales o diplomáticas. Sus informaciones sobre las costumbres y vida de los eslavos (por ejemplo, los baños públicos y "saunas") son muy estimables. De Praga -que Ibn Jakob llama Fraga- dice, entre otras cosas, que tenía algunas casas de piedra y cal -sin duda se refería a alguna ermita redonda, como San Martín, en el Vysehrad, o la Rotonda de la Santa Cruz, en la calle Karoliny Svetle (Ciudad Vieja)-, un comercio floreciente y que ya había judíos establecidos en ella: "Hasta ella vienen rusos y eslavos con sus mercancías y de la parte de los turcos musulmanes, judíos y turcos, también con mercancías y monedas de cambio".


Fernando I, primer rey español

Durante siglos, la nobleza checa se debatió entre un difícil y tormentoso ejercicio de alianzas cambiantes con los poderosos reinos vecinos y el deseo de mantener viva su identidad como nación. Para colmo, a las guerras de alianzas se sumaron prematuramente en Bohemia los conflictos de religión, que fueron precursores de la Contrarreforma. Llegados a este punto, en 1526 murió el último rey de la dinastía Jagelón, Luis, peleando en Hungría contra los turcos. Subió al trono de Bohemia su cuñado Fernando I de Augsburgo (1526-1576), que tenía derechos adquiridos por su matrimonio con la princesa polaca Anna. Con Fernando I la familia de los Augsburgo se adueñó de toda Europa, pues su hermano el emperador Carlos V de Alemania era también rey de España. Ni que decir tiene que el nuevo rey de Bohemia se mantuvo fiel al ideario antiprotestante de la familia. Fernando I fundamentó su poder en una fuerte burocracia que redujo la influencia de los nobles locales y sentó las bases de la Contrarreforma en sus territorios -Austria, Bohemia y Hungría- para combatir la Reforma protestante que se extendía por toda Alemania. Aliados los hermanos, vencieron a los luteranos en 1547. A partir de entonces Fernando I, desde su residencia en Viena, centró sus esfuerzos en reprimir el movimiento reformador checo y asegurar su dinastía, lo que le trajo la antipatía de la nobleza y de los estamentos bohemios. Repuso el arzobispado de la catedral de San Vito (1561), que los husitas habían dejado vacante, y llamó en 1556 a los jesuitas, vanguardia del catolicismo combatiente, que abrieron un colegio en Praga para neutralizar la influencia de la Universidad Carolina, convertida en un reducto husita. El nuevo colegio se llamó Clementinum porque se construyó sobre las ruinas del antiguo convento dominico de San Clemente, destruido por los husitas.

Desde el siglo XVI hasta la Primera Guerra Mundial la nación checa se vio sujeta a los dictados de los monarcas austro-húngaros. De este hecho data la fuerte presencia impuesta en los territorios de Bohemia y Moravia de una poderosa comunidad germana; hasta tal punto, que con el devenir de los años la minoría bohemio-alemana pronto se convirtió en la clase social que acumulaba la mayor parte de los cargos administrativos, así como el control de la industria, el comercio, la banca, la universidad y la cultura. Esta hegemonía germanófila tuvo un paréntesis desde 1918, con la creación del Estado de Checoslovaquia, hasta la invasión nazi de 1939. Durante estas dos décadas Chequia, y especialmente Praga, experimentó un auge verdaderamente encomiable. Alentado por un nacionalismo exultante la recuperación de Bohemia, que apenas había perdido un 40 por ciento de sus instalaciones industriales en la Gran Guerra, los nuevos dirigentes enseguida hiceron de la nueva república el décimo país industrializado del mundo. El presidente Masaryk dictó una Constitución liberal que permitía la convivencia de las distintas etnias e idiomas, y la prosperidad incluso alcanzó el mundo del fútbol, ya que el equipo nacional, fundado en 1923, se proclamó campeón del mundo en 1934.

Luego vendría para Bohemia otra época oscura de su Historia. La ocupación nazi y, a continuación, su alineamiento con la Unión Soviética. Cuando cayó el Muro de Berlín, en 1989, una quinta parte de la población checa había sido detenida alguna vez por resistencia al régimen comunista. Por esto y por mucho más me alegra que una institución como el Instituto Cervantes haya abierto en Praga una delegación. El pueblo checo está ávido de aprender y de abrirse al exterior. Hace unos pocos días regresé de mi primer viaje -espero que no sea el último- a Praga, donde quedé maravillado. Tan sólo pude recoger una somera impresión de la ciudad, por intensas que hiciera las jornadas de una escasa semana. También tuve oportunidad de hablar con bastantes personas del país y así apreciar de primera mano su pulso vital. En primer lugar, tengo que subrayar que, en general, el pueblo checo me pareció muy instruido; no obstante, aprecié un cierto tono de pesimismo en su talante: se consideran una nación pequeña (algo más pequeña que Andalucía), con pocos habitantes (10,3 millones) y una experiencia histórica llena de sinsabores y decepciones.


