S?bado, 28 de enero de 2006
LenguajeCuanto más sesgada y radical es una opción política, mayor es la pulsión totalitaria de sus dirigentes. Estos suelen hacer fe de su misión redentorista invocando a los dioses patrios, toda vez que subliman la estrategia de demonizar al contrario y acallar al disidente. Su mayor peligro reside en que alcancen a merodear el poder, y peor si consiguen instalarse en él. Entonces si que estamos perdidos.

Lo que lleva sucediendo en España desde hace ya algunos años, más que premonitorio es la confirmación de nuestra neurosis obsesiva, de nuestra patología nacional. Significa que la superación de los enfrentamientos atávicos, de los dos ideales que se opusieron tras la eclosión de la Ilustración -absolutismo y liberalismo-, de la confrontación entre progreso y reacción, no ha sido efectiva. Nuestra conciencia colectiva no termina de curarse de los traumas del pasado, por muchos tropiezos y adversidades que hayamos padecido en los dos últimos siglos.

El problema esencial que caracteriza las tensiones de nuestros días es que existe un desorden semántico de primera magnitud. Los nombres no se corresponden con el verdadero significado de las cosas; todo está alterado en una confusión verdaderamente clamorosa. Por inercia simplista e interesada, cuando no fruto de una ignorancia supina, se insiste -por ciertos sectores sociales- en atribuir la legitimidad de sus fueros ideológicos y morales actuales a una justa correspondencia con los alegatos que dejaron los hechos del pasado. Y esto es de una miopía enfermiza.

Con lo que ha llovido desde que, por ejemplo, comenzara el siglo XX hasta hoy, habríamos de concluir que identificarnos con herencias del pasado es una barbaridad. Una cosa es asumir nuestra Historia y otra muy distinta juzgarla a nuestro antojo y crear categorías morales de las que nos sintamos asqueados o deudores.

Afortunadamente, la España de 2006 se parece a la España de 1906 lo mismo que un huevo a una castaña. Es cierto que lo que ahora somos es una consecuencia del devenir pretérito, pero no sólo de este país sino del mundo entero. La evolución de los conflictos, la forma como se han desarrollado los desafíos colectivos, los hitos de la ciencia y del pensamiento, así como las consecuencias que han dejado los hechos, han determinado lo que somos en la actualidad.

Hoy el progreso no se fundamenta en el intervensionismo de estados poderosos. La libertad individual se ha consolidado como el fundamental principio que informa a la sociedad avanzada, tanto en lo político como en lo económico y cultural. Los derechos fundamentales del hombre se completan con otros recientes -educación, la sanidad, trabajo o vivienda-, configurando el retablo de nuestra sociedad del bienestar. Ya nadie sensato cuestiona que la democracia, el sufragio universal, el parlamentarismo, la división de poderes, la solidaridad con los más desfavorecidos, la apertura a relaciones más amplias y abiertas con otras naciones, la búsqueda de alianzas fuertes y estables para crear grandes espacios para el intercambio comercial o para la seguridad, constituyen realidades irreversibles en las que los hombres han empeñado su voluntad y su confianza para un futuro más prometedor.

Es cierto que todavía colean demasiados problemas e injusticias en el mundo. Pero también es cierto que los modelos totalitarios y las ideologías redentoristas han demostrado hasta la saciedad la perversidad de sus enunciados y lo tenebroso de su práctica. Entonces, ¿por qué se continua denominando progresistas a los nacionalismos, o a las llamadas izquierdas más o menos radicales, o a los movimientos “antiglobalización” (antes se les decía “no alineados&rdquoGui?o? ¿Qué tienen de progresistas los que denigran la Historia de su país y pretenden reinventarla con burdas patrañas? ¿O qué se puede decir de los que aprovechan las oportunidades de la democracia para medrar y, si pueden, acabar con ella e imponer su modelo totalitario?

