viernes, 02 de marzo de 2007
Atentado terrorista de ETALa excarcelación de Iñaki de Juana Chaos constituye el acto político más ignominioso de cuantos ha tomado el presidente del Gobierno en lo que va de legislatura. Aducir razones de legalidad y de humanitarismo para justificar la prisión atenuada (en su casa) a un criminal que ha asesinado a veinticinco personas, que jamás ha mostrado el más mínimo signo de arrepentimiento, que se ha jactado de la muerte de otros seres humanos a manos de sus correligionarios, y que se ha permitido -desde la cárcel- hacer públcas amenazas contra el sistema democrático que impera en España y contra las personas que lo encarnan, supone el acto de cinismo y de bajeza moral más detestable que se podría esperar de un gobierno democrático y defensor de los derechos humanos.

El caso De Juana Chaos supone todo un precedente de deterioro irreparable del orden de valores que sustenta la convivencia nacional. Es verdad que en el pasado se han hecho muchas cosas mal, tanto por acción como por omisión: desde la falta de decisión política para endurecer el Código Penal en los primeros veinte años de democracia, hasta cometer delitos injustificables como los GAL, pasando por reiteradas medidas de indulgencia como una amnistía general y diversos decretos de gracia y de excarcelación a terroristas convictos. En cualquier caso, los gobiernos del pasado -con sus errores y con sus aciertos- dieron pruebas sobradas de firmeza y de espíritu humanitario. Por eso resulta ahora tan dolorosamente infame que se pretexte como coartada que el ex presidente Aznar excarcelara en su día a más de doscientos etarras.

Enmendar los errores del pasado en una de las obligaciones esenciales que todo gobernante debe afrontar; sobre todo para tratar de impedir que se repitan en el presente o en el futuro. Pero peor todavía es deshacer lo que funciona bien. Razón esta por la que a muchos españoles nos duele el alma cuando asistimos a la liquidación del Pacto Antiterrorista y por las Libertades, suscrito por el PP y PSOE en 2000. Todo ese caudal de fructífero esfuerzo se ha tirado por la borda. El presidente por accidente Rodríguez Zapatero ha quebrantado, una vez más, el espíritu y la letra de la Constitución; ha subvertido sus principios apoyándose en ideologías depredadoras y en ambiciones espurias; ha trapicheado con la legalidad retorciéndola hasta lo inverosímil, y ha mentido y engañado a la ciudadanía con artera retórica y falaz contumacia.

Sí, definitivamente sí. El asesino De Juana Chaos ha embridado al Gobierno de la Nación y al Estado de Derecho. Les ha chantajeado, y ha ganado. La insuficiencia moral de quien tenía que responder ha quedado en evidencia. Rodríguez Zapatero y los que le secundan y jalean se han achantado y han cedido. Ha sido un acto claro de cobardía. Apenas dos meses después del atentado de Barajas, en el que fueron asesinados dos personas, Rodríguez Zapatero, escudado por los ínclitos Pérez Rubalcaba y Fernández Bermejo, tiende la mano generosamente a ETA. El problema político en la democracia española ya no es el terrorismo sino el conflicto que enfrenta a los que gobiernan (el Estado y las autonomías históricas) con el Partido Popular y la Asociación de Víctimas del Terrorismo. Así se escribe la historia.

Si el injusto y humillante Código Penal franquista, entonces vigente, permitió a De Juana Chaos cumplir nueve meses de cárcel por cada uno de los veinticinco seres humanos que asesinó, ahora, con el Código reformado, el Gobierno tenía la potestad, y la obligación moral, de hacerle cumplir integra su última condena, máxime cuando el terrorista jamás ha mostrado el más leve síntoma de arrepentimiento. Y si la voluntad del reo es poner fin a su vida, allá él. No es ni será el primero. Contra el chantaje, firmeza. Es un principio de libro. Lo demás es dejación de responsabilidad y cubrir de oprobio y de indignidad al Gobierno, al Estado, a la Nación y a los españoles. Y si víctimas somos todos, peor aún.

Publicado por torresgalera @ 19:51  | Política
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