José Luis Rodríguez Zapatero está viviendo días de vino y rosas. Tras su exitosa y nunca bien ponderada Cumbre iberoamericana en Salamanca, el presidente del Gobierno de España contempla satisfecho como su buen amigo, y sin embargo camarada de partido Pascual Maragall, impone su ecuánime criterio entre sus correligionarios socialistas del PSC, a la vez que transmite una sosegada y tranquilizadora dosis de optimismo a sus socios en el tripartito.