Vivimos en pleno marasmo semántico. Cualquiera puede definirse a sí mismo como progresista y se supone que hay que creerle, aunque diga grandes sandeces y haga las mayores iniquidades. El respeto al prójimo no sólo es un deber sino que está garantizado por la ley. Lo malo es cuando desde el poder Ejecutivo y el poder Legislativo se vulnera la ley amparándose en mayorías; o cuando la maquinaria del poder se pone al servicio de proyectos espurios incompatibles con el marco jurídico vigente; o cuando se invocan derechos históricos falsos o supuestos derechos de minorías, y se deslegitima el esfuerzo colectivo del último cuarto de siglo, o se vulnera el derecho natural y consuetudinario.

La gran encrucijada en la que estamos metidos los españoles la debemos al extraordinario esfuerzo que están realizando las fuerzas del progreso. Esas fuerzas a cuyos líderes se les llena la boca de “democracia avanzada”, “alianza de civilizaciones”, “nación de naciones”, “España plurinacional”, “nacionalismo asimétrico” y un motón de dislates prodigiosos. Y lo peor de todo es que muchos de esos líderes, comenzando por el presidente del Gobierno, están practicando la deslealtad institucional rayana en el delito. Casi todos ellos juraron o prometieron cumplir y hacer cumplir los preceptos de nuestro ordenamiento jurídico, y no lo están haciendo. Se refugian en peculiares interpretaciones del Derecho y en sus mayorías parlamentarias.

Sí, estos que se llaman progresistas nos llevan al despeñadero. Es más, encima se permiten señalar con el dedo y estigmatizar de reaccionarios y fascistas a los que, con sus humanas limitaciones y contradicciones, creen y apuestan por engrandecer lo hasta ahora conseguido: Una España sin complejos, donde se cumpla la ley para poder ser libres.

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Martes, 24 de enero de 2006
Cornélio TácitoEl historiador romano Cornelio Tácito aseguraba que “Quien se enfada por las críticas, reconoce que las tenía merecidas”. No es este el caso entre nuestra clase política, que insensible ante la crítica ajena encima se revuelve con el descrédito y la descalificación del que osa ejercitar ese derecho: antes la muerte que reconocer errores propios o de su partido político.

¿Dónde está, pues, la libertad de conciencia? ¿Dónde la autocrítica? ¿Dónde el coraje personal para alzar la voz contra los atropellos y la vulneración de la ley? No escuchamos estos días palabras disonantes entre los partidos políticos en el poder contra la tropelía que representa el acuerdo, alcanzado por el presidente Rodríguez Zapatero con los líderes de Convergencia i Unió, sobre el texto del nuevo estatuto para Cataluña; si acaso, las disonancias provienen de aquellos (ERC) que consideran insuficiente dicho texto. Los que alzan su voz para denunciar la infamia -políticos del Partido Popular y numerosas individualidades de la sociedad- son ignorados y despreciados sin miramiento alguno.

Hasta ahora no han sido pocos los analistas que han porfiado en que las sólidas convicciones de muchos políticos socialistas, sobresalientes o menos, terminarían rebelándose contra este intento de minar la España constitucional. Sin embargo, ni en la pasada reunión del Comité Federal del PSOE ni de manera espontánea se ha escuchado disidencia alguna contra los hechos consumados. Todo confirma, una vez más, que el juego de intereses de la política se impone y tiraniza a los propios políticos; con ello se perpetúa el interés partidista sobre el general, y la democracia se desvirtúa por la merma de libertad y la ausencia de grandeza de espíritu.

Este vasallaje es incontestable. Deteriora la vida pública y a todas las siglas afecta, sin que nadie está exento de culpas. Frente a la política irresponsable de Rodríguez Zapatero, favoreciendo la acción reivindicativa y disgregadora de los nacionalismos periféricos, el Partido Popular juega el papel de agraviado, toda vez que no escatima oportunismo y descaro en presumir de progresismo provinciano al patrocinar la reforma del Estatuto valenciano; ahora que le ha metido un par de puyas la leal oposición socialista, las huestes del presidente Camps ponen el grito en el cielo. ¿Qué creían, que iban a capitalizar esta iniciativa? Ahora tendrán que tragar los sapos que les han metido en la boca o afrontar una campaña de desgaste por reaccionarios. Les está bien empleado. Y no digamos el bochornoso espectáculo del líder pepero en Cataluña, Josep Piqué, que está en el punto de mira del PP por mostrar algún signo de complacencia con aspectos del acuerdo pactado sobre el estatuto.

