miércoles, 04 de abril de 2007
Cristo crucificadoEn estos días en los que el mundo cristiano conmemora la pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret, he reencontrado entre mis lecturas un antiguo y hermoso poema que me ha retrotraído a los días ya lejanos de mi adolescencia en los que lo leí por vez primera. Se trata de “A Cristo crucificado”, una perla de la lírica castellana cuyo autor permanece anónimo.

Me ha parecido una buena idea contraponer un rasgo de belleza y serenidad a tanta acritud y desasosiego como reina entre nosotros. Por ventura no todo está perdido. Es mucha la gente que vive con humildad y recogimiento estos días de Semana Santa, porque nunca como hoy en día se hace más necesario el mensaje de Cristo y cobra más vigor su ejemplo de sacrificio por el género humano.

"A Cristo crucificado” es uno de los poemas más hermosos que se hayan escrito en lengua castellana en todos los tiempos. Se podría ir más lejos, sin temor a exagerar, si afirmáramos que se trata de uno de los textos líricos más grandes de la historia de la literatura.

Este poema fue escrito en el siglo XV español por un poeta que todavía nos resulta desconocido, aunque durante décadas se atribuyera su autoría a diferentes místicos, como Santa Teresa de Jesús o San Juan de la Cruz; también al padre capuchino Torres y al franciscano Antonio Panes. Pero descartada por lingüistas acreditados la paternidad de estos versos, no por ello su belleza y maestría disminuyen.

La grandeza poética de dicho texto reside en su desbordante lirismo. Se trata de una apasionada declaración de amor a Jesucristo, iluminada por una fe sin concesiones ni tibiezas. Es una obra maestra del lenguaje poético, escrito en forma de soneto, que expresa magistralmente la dimensión humana del hijo de Dios.

Por su perfecta factura literaria, “A Cristo crucificado” figura como texto modélico en todas las antologías líricas en lengua castellana desde que lo incluyera en la suya, de Las Cien Mejores Poesías, don Marcelino Menéndez Pelayo.


A Cristo crucificado

No me mueve, mi Dios, para quererte
el Cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en esa Cruz escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera Cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues, aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.


                                                     Anónimo

Publicado por torresgalera @ 12:02  | Cosas que importan
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Publicado por Invitado
miércoles, 19 de marzo de 2008 | 17:38
ESTE BELLISIMO SONETO LLEGO A MIS OIDOS AYER EN LA NOCHE Y HOY A LA MAÑANA ATRAVES DE LA RADIO ME PARECIO TAN BUENO QUE BUSQUE PARA VER BIEN LA LETRA. ES TODO LO QUE YO PIENSO DE JESUS UN EJEMPLO DE AMOR ..DE ENTREGA
Y PIENSO ES COMO DEBERIAMOS SER TODOS LOS CRISTIANOS.
Publicado por Luis
lunes, 21 de julio de 2008 | 23:11
Cristo... sé que estás.. pero no te encuentro.
Publicado por Monnhii
lunes, 21 de septiembre de 2009 | 23:31
Guiño es de Fray Miguel de Guevara AngelitoNoche