miércoles, 28 de septiembre de 2005
El viernes 30 de septiembre está condenado a ser un gran día. Dos acontecimientos singulares marcarán esta fecha en los anales de la Historia: por un lado, la votación -en el Parlament de Cataluña- del proyecto de nuevo Estatut de Autonomía, que de salir adelante deberá será llevado a las Cortes Generales de la Nación para su debate y sanción definitiva por los representantes legales del pueblo español; de otra parte, ese mismo día se estrenará en más de cuatrocientas salas de cine de todo el territorio nacional Torrente 3, la tercera entrega de la singular saga fílmica del inefable director-guionista-actor Santiago Segura.

Los dos hechos son especialmente relevantes por su trascendencia social. En el primer caso, su relevancia radica en que el nuevo
Estatut, tal y como está concebido, supone todo un desafío al espíritu y la letra de la Constitución de 1978: impone la definición de Cataluña como nación cuando la Carta Magna otorga ese estatus exclusivamente a España; restituye unos presuntos derechos históricos haciendo saltar por los aires la tradición constitucional española surgida en las Cortes de Cádiz de 1812, a la vez que reimplanta el espíritu autónomo y secular del Principado, que se relacionó con la Corona de Castilla bajo la forma del pacto desde los Reyes Católicos hasta el final de la Guerra de Secesión, en 1714; implanta un modelo de financiación territorial exclusivo que negocia su contribución al Estado español de forma bilateral con los representantes de éste, rompiendo así el modelo constitucional de solidaridad interregional y despreciando las instituciones de negociación existentes; y, por último, blinda las competencias que considera exclusivas de Cataluña, subvirtiendo la doctrina constitucional que infiere al Estado la facultad para ceder competencias a las comunidades autónomas, así como el poder sancionador en caso de mal uso de las mismas, e, incluso, la potestad de rescindir la cesión de esas competencias. Como se puede comprobar, de prosperar en el Parlamento catalán el proyecto de nuevo Estatuto, es impensable que pueda ser aprobado en el Congreso de los Diputados. Hoy por hoy en España sólo el Partido Popular está por la labor de defender el imperativo constitucional; en el PSOE también existe una mayoritaria corriente de personas en contra del desmembramiento de la Nación española, pero la clase dirigente que lidera José Luis Rodríguez Zapatero ha empujado al presidente del Gobierno por este peligroso terraplén de descarrilamiento seguro. Sabemos que el PP -cuyos votos son imprescindibles- va a impedir que el nuevo Estatut de Catalunya sea aprobado. Este hecho, cuando se produzca, va a generar tales tensiones en la vida política que sus consecuencias son por ahora inimaginables.

En cuanto al otro acontecimiento, señalar que visto lo ocurrido con las dos anteriores entregas de Torrente, esta tercera que se estrena el viernes reúne todos los requisitos para ser un nuevo éxito de público y recaudación. La crítica podrá decir todo lo que quiera, pero el personaje de Santiago Segura cautiva a numerosos españoles, incluidos los de Cataluña. Torrente representa el paradigma del ser más abyecto, miserable y amoral de cuantos puedan existir en nuestra sociedad. Y encima es un perdedor, y él lo sabe. Se reivindica así mismo como un prodigio de virtudes. Vive anclado en la ensoñación de un pasado que tiene por glorioso y ejemplar. Sobrevive mediante el engaño, el sablazo y la extorsión. Y su obsesión, rodeado de personajes igualmente despreciables, es protagonizar -al precio que sea- una gesta que le conceda la notoriedad y relevancia que él cree que se merece. Pues bien, este engendro de individuo, conducido con ingenio por la eficiente mano de su creador, hace las delicias de millones de espectadores. Las dos primeras entregas batieron records de taquilla sin necesidad de subvenciones oficiales. La próxima lleva el mismo camino. También en Cataluña convocará a decenas de miles de espectadores, lo cual hace pensar qué algo no cuadra: si tanto en Gerona, Badalona, Tortosa o Lérida, como en Barbate, Zamora, Puertollano o Santa Cruz de Tenerife buena parte de sus gentes gozan y se divierten con las aventuras y desventuras del simpar Torrente, mucho me temo que a estos ciudadanos les importa una higa el nuevo
Estatut. Y mucho menos les importan los "torrentes" políticos empeñados en ampulosos y extravagantes discursos con los que nos incordian hasta la exasperación. Por mucho que éstos se empeñen, a la mayoría no nos hacen ni pizca de gracia, además de amargarnos la vida.
Publicado por torresgalera @ 20:22  | Política
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