El lendakari Ibarreche consiguió ayer
avanzar un nuevo paso en su plan soberanista. La Mesa del Parlamento autonómico
admitió a trámite el proyecto de ley -aprobado
el pasado 27 de mayo por el Gobierno de Vitoria- para la convocatoria y regulación de una
consulta popular el 25 de octubre próximo. La finalidad de esta ley -como subraya el anteproyecto- es «la
apertura de un proceso de negociación para alcanzar la paz y la normalización
política». El Pleno de la Asamblea lo debatirá el 27 de junio. El
único escollo que tienen los nacionalistas del PNV, EA, Ezker
Batua y Aralar es conseguir (sólo
necesitaría mayoría simple) del grupo de EHAK (Partido Comunista de las Tierras Vascas) -la segunda marca de Batasuna y brazo político de ETA- al menos un voto de los nueve que tienen en la Cámara.
Nada hace
pensar que en esta nueva ocasión no se repita, a pesar de las críticas que el
radicalismo, este apoyo táctico. Desde luego el lendakari cuenta con ello. Siempre ha sido así, y ante los
deslizamientos soberanistas de Ibarreche los proetarras seguro que le permitirán
una salida: lo hicieron en la aprobación del plan Ibarreche en diciembre de 2004 y en la investidura del lehendakari
en 2005. Con este gesto de «generosidad» parlamentaria se escenificaría,
una vez más, el bloque de Estella.
Se trata ésta de una iniciativa
política que divide por la mitad a la sociedad vasca; la enfrenta dolorosamente
y jalea los sentimientos más primarios de los ciudadanos, toda vez que
suministra argumentos a la violencia terrorista. Este renovado plan Ibarreche aleja
indefinidamente la perspectiva del fin de la violencia y sacrifica las
amplísimas competencias conseguidas por las instituciones vascas de
autogobierno dentro del Estado de las Autonomías a cambio del ensueño
irrealizable de una Euskal Herria.
Desde luego no consuela la
idea de que la ley quedaría automáticamente en suspenso si -una vez aprobada- fuera impugnada por el Gobierno de la nación ante
el Tribunal Constitucional. Son numerosos los argumentos que demuestran la
torpe inoportunidad, el carácter provocador y los efectos perversos que suponen
el envío de este anteproyecto de ley al Parlamento de Vitoria. Con la abierta
oposición del PSOE y del PP, los dos partidos que sumaron la mayoría de los votos
en las últimas legislativas, es una temeridad pensar que se puede avanzar en la
construcción de un País Vasco moderno y en paz.