Recordando aquello de que "la democracia es el menos malo de los sistemas", habría que colegir que no es menos cierto que hay democracias y democracias. Desde luego España no es el mejor ejemplo de modelo democrático. Nuestro modelo legitima la dictadura de los partidos, tiene un sistema electoral indeseable que deja pocas opciones a los electores y privilegia a los partidos nacionalistas y regionalistas, y, por último, la división de poderes está gravemente conculcada. Ante esta realidad, el valor ético de la dignidad y el derecho al libre albedrío para decidir sobre lo que está bien y lo que está mal son virtudes puestas en almoneda. Disentir de algunas consignas o de algunas acciones del grupo es considerado herejía, crimen de lesa majestad; así como coincidir en alguna crítica del adversario puede ser tomado como revisionismo traidor.

La Historia nos ha enseñado muchas cosas acerca de los grandes errores del hombre. Decía Tulio Cicerón que “Que de hombres es equivocarse; de necios persistir en el error”. Y lo peor de esta actitud recalcitrante de negar el error propio y deslegitimar al adversario es que acrecienta el rencor y pone e peligro la convivencia.

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S?bado, 21 de enero de 2006
ImagenDec?a P?o Baroja que "A una colectividad se le enga?a mejor que a un hombre". Existen experiencias formidables en la Historia de la Humanidad, en que sociedades enteras o de forma muy mayoritaria han sucumbido al enga?o y la estafa de talentos prodigiosos para el embaucamiento y la perfidia. Estos siniestros episodios siempre han concluido en reg?menes opresores y de terror. No han sido pocos los visionarios paranoicos que han demostrado habilidad para manipular la frustraci?n colectiva y sus anhelos de reparaci?n de agravios hist?ricos; que han seducido con mentirosas y arteras dial?cticas las mentes y las conciencias de aturdidas masas; y que a la postre han terminado sucumbiendo, antes o despu?s, bajo los efectos de su aborrecible enga?o dejando una huella negra y amarga en la memoria de los pueblos.

Estas dram?ticas experiencias de enga?o y manipulaci?n colectiva se acompa?an de un enorme y exigente esfuerzo propagand?stico, as? como de abundantes dosis coercitivas y de intimidaci?n que garanticen la eficacia del proceso de expansi?n ideol?gica. A lo largo del siglo XX los ejemplos fueron estremecedores: diferentes formas de totalitarismos nos ense?aron que en aras de sublimes ideales el hombre es capaz de cometer las mayores atrocidades y cr?menes que la mente humana pueda imaginar.

Continuando con la cita del gran escritor espa?ol, del que el pr?ximo 30 de octubre se cumplen 50 a?os de su muerte, vienen al pelo de la actual situaci?n pol?tica nacional aquellas palabras que pronunciara en su discurso de ingreso en la Real Academia Espa?ola, el 12 de mayo de 1935: "Cada cual se encierra en sus doctrinas, en sus simpat?as, sin escuchar al vecino. Se dice que en todas partes pasa lo mismo. ?Qu? se va a hacer! Yo no creo en las discusiones y pol?micas de ingeniosidades y de frases; pero si cada cual se encierra en su doctrinarismo o en su utop?a sin echar una mirada curiosa del que est? cerca vamos a pasar, o mejor dicho, van a pasar los que vengan, per?odos muy negros, m?s que nada por estupidez y por incomprensi?n." Reflexionando sobre estas palabras, no parece que hayan transcurrido m?s de 70 a?os.

P?o Baroja, preclaro ejemplo de iconoclasta, que despreciaba a los pol?ticos y admiraba a los grandes hombres, sufre desde el silencio de ultratumba la indiferencia de la Administraci?n cultural de su amado Pa?s Vasco. Silencio sepulcral impuesto no a un disidente sino a un acervo cr?tico de la pol?tica rancia, pedestre y cainita que inund? de sangre e ignominia el suelo patrio. Una vez m?s, el gran novelista puso de manifiesto su aversi?n al democratismo fraticida al afirmar que "En Espa?a el parlamentarismo es una escuela de charlatanes y logreros, gente con anhelo de vivir bien con o sin m?ritos para ello."

