En estos días en los que el mundo cristiano conmemora la pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret, he reencontrado entre mis lecturas un antiguo y hermoso poema que me ha retrotraído a los días ya lejanos de mi adolescencia en los que lo leí por vez primera. Se trata de “A Cristo crucificado”, una perla de la lírica castellana cuyo autor permanece anónimo.