viernes, 03 de marzo de 2006
ImagenDe pensar unos que en España no pasa nada, que en general todo marcha razonablemente bien, a estar otros convencidos de que la situación no puede ser más pesimista, hay mucha menos distancia que la que dista de los que piensan que Dios Todopoderoso, Creador del Universo, está presente en todas partes, de aquellos otros para los que eso de Dios es un camelo y afirman que el universo ha estado siempre ahí, y que cada uno de nosotros no es más que una expresión efímera de ese universo cósmico.

Así, pues, no queda más remedio que colegir que entre dos posiciones tan antagónicas alguien tiene que estar equivocado. Pero también en esto la división de opiniones es radical, por lo que es imposible, a priori, dar la razón a cualquiera de las partes. Sólo el paso del tiempo dirimirá, por sus efectos, quiénes tenían razón (o, al menos, una mayor cuota de razón) cuando evaluaban y juzgaban las graves decisiones que sobre asuntos capitales están tomando los gobernantes españoles de nuestros días, en connivencia con sus amigos y compañeros de viaje.

Dicho todo lo anterior, sólo cabe pensar que el gran argumento que guía y justifica el criterio para respaldar o desaprobar las decisiones de aquellos que pueden tomarlas, es de orden conceptual, donde el peso de la razón está fuertemente inspirado en el de la moral. Los demás caminos no son más que atajos para obtener ventajas en beneficio propio.

Por eso no hay que tener miedo a implicarse en un debate en el que, por principio, otros no sólo van a cuestionar tus argumentos sino que te van a descalificar como sujeto social; van a negar tu legitimidad como individuo digno para participar en la controversia, reduciéndote a ridícula caricatura.

Afortunadamente, la solvencia moral de los que anteponemos el bien común por encima del bien del clan identitario no tiene parangón; como tampoco lo tiene nuestra firmeza en defender, aún a costa de un elevado precio personal, un orden de valores permanentemente quebrantados como la creencia en que todos los hombres somos iguales, que todos tenemos los mismos derechos y las mismas obligaciones, que somos herederos del pasado pero no sus responsables y que trabajamos por una sociedad donde quepamos todos menos aquellos que la quieren destruir.

En fin, que al margen de que la Historia dictamine el día de mañana su veredicto sobre los hechos actuales, existen poderosas razones para denunciar la indigencia moral y el analfabetismo funcional de un buen número de líderes electos que gobiernan nuestros destinos.
Publicado por torresgalera @ 14:12  | Pensamientos
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