El historiador romano Cornelio Tácito aseguraba que “Quien se enfada por las críticas, reconoce que las tenía merecidas”. No es este el caso entre nuestra clase política, que insensible ante la crítica ajena encima se revuelve con el descrédito y la descalificación del que osa ejercitar ese derecho: antes la muerte que reconocer errores propios o de su partido político.