miércoles, 05 de septiembre de 2007
ZP en Rodiezmo (León)Dando por buena aquella máxima del famoso y ensalzado general prusiano, Carl Von Clausewitz, que afirmaba que la táctica es el plan para una batalla, y la estrategia es el plan para toda una campaña, para una guerra, convendremos que —llevando el símil a la política— el presidente del Gobierno Rodríguez Zapatero ha diseñado una nueva táctica para lo que resta de legislatura.

En el leonés municipio de Rodiezmo, Rodríguez ha anunciado cuál va a ser dicha táctica. Respecto a la lucha contra ETA el giro es copernicano; nada que ver con la táctica de los tres años anteriores. De «Mi obligación era intentarlo» —dixit—, Rodríguez ha concluido en un estentóreo «Seré implacable». En cuanto a lo demás, ahora está decidido a repartir dinero a mansalva apoyándose en el recurso del presupuesto para 2008. Lo mismo que reprochaba a Aznar en la campaña de hace cuatro años.

Desde luego, muchos ciudadanos corrientes y molientes no acabamos de entender este cambio radical de táctica. No porque los asesinos y malhechores no merezcan la contundencia del peso de la ley, sino por la contumaz insistencia de Rodríguez Zapatero, esgrimida a lo largo de estos últimos años, por demostrarnos las bondades de su talante y su buenísimo. Alguien que no ahorró esfuerzos ante la opinión pública para presentarse como el hombre providencial, como un heraldo de los dioses, capacitado para acometer la tarea titánica de abanderar el mal llamado «proceso de paz» en el País Vasco, no deja de resultar sospechoso que en poco más de treinta y seis meses se jacte de su firmeza en el palo y tentetieso.

¿Qué ha pasado con aquellos ingentes esfuerzos de inteligencia, imaginación, prudencia y paciencia que Rodríguez preconizaba como únicos recursos para conseguir la tan ansiada pazzzzzz en Euskadi? ¿Cómo se justifica ahora y en adelante haber roto todas las amarras que unían al PSOE a la única alternativa constitucional que representa el PP? Y todo este pandemónium para acabar diciendo que «Seré implacable».

No nos queda más remedio que mostrarnos desconfiados y alerta. El gran déficit (entre otros muchos) del presidente Rodríguez es el de su falta de credibilidad. Rodríguez no es un hombre tonto ni descerebrado. Es un político ambicioso, posibilista, especulador, con un limitadísimo bagaje intelectual y, lo que es peor, con un deficiente ropaje moral. Sus objetivos electorales fijan su hoja de ruta. Su estrategia política desde el principio de la legislatura estuvo exclusivamente encaminada a hacer todo lo posible para que el PP no volviera a ganar unas elecciones generales. Por eso buscó toda clase de complicidades con nacionalistas de toda laya. No le importó, incluso, darle la vuelta como a un calcetín a las estructuras de su propio partido. Pensemos dónde estaban y dónde están muchos de aquellos nombres que pilotaron el PSOE hace tan solo quince años.

Está claro que el cambio de táctica del presidente Rodríguez responde, no al convencimiento de su valor intrínseco, sino a la necesidad imperiosa de recuperar el tiempo perdido y la confianza en su propio electorado. Se trata de enmendar los perjuicios de una partida que no le ha salido bien.

Pienso que será difícil para muchos ciudadanos perdonar el desvarío territorial que Rodríguez auspició con las reformas estatutarias... Tanta veleidad contra nuestro marco constitucional no debería quedar impune, ya que ahí reside la gran amenaza para todos los españoles. Y para mayor desgracia ni un ápice de arrepentimiento, de contrición sincera, de saludable y necesaria autocrítica. Nadie en el PSOE osa abrir la boca, y quien lo hace, como Rosa Díez, Nicolás Redondo, Francisco Vázquez, José Bono o Fernando Puras, acaban en el más oscuro ostracismo o tomando el pescante.

Sí; hasta las generales de marzo se van a ver y a escuchar cosas muy interesantes, que nos dejarán boquiabiertos. Nada hace presagiar en estos momentos el resultado de esa cita electoral. La batalla será muy reñida y todos los contendientes pondrán la máxima carne en el asador. Al PP le resta recomponer su mensaje y no perderse en discusiones estériles. Lo que se juega es demasiado, porque a pesar del nuevo partido de Basta Ya, sólo los populares tienen, hoy por hoy, alguna posibilidad de dejar fuera de la gobernación de España al inefable Rodríguez.

Publicado por torresgalera @ 19:36  | Política
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