Corren tiempos de tribulación. La humanidad tiene pocos motivos para la esperanza. Las sociedades opulentas viven ensimismadas en sus pequeñas miserias: la política del poder, el control de los mercados, el crecimiento económico, la satisfacción personal. Las demás sociedades, las que quieren salir de la miseria y de la opresión se miran (con desconfianza) en el espejo de las poderosas; las imitan en todo, especialmente en sus aspectos más despreciables.