Ya estamos de nuevo con las campañas de la derechona. Recuerda este soniquete a aquella retranca del franquismo, ahora que está tan de moda, de responsabilizar a presuntas
conspiraciones judeo-masónicas-comunistas de aquellas críticas al régimen que conseguían escapar del férreo control del sistema. Ahora ocurre algo parecido. Cuando al
PSOE en el Gobierno le aprietan las clavijas y siente el aliento en el cogote siempre actúa echando la culpa al otro. Es aquello que hacen los escolares cuando son recriminados reiteradamente por su mal comportamiento y por su deficiente rendimiento en los estudios: justificar airadamente ante sus padres que la profesora les ha tomado manía. Pues bien, una vez más nos encontramos ante este pueril recurso en nuestra vida política.
¿Es que nadie se acuerda de las implacables campañas ante la opinión pública que orquestaron
Felipe González y
Alfonso Guerra contra la
UCD en tiempos de
Adolfo Suárez y de
Leopoldo Calvo-Sotelo? ¿Ya nadie recuerda las tremendas acometidas de los socialistas y de
El País y
La Ser contra el Gobierno de
José María Aznar con motivo del caso
Gescartera y de las presuntas implicaciones de
Rodrigo Rato en las presuntas irregularidades de los negocios familiares? ¿O contra los fiscales “indomables” de la Audiencia Nacional? ¿O por las epidemias de las “vacas locas” y de la fiebre aftosa? ¿O contra la reforma de la Ley de Inmigración? ¿O por la presencia del submarino nuclear británico “Tireless” en Gibraltar? ¿O por el desastre del “Prestige”? ¿O por la foto de las Azores y la Guerra de Irak? ¿O la campaña para exigir a Aznar un acuerdo de Estado sobre la lucha antiterrorista?... ¿O es que entonces el PSOE y el resto de la izquierda estaba legitimada para sus críticas al Gobierno y ahora la derecha no lo está? No creo que
Zapatero, Blanco y
Montilla estén metiendo en el mismo saco a los trabajadores de los astilleros públicos, a los transportistas, al sector pesquero y a los agricultores por echarse a la calle para protestar por la merma de sus condiciones de vida. ¿O tal vez piensen que todos estos españoles cabreados no están reflejados en las encuestas?
Apenas ha transcurrido año y medio de gobierno socialista cuando ya comienza a aflorar un surtido ramillete de casos de corrupción. Curiosamente estas malas practicas de moralidad y de abuso de poder nunca son investigadas ni descubiertas por los medios de comunicación considerados como paradigmas de prensa democrática e independiente, léase
El País, El Periódico de Cataluña, La Ser o
Cuatro TV (antes
Canal +). No, son otros medios, los considerados "la caverna mediática", los que descubren y airean ante la opinión pública los excesos y atropellos a la legalidad protagonizados por los gobernantes socialistas. Y claro está, eso no les gusta lo más mínimo, por lo que arremeten con iracundia contra sus detractores.
Asistimos una vez más al "síndrome de la conjura", de la conspiración de la derecha ultramontana y resentida o de la campaña de acoso y derribo orquestada desde los cenáculos de poder de la "derecha nacionalcatólica". Estamos ante una segunda versión de lo ocurrido entre los años 93-96, cuando algunos periódicos descubrieron y divulgaron una cadena de escándalos y corrupciones que acabaron con la credibilidad de Felipe González y su manera de gestionar el Estado. Lo peor de todo aquello, pese a las reiteradas denuncias de persecución antidemocrática, es que los tribunales terminaron por condenar a altos responsables de la Administración del Estado por crimen organizado, apropiación indebida, cohecho, falsificación documental y toda una retahíla de delitos tipificados en el
Código Penal. Algunos de aquellos condenados todavía cumplen condena en las cárceles.
