Existen palabras que hace mucho tiempo han perdido en la mayoría de la opinión pública su verdadero significado. Es más, el equívoco normalizado con el que sin el menor rubor se utilizan esos vocablos suelen tener un doble valor: el de designar (incorrectamente) el concepto al que nos referimos, y el utilizarlo como arma letal para descalificar al sujeto al que va dirigido. Sin duda se trata de una patología lingüística resultado de la retórica pasional con la que a menudo nos enfrentamos a los acontecimientos de nuestro mundo.