viernes, 27 de junio de 2008
Lendakari Ibarreche Este viernes se ha perpetrado un nuevo acto ignominioso contra la dignidad de un pueblo soberano: el pueblo español. Aunque ya ha sido anunciado hace unos días en Ágora Digital, no por ello es menos decepcionante ver cumplida la previsión. El nacionalismo vasco -tan antidemocrático unos como otros- ha echado el as de bastos sobre la Constitución española en el antro político en el que han convertido el Parlamento autonómico. El lendakari Ibarreche ha pactado con el brazo político de la banda terrorista ETA el apoyo necesario para sacar adelante su referendo de autodeterminación.

Los contrarios a esta aberración -en política hay quienes opinan que vale todo con tal de que se haga educadamente-, es decir los llamados partidos españolistas (constitucionalistas), se consuelan como pueden por este varapalo de los de la boina y el pasamontañas. Sí, porque todos los que están en la estrategia de que los vascos decidan su futuro al margen del resto de españoles (único cuerpo social soberano), están declarando abiertamente su abdicación de españolidad y su reivindicación de enemigos. Lo han dejado muy claro el presidente del PNV Iñigo Urkullu y el portavoz en el Congreso Josu Erkoreka. Ambos políticos secesionistas declararon sus preferencias a favor de Rusia para que eliminase a España en el Europeo de Selecciones de Futbol que se está celebrando en Austria.  También al patrocinar la exclusión del castellano del sistema público de enseñanza en el País Vasco, y con ley específica sobre «víctimas de la Policía y desaparecidos».

Estos ejemplos no son síntomas sino consecuencias de la causalidad inmanente al enfrentamiento abierto contra el concepto de España y contra todos aquellos que la defienden. La táctica nacionalista se aplica en todos los terrenos, tanto en el de la retórica como en el del chantaje, el tiro en la nuca y la extorsión. Todo vale, porque al final todos se abrazan en la misma causa; unos se dan golpes de pecho invocando un victimismo zafio y delirante, y otros se echan al monte como los perros rabiosos y escaldados.

¿Y qué ocurre enfrente? ¿Quiénes están dispuestos a parar tanta perfidia y desenmascarar la doble moral sobre la que se sustenta la esquizofrenia política en la que vivimos instalados? Los socialistas no serán, ya que sus dirigentes consideran que nada está en peligro y que el Estado de derecho tiene recursos para neutralizar los planes soberanistas de Ibarreche. Tampoco lo harán los populares, ya que mucho se desgañitan gritando contra los felones nacionalistas pero luego pierden el culo para reformar estatutos de su acomodo.

España está sumida en una deriva de desquiciamiento suicida. Aquí no se salva casi nadie. Desde luego -y no pararé de pregonarlo a los cuatro vientos cuantas veces sea necesario- es la clase política la principal responsable del deterioro ético de la sociedad. Ninguna secta política (es en lo que se han convertido los partidos políticos) es capaz de enfrentarse radicalmente a la sinrazón y el despropósito de unos u otros. Comienzan a surgir iniciativas ciudadanas repletas de coraje y sensatez. Merece la pena prestarlas atención y seguir su estela.


Publicado por torresgalera @ 22:03  | Política
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