miércoles, 21 de diciembre de 2005
ImagenHace escasamente cinco meses, concretamente el 16 de agosto, diecisiete soldados españoles murieron en Afganistán al estrellarse el helicóptero en el que se desplazaban en vuelo rasante; los soldados que viajaban en otra aeronave similar, acompañando a la siniestrada, resultaron heridos de diversa consideración al realizar una maniobra de emergencia. A pesar de que los argumentos oficiales insisten en que se trató de sendos accidentes, testimonios directos insisten en que se produjo un ataque desde tierra por guerrilleros afganos.

En cualquier caso, las tropas españolas desplazas en Afganistán se han cobrado con creces su tributo de vidas humanas por realizar tareas de ayuda y colaboración al mantenimiento de la paz y a la reconstrucción de aquel país, por la senda democrática y constitucional. Por esto resulta sorprendente -yo diría que hilarante-, que el presidente del Gobierno español se desplace a Afganistán de forma sorpresiva y se ponga a hacer la ola. Si, la ola, como si de un espectáculo deportivo se tratara, José Luis Rodríguez Zapatero -acompañado de los ministros de Asuntos Exteriores y Defensa- ha protagonizado un hecho pueril, indigno e impropio de tan alta magistratura.

Se supone que una visita tan corta a este territorio tan castigado y sufrido, que no termina de alcanzar la tan ansiada paz, debería haber sido revestida de toda la dignidad que el dolor y el sacrificio humano se merecen. De ahí que la ceremonia solemne que por el recuerdo a los soldados españoles fallecidos en Afganistán presidiera Rodríguez Zapatero, quedara ensombrecida por la patochada de la ola. Una vez más ha quedado demostrado el desnorte que padece la política exterior del Gobierno de Rodríguez.

Alguna voz con autoridad dentro del PSOE o de los medios de comunicación afines debería denunciar esta estulticia. Al final, de la visita relámpago del presidente del Gobierno y sus dos ministros a Afganistán lo más destacado ha sido el lamentable espectáculo de los tres insignes próceres haciendo la ola con un nutrido grupo de militares. Histriónica imagen que ha sido reproducida hasta la saciedad en toda la prensa española para ejemplo de desvarío. Afortunadamente el Jefe del Estado Mayor de la Defensa no quiso emular a sus superiores y mantuvo la compostura que su jerarquía y la ocasión merecían.

La patética imagen de estos tres gobernantes socialistas no es ninguna casualidad. Quienes escasean de bagaje cultural y están sobrados de prejuicios ideológicos y de rencor, a la vez que hacen presumen de una cierta superioridad ética, están condenados a cometer grandes dislates porque no tienen sentido del ridículo ni conciencia de los que son los límites de las prerrogativas del poder. Al contrario, están siempre prontos a hacer grandes aspavientos y descalificaciones ante las críticas del adversario. Zapatero cada día se consolida como un gobernante más disparatado y anecdótico. Mientras tanto, los caídos por España descansen en paz.
Publicado por torresgalera @ 19:47  | Política
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