lunes, 17 de abril de 2006
ImagenResponsabilidad es la capacidad de cada ser humano a comprometerse en el respeto a sí mismo y en el respeto hacia los demás. Por eso es tan importante que cada cual se forje en los conceptos del bien y de mal, no según su libre albedrío sino conforme al acervo de conocimientos y experiencias que atesora su legado cultural, ético y moral. Por tanto, corresponde a las generaciones adultas transmitir e instruir a sus descendientes, para que los neófitos adquieran la conciencia necesaria de su propia identidad y la del mundo al cual pertenecen.

Este deber de enseñanza no constituye en sí mismo un grado de responsabilidad, es algo más primario y esencial: se trata de un instinto de supervivencia. Dicho instinto -con el devenir de la civilización- se ha transformado (se ha enriquecido) en un hecho racional que todos los individuos sociales terminamos asumiendo como irrenunciable. Enseñar a nuestros hijos -a los hijos de nuestra sociedad- es una responsabilidad perentoria que no admite la menor discusión.

En cambio, lo que por desgracia sí admite -en exceso, según mi modesto entender- discusiones y controversias son el qué y el cómo de esa responsabilidad de enseñanza a nuestros jóvenes. Quizá el motivo de tanta diletancia y pusilanimidad, de tanto complejo de autoritarismo como se padece en la actualidad, es la consecuencia -en líneas generales- de que nuestra sociedad se encuentre tan perdida. La profunda desorientación moral e ideológica que padece la sociedad europea, la tiene sumida en una trivial secularización donde campan por sus respetos el relativismo moral y el materialismo liberticida, toda vez que es blanco fácil de la desesperación y de los fanatismos políticos y religiosos.

Por eso, a falta de nada mejor a lo que aferrarnos, hemos convertido ciertos conceptos en estériles iconos vacíos de contenido de tanto usarlos sin ton ni son. Se nos llena la boca de palabras como libertad, y las escupimos sin haber comprendido un ápice su verdadero significado. Es un recurso fácil y cómodo para justificar nuestra incapacidad para el compromiso, para la renuncia y el esfuerzo.

Esta reflexión, llena de tristeza y espanto, viene a cuento del terrible drama que se vivió en las primeras horas de la tarde del viernes 14 de abril, Viernes Santo, en una carretera de Pontevedra a la altura del municipio de Meis. Allí perdieron la vida cinco personas en un accidente de circulación: un joven de 18 años, sin carné de conducir, arroyó a dos motocicletas en las que viajaban cuatro personas: tres mujeres y un hombre. Una maniobra incorrecta del inveterado conductor del automóvil, efectuada a 140 kilómetros por hora, provocó el trágico suceso. Y como si de una funesta moraleja se tratara, la fatal maniobra asesina provocó también la muerte instantánea de su acompañante: su madre, de 38 años, que le había autorizado a que condujese para que pudiera practicar.

Eh aquí la siniestra lección que un adolescente ha aprendido para el resto de sus días: que el goce indiscriminado y los atajos para obtener lo que a la mayoría les cuesta esfuerzo, tiempo y dinero, a veces -desgraciadamente no siempre- se cobran un alto precio. Y si tenemos la tentación de congratularnos porque al menos el joven se ha salvado, no seamos ingenuos. Este muchacho está condenado de por vida a huir de sí mismo. La persona que no supo ejercer su responsabilidad como madre, escapó del horror de la tragedia de su hijo, dejándole herido de muerte para siempre.
Publicado por torresgalera @ 20:53  | Cosas que importan
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Publicado por Invitado
martes, 04 de diciembre de 2007 | 19:00
no mamen qu ebuen putaso se pasan de pendejos no puedo terminar mi tarea por sus mamadas
Publicado por Invitado
jueves, 03 de julio de 2008 | 0:48
ME PARECE SUPER INTESANTE ESTE ARTICULO PORQUE PERMITE ESTABLECER Y COMPARAR LOS DISTINTOS COMPORTAMIENTOS RELACIONADOS CON LA CONDUCTA IRRESPONSABLE DE LOS JOVENES Y LOS EFECTOS O CAUSAS QUE EN ELLOSE PREENTA