Cuanto más sesgada y radical es una opción política, mayor es la pulsión totalitaria de sus dirigentes. Estos suelen hacer fe de su misión redentorista invocando a los dioses patrios, toda vez que subliman la estrategia de demonizar al contrario y acallar al disidente. Su mayor peligro reside en que alcancen a merodear el poder, y peor si consiguen instalarse en él. Entonces si que estamos perdidos.
? ¿Qué tienen de progresistas los que denigran la Historia de su país y pretenden reinventarla con burdas patrañas? ¿O qué se puede decir de los que aprovechan las oportunidades de la democracia para medrar y, si pueden, acabar con ella e imponer su modelo totalitario?