martes, 27 de marzo de 2007
Origen de EuropaLa perplejidad en la que está sumida la sociedad europea es cada día más notoria. Se trata de una perplejidad que tiene sus fundamentos en el proceso de desarraigo identitario que se inició en el viejo continente con la revolución bolchevique de 1917. Luego serían las ideologías totalitarias de signo nazi y fascista las que terminarían estigmatizando el legado histórico de una cultura original y secular. De nada sirvieron las grandes confrontaciones genocidas que asolaron Europa en el siglo XX. Al final, tras la Segunda Guerra Mundial, el nihilismo, el existencialismo y el materialismo se esparcieron como pandemias que envenenaron la conciencia intelectiva de un continente que había llegado a alcanzar la más alta cima de la civilización humana.

Los conceptos de progreso, libertad y justicia fueron repensados y reelaborados desde el aventurerismo cognitivo. La razón y la fe fueron desbordados por la razón científica y por el pragmatismo del beneficio. Conceptos como seguridad y equilibrio se hicieron preponderantes y orientaron las relaciones internacionales. En el interior de los estados la “sociedad del bienestar” se abrió paso entre el humanismo cristiano y la libertad de conciencia. La universidad fue cediendo en su papel de guardián de los tesoros del pensamiento acrisolado por una larga tradición histórica, para convertirse en laboratorio de una ilustración materialista y rupturista.

El ser humano como esencia de una fuerza creadora superior ha dejado de ser el epicentro del trasiego intelectual. El empirismo ideológico monopoliza el debate social y el pragmatismo del poder se ha impuesto a cualquier proyecto de evolución humanista. Nada que se oponga a las fuerzas dominantes es tenido en cuenta sino como enemigo del progreso políticamente correcto. Por eso lo verdaderamente heroico hoy en día no es la audacia en la presentación de cualquier propuesta original. No. Lo único heroico, por no decir revolucionario, es defender la ortodoxia. Quien crea y defienda el nombre de Dios, el bien supremo, la verdad, el amor al prójimo, la erradicación del mal, la libertad de conciencia, la caridad o la defensa de la familia, será declarado reaccionario y enemigo público; será estigmatizado socialmente y conminado al ostracismo más reduccionista para su propio escarnio.

Lo que está pasando en Europa es algo que se viene anunciando desde hace décadas. Por eso no ha de extrañarnos desafueros como el que acaba de cometer una jueza alemana que ha denegado el divorcio a una musulmana de origen marroquí maltratada por su marido. Sostiene la magistrada el derecho del marido a golpear a su mujer recogido en el Corán como castigo a las esposas rebeldes. Por su parte, un portavoz del Consejo Central de los Musulmanes en Alemania defiende, en un artículo publicado en el diario Berliner Zeitung, que la Justicia debe aplicar la Constitución alemana y no el Corán.

Esta paradoja, en la que musulmanes piden que se aplique la ley alemana y una jueza aplica el criterio coránico, no responde más que al dislate identitario que padece Europa. Ni siquiera el tibio compromiso de la canciller Angela Merkel, adquirido el pasado fin de semana en la Cumbre de Berlín, de incluir en la futura Constitución europea una referencia a las raíces cristianas de Europa, podrá ya remediar someramente el deterioro de la conciencia identitaria de los europeos.

La única manera para superar este conflicto no es cediendo al mal llamado multiculturalismo, sino en fomentar nuestro europeísmo. La cuestión no es derrotar a otras creencias o asimilarnos a otras realidades culturales, sino en enorgullecernos y potenciar nuestra peculiaridad histórica, cultural y religiosa. Este orgullo debería ser el mejor escudo a nuestra dignidad, y, por tanto, exigiría el fiel compromiso de su defensa sin ambages. Los europeos deben recibir con los brazos abiertos a quienes acudan al viejo continente con ánimo respetuoso y agradecido. Pero los que pretendan reproducir aquí las miserias que les hicieron abandonar su patria, no deberían esperar más que rechazo y puertas en las narices.

Publicado por torresgalera @ 16:42  | Pensamientos
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios