lunes, 09 de junio de 2008
Hoy se cumplen los cien primeros días desde la fecha de las últimas elecciones generales. Se trata de ese periodo de tiempo de cortesía que nuestra democracia otorga, de forma implícita, al nuevo gobierno salido de las urnas. Es, pues, momento para el análisis y, sobre todo, para comprobar sobre qué cimientos se está construyendo esta nueva legislatura. De momento, nada de lo ocurrido en estos tres meses nos lleva a confiar en un futuro prometedor; más bien, todo lo contrario: la situación económica es pesimista y la política repleta de agujeros negros; de ahí que el entorno social esté dominado por el descreimiento, el cabreo y, en cierta medida, por una cínica resignación.

Respecto a la situación económica, tan determinante de la tensión social, su evolución no puede ser más negativa. El Gobierno mantiene su contumaz actitud de irresponsabilidad. El optimismo antropológico del presidente Rodríguez se ha vuelto exasperante. Su intransigente cerrazón durante la campaña electoral, para admitir los reproches que desde el principal partido de la oposición se le hacían sobre su quietismo en política económica, ha devenido en una inconsistente negación, evidencia tras evidencia, de una realidad inapelable. Y a cada revés de las estadísticas oficiales, el Ejecutivo responde con una matización a la baja; incluso, el señor presidente se ha permitido el lujo de censurar al gobernador del Banco Central Europeo por manejar públicamente la actual crisis en una perspectiva de mayor incertidumbre.

Ante este panorama de insensatez institucional los ciudadanos se han puesto manos a la obra: los transportistas, pescadores y agricultores han decidido paralizar sus actividades para reivindicar ayudas del Estado que palien el encarecimiento de los combustibles. Esto no es más que el principio. Lástima que éstos, y otros muchos ciudadanos más, no demostraran más perspicacia el pasado 9 de marzo. Aquellas promesas electorales, como era de prever, dormirán el sueño de los justos. El buenísmo del melifluo Rodríguez Zapatero continuará abriéndose paso entre la inanición y su sonrisa fría y huera. Por fortuna, son muy escasos los recursos que le quedan al presidente ZP para hacer -como hizo en la anterior legislatura- golpes de efecto; alguno se sacará de la manga para distraer al personal. Mientras tanto, deberemos prepararnos y atarnos los machos porque los tiempos que vienen van a dejar exhaustos los bolsillos y la hacienda de mucha gente. Quedan advertidos. De otros asuntos hablaremos otro día.


Publicado por torresgalera @ 11:10  | Política
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