El reencuentro checo-hispano

En el acto inaugural del Instituto de España estuvo, entre otras personalidades checas, Václav Havel, el intelectual que guió la Revolución de terciopelo. El que fuera el primer presidente democrático de la actual Chequia se congratuló de este gran acierto cultural español, tan visible en pleno centro de Praga. Sobre la vieja historia española de Praga, con sus luces y sus sombras, Havel comentó que “para bien o para mal muchos checos no conocen esa historia, la gente conoce otra España, moderna y vibrante, y ésa fascina”. Y puso como ejemplo a su amigo Milos Forman, que después de tanto cine en Estados Unidos, “ha descubierto y ha sucumbido al poder de la pintura de Goya, tanto que está preparando una película sobre él”.

Hispanistas e hispanófilos checos se han visto forzados durante años a vivir alejados de la cultura hispana; entre ellos destaca la catedrática de románicas de la Universidad Carolina, Hedvika Vydrova, quien se mostró emocionada por la apertura solemne del Cervantes en Praga. También la escritora Clara Janés, una de las pioneras en hallar lazos poéticos con esta ciudad, manifestó su alegría por esta iniciativa. El profesor Josef Forbelsky, empeñado en una nueva y definitiva traducción de El Quijote al checo, afirmó que “esto es una diacronía, es un milagro; mi generación vivió una separación total de España y hoy se cumple el ideal con el que soñamos”. Merece la pena recordar que El Quijote fue traducido e impreso en Praga en 1605, con éxito inmediato. Forbelsky insistió en que la imagen de una España negra, heredada de la vieja polémica con los Augsburgo y mantenida luego por el régimen comunista “ha desaparecido en cuanto se hizo la luz. Hoy España tiene mucho crédito, se mira con respeto su auge”.

Por su parte, el director general del Instituto Cervantes, César Antonio Molina, destacó la fascinación española por la música de Dvórak, la poesía de Seifert o la novela de Hrabal, y ofreció un recorrido hispano-bohemio, desde las primeras noticias traídas por el judío Ibn Jakob y el contacto praguense con las universidades de Salamanca y Santiago, el reinado en Praga del nieto de los Reyes Católicos y la llegada desde Granada, hace cuatro siglos, del que hoy es un símbolo de la ciudad, el Niño Jesús de Praga, coronando el tiempo que se llamó de la Praga española.

Publicado por torresgalera @ 18:22  | Cultura
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Publicado por Invitado
martes, 20 de septiembre de 2005 | 23:51
Resulta agradecido toparse con un artículo tan pormenorizado y entusiasta sobre la historia de la República Checa. Un país ninguneado por los medios de información españoles (no hay un sólo periódico de tirada nacional que disponga en su plantilla de un corresponsal en Praga) y con el que nuestras relaciones a lo largo del siglo XX han sido laterales, por mucho que Franz Kafka, el señor de las camisetas, soñara hasta el fin de sus días con visitar Madrid. Hay un dicho popular de uso común en Bohemia y Moravia que viene a reflejar esta afirmación: cuando un checo pretende describir su desconcierto o perplejidad ante un lugar o circunstancia que le son desconocidos suele juramentar: “Eso es un pueblo español”.

A este alejamiento ayudó durante la segunda mitad del siglo XX, más que el régimen totalitario comunista, la dictadura franquista. (CONTINÚA)
Publicado por Invitado
miércoles, 21 de septiembre de 2005 | 0:02
Si el articulista ha tenido acceso a los círculos académicos, habrá podido apreciar que hispanistas, filólogos o docentes ya maduros que hablan español lo hacen con un resulto y cantarín acento latinoamericano. La razón estriba en que Franco prohibió el establecimiento de lazos entre los estamentos universitarios de ambos países, y aquellos profesores interesados en el estudio de los Austrias o de la literatura del Siglo de Oro tuvieron que completar su formación y aprender a pronunciar la eñe en América del Sur.

El ingreso en la UE en 2004 y la reciente inauguración del Instituto Cervantes en Praga son dos buenas noticias para limar distancias. El artículo supone un viaje iniciático por la vasta historia de este país centroeuropeo. (CONTINÚA)
Publicado por Invitado
miércoles, 21 de septiembre de 2005 | 0:05
Lástima que el esforzado ejercicio de enciclopedismo que destila el relato imponga un paseo superficial, limite la reflexión y en determinados pasajes relaje el temperamento crítico, como cuando cita el “alineamiento con la Unión Soviética”. Alineamiento que en verdad fue la imposición de una dictadura comunista por parte del PCCh, que seguía no sólo los dictados de la Unión Soviética sino, sobre todo, los suyos propios, y que supuso, inicialmente, el rechazo del Plan Marshall, y, en apenas un lustro, el ingreso del país en el Pacto de Varsovia y la liquidación de la libre empresa y de más de 270.000 ciudadanos. Los trenes rigurosamente vigilados volvían a pasar por Checoslovaquia.