Sin ánimo de exagerar podemos decir que los sucesos madrileños del 2 de Mayo de 1808 actuaron como la chispa que inflamó, a gran escala, la conciencia nacional. No obstante, queda patente —como he señalado en el artículo anterior— que los españoles se movilizaron por una doble causa, que, en realidad, convirtieron en el subconsciente colectivo, en una sola: por un lado, responden como un resorte al grito «La patria está en peligro»; y, por otro, como destaca en las primeras líneas el bando de los alcaldes de Móstoles, se sienten impelidos por una creencia atávica a responder al llamamiento de la proclama: «... como Españoles es necesario que muramos por el Rey y por la Patria...».