miércoles, 23 de abril de 2008

 

El 2 de mayo de 1808: el nacimiento de una Nación (I)

2 de Mayo de 1808 (Madrid)Todo está preparado para la gran conmemoración del segundo centenario del 2 de Mayo; aquella insigne fecha en la que el pueblo llano de la Villa y Corte se sublevó contra las zafias intenciones del todopoderoso Napoleón. La dramática gesta de los madrileños tendrá, en las próximas fechas, una nueva ocasión para el recuerdo y para una renovada reflexión sobre el significado que tuvieron aquellos lejanos acontecimientos en el porvenir de la nación española.

Es obvio que en esta conmemoración estará ausente la «Memoria histórica», puesto que ninguno de los vivos en la actualidad goza del recuerdo —propio o cercano— de aquellos turbulentos años. Todo  cuanto se pueda saber de lo ocurrido antes, durante y después de aquel 2 de Mayo de 1808, proviene del acervo de conocimientos que la historiografía ha legado a las gentes de nuestro tiempo. Ello no quiere decir que demos por concluida la tarea de los historiadores, todo lo contrario; las modernas disciplinas que se han incorporado al estudio de la historia, así como las mejoras técnicas introducidas en las disciplinas clásicas, permiten augurar un futuro feraz. Todo esclarecimiento del pasado —en especial de la historia del siglo XIX— redundará en el afinamiento que se den a los hechos del siglo XX. Así es de determinante la cuestión.

Es importante tener presente, que el 2 de Mayo de hace dos siglos vino a marcar un punto de inflexión en la Historia de España. No olvidemos que la cadena de acontecimientos acaecidos en nuestro país desde la caída del Antiguo Régimen en Francia (Revolución de 1789), hasta la invasión de la península por las tropas napoleónicas—, coincidió con el reinado del más funesto monarca que hayamos padecido jamás los españoles. Carlos IV de Borbón se mostró durante todo su reinado como un ser débil, caprichoso e incompetente, que se parapetó en Floridalanca y el conde de Aranda, primero, y después en Manuel Godoy, para gobernar un vasto imperio —en decadencia, pero imperio al fin y al cabo—.

Por tanto, el 2 de Mayo de 1808 sobreviene en medio de un profundo malestar popular auspiciado por tres hechos irrevocables: el primero, la clamorosa ineptitud del rey Carlos IV; el segundo, el cisma abierto en el seno de la familia real, alentada por el Príncipe de Asurias y sus seguidores, que pugnaban por la sucesión a la corona (proceso de El Escorial, motín de Aranjuez y abdicación de Carlos IV en su hijo Fernando VII); y, en tercer lugar, la presencia de tropas francesas en Madrid, consecuencia de la desastrosa política exterior desarrollada por Godoy y la Corona (enfrentamiento primero con la Convención francesa, y alianza posterior con un crecido Napoleón, con el trasfondo permanente del resentimiento frente a Inglaterra).

En cualquier caso, lo verdaderamente importante desde la perspectiva de doscientos años después, es la constatación de que la Guerra de la Independencia que sobrevino tras la sublevación del pueblo de Madrid fue un fenómeno patriótico espontáneo, nuevo y complejo, en el que se implicó la práctica mayoría de los españoles (nobleza, ilustrados y pueblo llano). Se trató de una unanimidad en la que, no obstante, no se debe ocultar la multiplicidad de motivos por los que cada persona o grupo social decidió empuñar las armas. Y tampoco debemos olvidar el hecho de que ante la inhibición del Consejo de Castilla (órgano supremo de la administración española), el pueblo defendió con ardor —casi hasta la inmolación— la causa de Fernando VII, a quién llamaba el «Deseado».


Publicado por torresgalera @ 22:25  | Historia
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