Tengo que reconocer que desde hace muchos años he sentido una suerte de fascinación por los sellos. Las estampillas postales siempre me han sugerido un alarde de imaginativa creatividad artística en miniatura. Una especie de iconografía sutil que dignifica y enaltece los envíos del correo, otorgando a los sobres y paquetes que se remiten a nuestro nombre un crédito de solvencia y de respeto social.