Lunes, 23 de octubre de 2006
La acción de la NaturalezaSon muchos los pensadores y filósofos que afirman que la sociedad actual se encuentra en un punto irreversible de cambio. Sin embargo, lo que nadie se atreve a formular es hacia dónde se dirige ese cambio, cuáles son las líneas maestras del nuevo orden, qué tipo de sociedad nos espera (o espera a los que tengan la fortuna de conocerla). En fin, la cosmovisión de las generaciones nacidas hasta el albor de la década de los setenta está cumpliendo el fin de sus días. Algo nuevo se está gestando en la intrahistoria de los acontecimientos contemporáneos que, a modo de biológica metamorfosis, preludia el nacimiento de una desconocida pero apasionante realidad.

En cualquier caso, conviene tener presentes algunos de los síntomas que dominan el momento presente, para que nuestro ejercicio de análisis previsorio tenga alguna opción de plausibilidad. En primer lugar, si echamos un vistazo al pulso vital de las relaciones en la comunidad internacional, es fácil colegir la multiplicación de focos de tensión y el aumento irresistible de agravios entre naciones y entre comunidades humanas. Los motivos y razones de tanta crispación son de todo tipo: políticos, económicos, territoriales, sociales y religiosos.

Por otra parte, contrasta en el momento actual -respecto a décadas pasadas- el empobrecimiento intelectual de nuestra sociedad. Es curioso que en un mundo donde cada día mayor número de personas tienen acceso a los diferentes sistemas educativos, estos a su vez se están haciendo menos exigentes y rigurosos, con lo que el resultado es una formación cada vez más roma y zafia. Como resultado final, los ciudadanos nos encontramos con que las clases dirigentes están siendo invadidas por personajes muy menguados de talla intelectual y de valores morales. La ética se ha vuelto acomodaticia y cortada a la medida de las necesidades y ambiciones de los que desean medrar a costa del erario público.

Cada vez estamos más lejos de aquellos tiempos en los que los mejores individuos de cada nación se sentían atraídos al compromiso de las "rex publica". No. Al contrario. Salvo excepciones, en la actualidad las mejores cabezas de cada nación se sienten repelidas a involucrarse en la vida pública. El orillamiento de códigos de honor, la renuncia a los principios filosóficos del humanismo cristiano (sí, cristiano, ese humanismo que ha forjado toda una tradición y memoria histórica, y en el que las sociedades europeas han destilado su esencia y construido su ser), el relativismo moral y ético en el que se desarrolla el debate público, y la consagración del esfuerzo a la satisfacción de nuestras presuntas necesidades materiales, son motivos suficientes para alejar del ágora público a cualquier mente inquieta, sensible y comprometida con el bienestar del ser humano.

Nadie sabe ni el tiempo que durará este cambio de nuestro mundo ni la naturaleza del mismo. Pero lo que es indudable es que el individuo cada vez se sentirá menos participe de su colectividad, aunque la realidad que le circunde le hará sentirse imprescindible. Será una realidad virtual manejada sin compasión por unos líderes sin alma pero que conocen todas nuestras debilidades.

Publicado por torresgalera @ 18:16  | Pensamientos
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Comentarios
Publicado por javier alexandro
Miércoles, 07 de enero de 2009 | 12:31
¿y que pensamos hacer alrespecto?.
si nos quedamos sentados y pensando, esa relidad irreversible nos consumira la agonia y LA RUINA COMO SOCIEDAD.

Planeacion y organizacion, es lo que define a un lider arrogante que solo busca su propio beneficio.
juguemos su juego, y enseñemosle a esa "gente" sedienta que habemos personas a su igual, y que si podemos detener esa realidad irreversible.

UNION UNION. alexjbn@hotmail.com
Publicado por santiago
Sábado, 26 de febrero de 2011 | 2:05

 

 

Llevas por lo menos 5 años sabiendo lo que has escrito. Dime cómo puedes sobrellevar tal panorama.

Me será útil, porque mi mente se retuerce cada día.

 

Discúlpame por lo escueto, pero soy fruto de lo que hablas, la nueva cultura con la que habré de convivir.

 

S.O.S.