El periodista Mariano Calleja escribía el pasado sábado
sobre las «25 maneras de no
decir crisis (y hacer el ridículo)».
Para ello enumeraba el una larga lista de expresiones, utilizadas por
miembros del Gobierno, que definían la actual situación de la economía
española. Se trata de un prolijo catálogo de recursos retóricos, repleto de
retruécanos, elipsis y sinapismos, cuyo función no es otra que la de eludir y
enmascarar lo que en román paladino significa, y todo el común de los españoles
entiende, como crisis.