Que muchos vascos se sientan muy vascos no impide -les guste o no- que sean españoles, como tampoco impide que sean europeos. Lo mismo se puede decir de catalanes, gallegos o andaluces. Ser españoles y europeos está por encima de cualquier acto de voluntad. Es una dimensión del ser humano que le trasciende, ajena a su capacidad de albedrío, aunque política y administrativamente pudiera darse el caso de alcanzar el estatus de apátrida. Verdad y realidad no son conceptos sinónimos, lo mismo que un oso panda es un plantígrado perteneciente a una subespecie endémica de una región de China, aunque haya nacido en cautividad en el zoológico de Madrid.