Desde hace años he tenido que escuchar en numerosas ocasiones
aquello de «Un proyecto ilusionante». Es lo que
yo llamo una frase maldita. Siempre que la he escuchado ha sido de boca de personas
que venían a sustituir en sus cargos -tras ser nombradas a dedo por la autoridad competente- a directivos de lealtades venidas a menos; en
otros casos la frase de marras se la he escuchado a empresarios que -después de gestiones erráticas de sus intereses- pretenden
imponer medidas drásticas a sus empleados para sacar a flote la maltrecha
situación de la empresa.