Asistimos en estos tiempos a la escritura de una nueva p?gina negra de nuestra Historia. El enga?o, la falsedad y la felon?a se han instalado en la vida p?blica. Volvemos a las guerras tribales, donde los jefes de los clanes y los chamanes imprecan la memoria de sus antepasados, exaltan el imaginario at?vico y enardecen con jaculatorias y arengas el valor de sus guerreros. El enemigo est? definido y no queda m?s que eliminarlo: son ellos o nosotros.

Alguien dir? que el meollo de la cuesti?n nacional gira en torno a si Espa?a est? por el progreso o por la reacci?n; incluso hay quien invoca a la Espa?a de los Reyes Cat?licos como la gran amenaza con la que quieren involucionarnos los sectores pol?ticos y sociales m?s intolerantes. Manipulaciones tan groseras como estas se llevan realizando todos los d?as desde hace dos a?os. Quien se deje enga?ar a estas alturas es un incauto o un ignorante. Pronto lo comprobaremos.

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Martes, 17 de enero de 2006
ImagenObservo con perplejidad los nuevos episodios que se suceden en este gran patio de monipodio en el que se ha convertido la vida p?blica espa?ola. Cada uno de esos acontecimientos o sucedidos tienen su correlaci?n en dos niveles: en el de los hechos y en el de las declaraciones; y sin soluci?n de continuidad, la prensa y dem?s medios de comunicaci?n transmiten, jalean, critican y vituperan a los responsables y protagonistas de acciones y declaraciones. Todo ello en una espiral sin fin que en numerosos casos alcanza naturaleza hiperb?lica.

Como quiera que en la actualidad los asuntos se multiplican y suceden a velocidad de v?rtigo, sin dar tiempo para el respiro, ni mucho menos para asimilar cabalmente el alcance y consecuencia de los mismos, el enredo nacional es sublime y el disparate campea por todas partes. Claro est? que yerra m?s qui?n m?s habla, por aquello de que ?somos esclavos de nuestras palabras y prisioneros de nuestros silencios?; sobre todo quienes tienen m?ximas responsabilidades por estar al frente de la rex (cosa) p?blica.

Y en esta atalaya personal en que uno se encuentra para la observancia de los quehaceres patrios, no dejo de sorprenderme, con sobresalto las m?s de las veces, de las piruetas dial?cticas de unos y otros. Claro est? que algunos personajes alcanzan cimas delirantes de la antolog?a del disparate; en otros casos los gestos y declaraciones conducen directamente a la hilaridad de los receptores de sus mensajes; y en no pocas ocasiones los pr?ceres se retratan como tontos de remate.

Llegado a este punto, mi perplejidad la sujeto a un caso singular, del que tengo que se?alar que jam?s fue santo de mi devoci?n, si saber muy bien por qu?. Se trata de Jos? Blanco, secretario de Organizaci?n del PSOE, un tipo que siempre me inspir? desconfianza y que en la ?nica ocasi?n que le trat? personalmente me dej? esa sensaci?n que producen esas personas a la que jam?s comprar?a un coche usado.

Ci??ndome al objeto de esta causa, dir? que una vez m?s me sorprendi? la dureza inusitada con que Jos? Blanco critic? este lunes al l?der del PP: lleg? a reprochar a Mariano Rajoy de ?utilizar torticeramente la Constituci?n para anclar a Espa?a en el inmovilismo, detener la reforma [en alusi?n al Estatuto catal?n] y tambi?n por tratar de impedir que se abra la puerta a la paz en el Pa?s Vasco".

Jos? Blanco es un gallego intenso m?s que profundo, que ejerce sin pesta?ear y sin mover un solo m?sculo de la cara el papel de guardi?n de la fe y del cofre de las esencias. Por eso no se cort? un pelo para afirmar sin ret?rica que el PSOE, de la mano de Rodr?guez Zapatero, contin?a dando ?pasos hacia la paz?, a la vez que neg? que el PP ?vaya a detener la apuesta por la paz que se vive en este pa?s?. Y en estas estaba el n?mero dos del socialismo espa?ol cuando alguien le pregunt?: ??Y es un paso hacia la paz permitir que Batasuna se re?na?? La respuesta de Blanco no pudo ser m?s sorprendente: es ?irrelevante? que Batasuna se re?na o no.

