lunes, 17 de octubre de 2005
Don Quijote y Sancho“No es tiempo de mirar al pasado.” En esta posición vive enrocado José Luis Rodríguez Zapatero. El presidente del Gobierno ha sido tajante con los dirigentes de su partido, y les ha señalado que no es el momento de alentar divisiones que tiendan a debilitar la acción del Gobierno, sino de esforzarse por conseguir un Estatuto pactado para “todos”. Así que ya lo sabemos, un paso atrás ni para tomar impulso. Zapatero seguirá en el empeño de sacar adelante el nuevo Estatuto de Cataluña mediante un amplio consenso parlamentario que vendrá de la mano de CiU, ERC, IU, PNV-EA y BNG. Si el PP se queda fuera, aunque represente más de un tercio de los votantes españoles, será porque los populares lo quieran.

Las matizaciones a la voluntad del presidente del Gobierno las ha expresado con claridad meridiana el ínclito José Blanco. El secretario de Organización del PSOE ha reprochado, en un alarde de cinismo portentoso, lo que él llama “doctrina del aislamiento del PP”, a la vez que ha recordado que su apoyo al Estatuto es “deseable, pero no es imprescindible”. Es más, Blanco ha responsabilizado a Mariano Rajoy de fomentar la enrarecida atmósfera política que rodea al Estatuto: “En lugar de construir, destruye; al grito de ‘se rompe España’ trata de meter miedo y fomentar la división entre los españoles; usa la mentira, la insidia y la demagogia...”

Para el número dos del PSOE la situación de su partido ha quedado resumida en la siguiente frase: “Entre los que no quieren negociar y entre los que dicen que no se toque una coma, está el PSOE”. Según Blanco, la dirección socialista está empeñada en un “acuerdo de todos y para todos que fortalezca a Cataluña y a España y al interés general”.

En un ejercicio de demagogia inusitada, Blanco ha sentenciado que el PP es quien “de nuevo se va a quedar solo”, ajeno a “la esencia del pacto constitucional” e “incapaz de ser una alternativa real de gobierno para articular la España plural”. El gallego impasible ha ido aún más lejos, al sentenciar que “Dando un portazo al Estatuto, el PP cierra sus puertas de futuro como alternativa del Gobierno”, a la vez que pronosticó que si algo se quiebra con el Estatuto será “la unidad del PP”, porque la del PSOE la da por garantizada.

Como un guiño al tendido (a los barones autonómicos) José Blanco se ha curado en salud afirmando que los socialistas “tumbarán” el sistema de financiación propuesto en el Estatuto, independientemente de que sea interpretado como constitucional o no, porque en ningún caso responde al “interés general”. Y dentro de su incapacidad para aceptar cualquier crítica, el secretario de Organización del PSOE eludió pronunciarse sobre el rechazo social mayoritario al Estatuto catalán que reflejan las encuestas, así como el paulatino y constante desgaste de Zapatero. “El PSOE no está preocupado. Las hemerotecas dan y quitan razones y espero que el tiempo también lo haga” -se limitó a decir Blanco-, atreviéndose a pronosticar que el PSOE volverá a ganar las elecciones “con más mayoría que el 14-M”, porque lo que denominó “fiebre patriótica” del PP es “fingida, irresponsable, oportunista, y creada artificialmente con el único fin de arañar votos... y le saldrá mal.”

Bien, así son las cosas, cada cual las pinta como le conviene y la culpa la tiene siempre el otro. Por eso, lo de la crisis que acaba de estallar en el Gobierno de Cataluña y, por ende, en el PSC, no son más que habladurías y ganas de incordiar de la prensa conservadora y ultramontana. Los que de verdad tienen una crisis de proporciones astronómicas son los del PP, que no huelen ni una y van a estar chupando banquillo en la oposición hasta el día del juicio final.

Pascual Maragall conduce el tripartito con guantes de seda y sus relaciones con los dirigentes de su partido, especialmente con su secretario general José Montilla, no pueden ser más coincidentes y armoniosas. Y no digamos con sus socios de Esquerra y de Iniciativa, amén del estupendo
feeling que ha instaurado con los muchachos de Artur Mas. En fin, que son ganas de enredar en la casa del prójimo para tapar las miserias de la casa de uno, es decir, de la derechona desnortada que no sabe como inventar calumnias y envenenar la apacible convivencia de la España plurinacional.

Pues nada, a las gachas que son de trigo, y el que quiera seguir viendo gigantes donde sólo hay molinos que apechusque con las consecuencias, que es una buena manera de homenajear El Quijote en este año de conmemoración cervantina. Los coscorrones, como bien señala el impenitente
Pepiño Blanco, se los van a llevar ellos, los de la estulticia irredenta, que como orates sin consuelo emulan a don Alonso Quijano en su delirio patriotero. El sueño de Rodríguez Zapatero y de Maragall goza de excelente salud y no lo malogrará ningún agorero perillán ni ninguna cáfila de absolutistas retrógrados.
Publicado por torresgalera @ 22:10  | Política
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