Dejó escrito Aristóteles que “No es la forma de gobierno lo que constituye la felicidad de una nación, sino las virtudes de los jefes y de los magistrados.” El gran filósofo tracio dedicó buena parte de su existencia en reflexionar sobre el arte de gobernar. Entendía este ejercicio supremo desde la virtud, cualidad indispensable para alcanzar la felicidad, fin último al que debe aspirar todo ser humano. En este sentido, Aristóteles llegó a afirmar que “Un estado es gobernado mejor por un hombre bueno que por unas buenas leyes”, abundando en la idea de que todo gobernante debe instalarse en la prudencia, virtud que adquiere el hombre que ha elegido correctamente el “justo medio”.