Varias e importantes lecciones se pueden extraer de los comicios presidenciales de Francia del pasado domingo. Aunque hay más, destacaré tan sólo dos que me han llamado poderosamente la atención. En primer lugar, el hecho de que el candidato triunfador haya alcanzado la máxima magistratura de la República con un programa de gobierno contranatura. El proyecto de Nicolas Sarkozy se fundamenta en subvertir los hábitos y tendencias –practicados igualmente desde hace más de tres décadas por los políticos de izquierdas como de derechas– que han terminado por anquilosar y anestesiar a la sociedad francesa. Dichos vicios pandémicos en el ejercicio del poder se llaman estatalismo omnímodo y paternalista, administración burocratizada, centralista, hipócrita y perezosa.