jueves, 17 de noviembre de 2005
Mapa autonómico de EspañaSe cumplen 30 años de la muerte del dictador Francisco Franco Bahamonde. Durante este tiempo en España han pasado muchas cosas, buenas y malas. Creo sinceramente que el balance ha sido muy positivo en todos los sentidos. En el terreno político no todo ha sido un camino de rosas. El problema del terrorismo de ETA sigue vivo y con una secuela de muerte y destrucción muy superior al de hace tres décadas; en cambio nuevas incertidumbres ensombrecen e inquietan a los españoles, especialmente las que apuntan hacia el cambio del modelo de Estado.

Pero, en concreto, cuál es la situación política en España en este noviembre de 2005. Pues dicha situación viene derterminada por el ejercicio de gobierno que detenta, desde hace año y medio, el Partido Socialista Obrero Español. Lo hace en minoría, y empujado por la bisoñez de su presidente y por su precariedad aritmética se ha adentrado en un sendero por desbrozar, lleno de inseguridades, peligros y, lo que es peor, que no conduce a ningún lugar saludable.

El presidente José Luis Rodríguez Zapatero, haciendo de la necesidad virtud ha inaugurado un tiempo de talante y diálogo. Lo ha hecho con todo el arco político menos con el centro derecha, una manera peculiar de afrontar lo que él llama una “segunda transición”. Es más, sus primeras decisiones se han dirigido a desmontar las iniciativas legislativas más importantes del último gobierno del Partido Popular; incluso ha vaciado de contenido el
Pacto Antiterrorista y por las Libertades que en su día demandó el PSOE al presidente Aznar -que gobernaba con mayoría absoluta-, y al que finalmente accedió a suscribir.

Esta actitud de arrinconamiento y desprecio hacia el Partido Popular ha sido posible gracias al acuerdo de legislatura que Rodríguez Zapatero alcanzó con los independentistas catalanes de Esquerra Republicana y con la izquierda ecologista de IC-V. Fuerzas políticas que, junto al PSC, conforman el tripartito catalán nacido del
Pacto del Tinell, y por el que sus firmantes se comprometieron a no aceptar ningún compromiso con el Partido Popular, única alternativa de gobierno en España.

Precisamente en estos días, en los que Zapatero vive enfangado en un buen número de pantanos políticos, ha enviado gestos de mano tendida hacia los populares; y en Cataluña, Pasqual Maragall acaba de afirmar que en el próximo pacto con ERC no se incluirá la cláusula que impide a los socialistas llegar a cualquier acuerdo con el PP. No ha tardado el número dos del Gobierno de la Generalidad, el independentista Josep Bargalló, en salir al paso de esta declaración para recordarle al presidente Maragall que si PSC y PSOE quieren contar en el futuro con los votos de ERC, "para gobernar en Cataluña o en el Estado", tienen que dejar claro que no son "compatibles" con el PP.

La situación política, por tanto, no puede ser más desalentadora. El PSOE se ha querido blindar con el apoyo del nacionalismo, del independentismo y con la izquierda radical. Zapatero y el PSOE han impulsado y reinstaurado el frentepopulismo.

Así están las cosas. La retórica ha inundado todo el discurso de Rodríguez Zapatero. Imbuido el presidente de una personalidad redentorista y neorrepublicana, no ha dudado en lanzarse a la “gran marcha adelante”. Sus acólitos y socios no dudan en alentar su gestión, que no es otra que cambiar el modelo de Estado y su configuración territorial, así como reorientar la escala cívica de valores morales y su adecuación al concepto que el propio Rodríguez tiene sobre el nuevo orden mundial.

Esta desquiciada aventura política supone un incremento exponencial de riesgos para el conjunto de la sociedad española. Y si algo nos han enseñado los últimos 30 años es que los españoles desplazan del poder sin contemplaciones a aquellos que les han hecho sentir (por acción u omisión) un momento de vértigo o de pánico (23-F, corrupción institucional o negligencia en la previsión del peligro fundamentalista que originó el 11-M).

Los españoles no aceptarán un Estado con diferentes naciones y un pelotón de autonomías. Seis lustros después de la muerte de Franco la sociedad española está sumida en una pesimista perplejidad. Se reclaman derechos históricos que nos retrotraen a los Austrias o que son producto de quimeras fantasiosas. Se reivindica la memoria histórica de los derrotados en la Guerra Civil. Y se demoniza a la España conservadora y liberal atándola al cuello la rueda del fascismo.

Y en el centro de este huracán, Zapatero se erige como el gran responsable de haber reavivado los peores instintos de nuestra Historia contemporánea: los que hicieron posible que Franco se instalara en el poder durante cuarenta años.

Publicado por torresgalera @ 13:16  | Política
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Publicado por Invitado
jueves, 19 de enero de 2006 | 20:54
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