miércoles, 12 de septiembre de 2007
Han sido necesarios muy pocos días para que los enemigos de la España constitucional y democrática hayan esbozado el cuadro de lo que se nos viene encima. Por un lado, se han reavivado todos los frentes que el nacionalismo radical tiene abiertos desde hace cuarenta años en el País Vasco: el terrorismo asesino de ETA, la violencia callejera y todas las expresiones de acoso y amenaza del que hace acopio dicho radicalismo nacionalista. El ejemplo de la alcaldesa popular de Lizarza, Regina Otaola, es la punta del iceberg de la enfermedad que corroe a las Vascongadas.

De otra parte, es menester constatar la coincidencia de la nueva andanada soberanista que, tanto nacionalistas vascos como catalanes, acaban de poner en marcha. El lendakari Ibarreche —incapaz de sacar adelante una reforma estatutaria consensuada con la mayoría de las fuerzas democráticas— vuelve a la amenaza de convocar un referéndum sobre autodeterminación; y como efecto colateral, Josu Jon Imaz, el presiente del PNV, anuncia su retirada de la política, harto del guirigay que se está viviendo dentro de las filas del partido gobernante.

Por lo que respecta a Cataluña, se confirma, una vez más, aquello de que el nacionalismo es insaciable, que lo del diálogo es un mero eufemismo, y que atender sus reivindicaciones mediante negociaciones y pactos razonables no es más que una trampa saducea en la que sólo caen los ingenuos o los ignorantes tramposos. Resulta que apenas acaba de entrar en vigor el tan criticado y debatido nuevo Estatuto de autonomía (mientras se espera el veredicto del Tribunal Constitucional sobre los recursos interpuestos), y ya tenemos a los nacionalistas (¿moderados?) lanzados a la vía de la insumisión y del independentismo.

«De aquellos polvos estos lodos», que dice el refranero español. El victimismo nacionalista ha necesitado pocos pretextos para poner en marcha la maquinaria de los agravios. Ha sido el propio ex president, el muy honorable Jordi Pujol, el primero en lanzar el grito de guerra haciendo un llamamiento a la insumisión fiscal como respuesta a la deficiencia de inversiones en infraestructuras del Estado central en Cataluña. Luego le han seguido su heredero Artur Mas y diversas voces de Ezquerra Republicana.

«Y —siguiendo con el refranero— por si fuéramos pocos, parió la abuela»: uno de los vocales del Consejo General del Poder Judicial, Alfonso López Tena, propuesto por CiU, acaba de erigirse en portavoz implacable del independentismo irredento. López Tena, notario y natural de Sagunto, forma parte del Círculo de Estudios Soberanistas en el que se integran políticos e intelectuales que defienden la independencia de Cataluña. También es autor del libro Cataluña bajo España. La opresión nacional en democracia, cuyo título es una radiografía completa del autor, quien, por si aún hubiera dudas acerca de su extremismo ideológico, llega a afirmar, entre otras muchas barbaridades, que Cataluña es víctima de un «genocidio» por parte de España.

El paranoico pensamiento de este notario valenciano no le hace incompatible con una falaz dosis de hipocresía, sobre todo en alguien que teniendo tal concepto de España y de sus instituciones, no tiene reparo en ser vocal de uno de sus principales órganos. Por coherencia, López Tena nunca debió ser miembro del CGPJ, cuya existencia se debe a la Constitución que él no acepta y a la unidad jurisdiccional del Estado cuya ruptura defiende.

La actual situación política, a seis meses de las elecciones generales, refleja entre otras cosas, el proceso de radicalización del nacionalismo vasco y catalán, bien visible tanto en Lizarza como en la celebración de la Diada. En la legislatura en la que, según el presidente Rodríguez, deberían calmarse los ánimos nacionalistas que exacerbó el PP, resulta que el nacionalismo ha alcanzado sus mayores cotas de intransigencia y de agresividad.
Publicado por torresgalera @ 22:37  | Política
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