martes, 12 de agosto de 2008

Una sociedad está enferma cuando una mayoría de ciudadanos carece de referencias colectivas y apenas reconoce algunas de sus señas de identidad históricas. Una sociedad está enferma cuando hace dejación de valores éticos y morales esenciales, como el honor, el respeto o la dignidad; cuando desconoce el valor del compromiso social, de la palabra dada o de la autoridad moral de los ancianos u otras personas de reconocido entendimiento. Una sociedad está enferma cuando se instala en el relativismo moral, en el todo vale, y es incapaz de movilizarse para denunciar los abusos y excesos de sus administradores y gobernantes. Una sociedad está enferma cuando se deja arrastrar por los prejuicios y el rencor, que a su vez ahogan el entendimiento y anulan la capacidad de autocrítica; cuando se muestra incapacitada para corregir su conducta y mantiene el error con tal de no aceptar que otros puedan tener razón. Una sociedad está enferma cuando sus ciudadanos se esconden en la defensa de su intimidad con tal de no enfrentarse a los que amenazan a la colectividad; y cuando porfía la solución de sus problemas individuales a las administraciones públicas y, en cambio, no compromete un ápice de sus recursos personales para contribuir al bien común.

De qué nos sorprendemos cuando la última encuesta del CIS contrasta que la ventaja del PSOE de hace cinco meses -cuando Rodríguez Zapatero fue reelegido presidente del Gobierno- ha desaparecido, y hoy está empatado en intención de voto con el principal partido de la oposición. ¿Es que acaso no era evidente que el candidato socialista no decía la verdad -como en tantas ocasiones de la anterior legislatura- cuando el del PP le interpelaba en los debates televisados? Entonces, cualquier ciudadano bien intencionado era consciente de que ZP estaba vendiendo una realidad ficticia y manipulada. Y una de dos, o era un incompetente, cosa suficientemente grave para repudiarle, o mentía, cosa mucho peor desde el punto de vista moral y político.

Así las cosas, nada de cuanto ocurre nos tendría que sorprender: es el resultado manifiesto de que la sociedad española está enferma desde el punto de vista moral. La excarcelación de Rafael Ricardi, ex toxicómano, después de cumplir trece años de prisión por un delito que no cometió, ha sido un acontecimiento lo suficientemente grave como para haber producido una cierta conmoción social. Pues la opinión pública ni se ha inmutado e, incluso, ninguna administración del Estado de las que contribuyeron a la detención, proceso judicial y encarcelamiento ha sido capaz del mínimo gesto de desagravio hacia el injuriado y maltratado. En cambio, pocas fechas después, el sicópata terrorista José Ignacio de Juana Chaos ha sido puesto en libertad después de cumplir una condena de menos de un año por cada uno de los veinticinco asesinatos por él cometidos. En este caso, los poderes públicos si han promovido las medidas necesarias para asegurar la integridad e intimidad del excarcelado; y sus conmilitones le han festejado en San Sebastián. Eh aquí la paradoja: un humilde marginado social es víctima de una monstruosa injusticia social e institucional, y nadie -salvo los medios de comunicación- mueve un dedo para ampararle; al otro lado, un sanguinario terrorista disfruta plácidamente de la libertad tras haber pagado un mínima parte de la condena entre vítores y exclamaciones de héroe. Definitivamente, nuestra sociedad está enferma y su democracia moribunda.


Publicado por torresgalera @ 12:22  | Política
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