sábado, 11 de marzo de 2006
ImagenEste 11 de marzo, sábado, se han cumplido dos años desde aquel otro 11 de Marzo, jueves, trágico, terrorífico, traumático, en que cuatro trenes de cercanías estallaron en miles de pedazos cuando se acercaban cadenciosos a sus destinos: la estación de Atocha.

Se ha querido, no sé por quién, que en este 11-M se declare “Día europeo para conmemorar a las víctimas del terrorismo”. En cualquier caso, se ha pretendido que en fecha tan cargada de dramática simbología (el mayor atentado terrorista de la historia de Europa), se recuerde a todas y cada una de las víctimas del terrorismo, en España y en todo el continente.

Mi mujer y yo hemos asistido a un sencillo acto que ha tenido lugar al aire libre en el Retiro madrileño. Apenas han asistido unas doscientas personas (la mañana era espléndida). Hemos escuchado siete voces al cielo, es decir, siete testimonios, llenos de intensidad y de emotivas palabras, de víctimas del terrorismo. Había hijos de asesinados por ETA, esposas de asesinados por el GRAPO, víctimas directas del 11-M. En fin, todos los allí presentes éramos víctimas porque todos somos víctimas.

Tengo que destacar la emoción que me han causado las palabras de Gotzone Mora cuando, reafirmándose en sus ideas socialistas, ha clamado su desazón por no comprender las razones del presidente Rodríguez Zapatero para tratar de negociar con ETA.

También he tenido de ocasión de hablar con otras víctimas, como la viuda de Fernando Múgica o María Jesús, la madre de Irene Villa. Ha sido una gratificante experiencia. Sus corajes y sus testimonios son ejemplos vivificantes.

Afortunadamente, los 1.232 muertos y los miles de heridos y mutilados a manos del terrorismo cruel y asesino, constituyen en la actualidad un referente imprescindible a la dignidad del pueblo español. Su recuerdo y su presencia nos imponen el deber moral de la convivencia pacífica y de la regeneración nacional, además de la exigencia de justicia. Sus nombres debemos preservarlos en nuestra memoria como un tributo inexcusable para la esperanza.

He podido comprobar que las víctimas del 11-M continúan clamando por la verdad. Es lo menos que les deberíamos ofrecer. Los que afirman que toda la verdad está ya encima de la mesa, que no duden que pagarán caro su porfía. Y los que confían en el fin de la violencia mediante el diálogo político, tienen sus días contados. Más de cuarenta millones de víctimas arruinarán sus conciencias.
Publicado por torresgalera @ 22:19  | Pensamientos
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