En menos de veinticuatro horas el secretario general del PSOE no ha dudado en reinventarse a s? mismo. Su interpretaci?n de la decisi?n del juez de la Audiencia Nacional, Fernando Grande Marlaska, de suspender el congreso convocado por Batasuna para el s?bado 21, ha sido todo un ejemplo de cintura pol?tica, de astucia de poderoso y de cinismo personal. Jos? Blanco ha declarado con gran solemnidad, como es habitual en ?l, que la decisi?n del magistrado es "una gran noticia", que demuestra que "afortunadamente, el Estado de Derecho funciona".

Vivir para ver... y escuchar.

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S?bado, 14 de enero de 2006
ImagenCada d?a que pasa estoy m?s convencido del abismo que separa a los pol?ticos -los que gobiernan y los de la oposici?n- de la gran mayor?a de ciudadanos. Y chupando rueda del gallinero institucional tenemos a los medios de comunicaci?n, aventando con fruici?n ese pi?lago de disparates descomunales en que ha derivado el debate de la cosa p?blica. Nada, unos y otros, publicanos y plumillas opinadores, viven empe?ados en magnificar su cotidaniedad hasta el punto de perder el sentido de la medida, del pudor y hasta de la verg?enza.

Comienzan a desbrozarse los primeros d?as de 2006 con los mismos soniquetes con que periclit? el a?o precedente. Y para avivar la candela que inflama los ardorosos corazones de nuestros animosos pr?ceres y de sus muy leales notarios, los Reyes Magos de Oriente, que es lo mismo que decir la Pascua Militar, nos ha tra?do este 6 de enero el ornato castrense; ya est?n todos los elementos necesarios para componer el gran bodeg?n de la vida p?blica que tanto juego dio en Espa?a durante el siglo XIX y buena parte del XX.

Muchos de nuestros pol?ticos en el cotarro del poder est?n encantados con la situaci?n: los espadones en faena dando proclamas, los curas en su cruzada contra el maligno y los banqueros y jerifaltes del dinero y los negocios d?ndose abrazos con los advenedizos de la gobernaci?n mientras adivinan el hambre que traen. El escenario est? al completo. Ya no queda m?s que hacer que unos y otros se muevan por la tarima y deambulen dando rienda suelta a su temeraria imaginaci?n. Hay juego para todos, porque, en el fondo, se creen superiores y no son m?s que unos turiferarios del general, el obispo y el banquero, s?lo que ellos no lo saben. Piensan que han superado el pasado y que el poder civil podr?a por fin imponerse al de Marte, J?piter y Ceres; y como son tan cortos de entendederas han ca?do en la tentaci?n de reinventar la Patria, la Naci?n y el Estado, poni?ndose a la cabeza del Olimpo como si de dioses beat?ficos y salvadores se tratara, aunque en realidad, lo que est?n haciendo no sea m?s que convertir la vida p?blica en un gran estercolero, que apesta hasta la n?usea y corrompe la convivencia.

Entretanto, y con el mar de fondo rugiendo con levantisco temporal, los ciudadanos contin?an con sus vidas a espaldas de tanto botarate, aunque hayan sido elegidos con sus votos. Cuarenta y cuatro millones de almas, no todas ellas blancas, persiguen su destino sorteando incertidumbres, contratiempos y celadas sin que nada ni nadie pueda remediarlo. A estas alturas son pocos los habitantes de esta Espa?a zarandeada y bullanguera que mantienen alguna credulidad en sus representantes p?blicos y en sus administradores; y de la Justicia ni hablamos, que adem?s de ciega y lenta cada d?a se percibe m?s distra?da e influenciable.

La ense?anza solvente y respetada, el trabajo digno y gratificante, la garant?a de acceso a la vivienda digna, la salvaguarda de costumbres y valores en pac?fica convivencia con nuevas alternativas de vida, la confianza en la aplicaci?n de la ley y en la intolerancia con el delito, y una beligerante oposici?n por parte de los poderes p?blicos ante los abusos y excesos del libre mercado, continuan siendo las principales prioridades que demanda la sociedad y que siguen sin encontrar las debidas respuestas.