En esta segunda edición de la peculiar manera de entender el ejercicio del gobierno que tienen los dirigentes socialistas, las irregularidades puestas a la luz no son de índole menor. Afortunadamente sólo han transcurrido diecinueve meses desde que José Luis Rodríguez Zapatero habita en La Moncloa; seis meses más llevan los socialistas de Pasqual Maragall y sus socios independentistas y comunistas en el Palacio San Jordi. De estos dos últimos años los españoles nos acabamos de enterar que
La Caixa ha perdonado 1.000 millones de las antiguas pesetas al
PSC, además de prorrogarle el comienzo de la devolución del resto de la deuda. Esta condonación se ha producido siendo José Montilla -actual ministro de Industria, Comercio y Turismo- secretario general del PSC (Montilla ostentaba el cargo de secretario de Organización cuando
La Caixa concedió los mencionados préstamos). La citada caja de ahorros también ha beneficiado a
Esquerra Republicana de estas condonaciones financieras.
También acabamos de conocer que el presidente Rodríguez Zapatero invitó a cenar secretamente, a primeros de noviembre, al presidente de la Comisión Europea. ZP envió a
Durao Barroso un "Myster" de la Fuerza Aérea para traerle a Madrid y para devolverle a Bruselas de madrugada. La OPA de
Gas Natural -cuyo accionista de referencia es La Caixa- sobre la eléctrica
Endesa ocupó el centro de atención de aquella velada. Pocos días después Bruselas declaraba su inhibición en esta operación hostil de compra y declaraba que eran las autoridades españolas las competentes en decidir la procedencia o no de la OPA. El ministro Montilla es, pues, el que tiene la última palabra. Demasiadas coincidencias, ¿o no?
El nerviosismo por estas denuncias de la prensa ha helado la sonrisa de Zapatero. La bajada espectacular de credibilidad del Gobierno, que recoge la última encuesta del
CIS, y la dura crítica que ejercen algunos medios de comunicación a la acción de gobierno ha llevado a Rodríguez Zapatero a quebrar el rictus y a enseñar los dientes. Con dureza ha calificado de "bazofia" la campaña de acusaciones y maledicencias de la derecha. El secretario de Organización del PSOE, José Blanco, tampoco ha dudado en afirmar con el mayor cinismo que buena parte de los resultados de la encuesta del CIS se debe a la campaña de crispación que ha emprendido, desde hace tiempo, el
Partido Popular y los sectores más reaccionarios de la sociedad. Y en el colmo del despropósito este fin de semana se ha descolgado el ministro José Montilla con una iracunda diatriba contra la "caverna mediática", a cuyo frente está la cadena
COPE, seguida por el diario
El Mundo.
El secretario general del PSC, consciente de estar en el punto de mira de la crítica al Gobierno, no ahorró vehemencia ni resentimiento en su discurso dirigido a la militancia, en la clausura de la IV Conferencia Nacional del PSC. José Montilla arremetió contra el PP y la Iglesia: «La desvergüenza de la derecha nacionalcatólica de este país no tiene límites ni parangón posible». También exigió a la jerarquía eclesiástica -a vueltas con la Ley Orgánica de la Educación (LOE)- «juego limpio, que deje de actuar como un satélite de la derecha política contra el Gobierno y de aparecer como servidores y portavoces de la España más intolerante». El ministro de Industria fue implacable con la trayectoria de
Mariano Rajoy como ministro de Educación y contra la reciente manifestación contra la LOE. Y como rúbrica al síndrome de conjura que padece el Gobierno y el núcleo duro del PSOE, Montilla afirmó que «el PP ha decidido repetir hasta el final de la legislatura la estrategia de crispación política y de descalificación personal entre 1993 y 1996». Lo que no dijo este advenedizo cordobés es que el 90 por ciento de los asuntos denunciados por la prensa durante aquellos años pudieron ser probados en los tribunales y sus autores condenados.
No, no cambian. Los socialistas cosechan el récord, con diferencia en todo el arco político, de delincuentes convictos en los escasos veintinueve años de democracia, y todavía apelan a que la culpa es del otro. Pues muy bien, que sigan por este camino. Cada vez le queda menos a Zapatero para la jubilación anticipada, eso sí, disfrutando de un dorado retiro que le pagaremos todos los españoles.