La perplejidad en la que está sumida la sociedad europea es cada día más notoria. Se trata de una perplejidad que tiene sus fundamentos en el proceso de desarraigo identitario que se inició en el viejo continente con la revolución bolchevique de 1917. Luego serían las ideologías totalitarias de signo nazi y fascista las que terminarían estigmatizando el legado histórico de una cultura original y secular. De nada sirvieron las grandes confrontaciones genocidas que asolaron Europa en el siglo XX. Al final, tras la Segunda Guerra Mundial, el nihilismo, el existencialismo y el materialismo se esparcieron como pandemias que envenenaron la conciencia intelectiva de un continente que había llegado a alcanzar la más alta cima de la civilización humana.