Estas s? son cosas que importan, que interesan y por las que los espa?oles empe?an cada d?a sus vidas. Las luchas por el poder entre advenedizos mendicantes, iluminados por sectarios y oligofr?nicos ideales incubados con el estigma del odio y el desprecio hacia lo contrario, absorben todas sus energ?as. Lo dem?s, aquello que ocupa y preocupa al com?n de los mortales, es algo secundario que se deja para concejales y jefes de negociado. Para solucionar las cosas que importan no son necesarias guerras ideol?gicas ni coartadas pol?ticas, sino sentido com?n y ponerse a trabajar. Y para eso no se han presentado a las elecciones.

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Martes, 10 de enero de 2006
ImagenCuenta Miguel ?ngel Orellana en el Semanal Digital una confidencia llena de maldad, que a su vez le hiciera un asistente a una reuni?n en la sede provincial de Sevilla del sindicato socialista UGT. El hecho ocurri? unos d?as antes de Navidad y el protagonista de la escatol?gica cita, invitado estrella en dicho concili?bulo, no fue otro que el otrora poderoso inquilino de La Moncloa, Felipe Gonz?lez. Pues bien, seg?n trascribe Orellana, la frase que pronunciara el ex-dirigente socialista no puede entra?ar m?s desprecio y desaprobaci?n hacia la figura de su postrer sucesor: "El Estatuto de Catalu?a es una cagada porque Zapatero es una mierda." Ah? es nada. Sin comentarios.

Entretanto, como si de un tsunami se tratara, el discurso del teniente general Francisco Jos? Mena Aguado, durante la Pascua Militar, continua produciendo devastadoras olas que perturban a?n m?s si cabe la convivencia y lanzan por los aires los ardores guerreros tan fr?gilmente guardados por las tribus apacentadas sobre lechos de p?lvora. Nadie desperdicia la ocasi?n de obtener su bot?n. Ya se sabe: "a r?o revuelto ganancia..." Ahora bien, yo tengo serias dudas de que el linchamiento pol?tico al que se est? sometiendo al teniente general sancionado por el ministro de Defensa vaya a producir r?ditos a alguien. A su tiempo lo veremos.

Desde luego, los nacionalistas han encontrado en este lamentable suceso una ocasi?n de oro para dar una vuelta de tuerca m?s a su despreciable victimismo. En ello se han volcado estos d?as de reuniones in extremis para chantajear y exprimir al m?ximo al Gobierno de Rodr?guez Zapatero, en la b?squeda del acuerdo satisfactorio sobre el estatuto. Incluso los m?s radicales, los de ERC se permiten el lujo de manifestarse ante el Gobierno Militar de Barcelona para calificar a los militares de poco dem?cratas. Y como guinda a este torbellino de denuncias antigolpistas, el diputado andaluz de Izquierda Unida, Antonio Romero, ha advertido con todo descaro al Gobierno de que no utilice las declaraciones del teniente general Mena para "descafeinar la reforma de los estatutos catal?n y andaluz", a la vez que ha sentenciado que "Espa?a camina hacia el federalismo y el Ej?rcito tiene que aceptar sin rechistar las decisiones adoptadas por los pol?ticos,..."

Por su parte, los medios de comunicaci?n afines al Gobierno de Zapatero y al Tripartito no se cortan en calificar una y otra vez las declaraciones del general Mena como de incitaci?n filo-golpista. Y en medio de estos desgarros y golpes de pecho de la progres?a ditir?mbica, que tampoco ha perdido ocasi?n de acusar al PP de tibio y justificador de las palabras del militar sancionado, se han dejado escuchar otras voces disonantes de la partitura que interpretan Rodr?guez Zapatero y sus compa?eros de viaje. Una de estas voces, como viene siendo habitual desde hace tiempo, es la del alcalde socialista de La Coru?a, Francisco V?zquez. Para este carism?tico edil gallego el problema es que "Espa?a no tiene quien la defienda", a la vez que se lamenta de que se ha llegado a un punto tal que? al que habla de Espa?a se le considera un apestado del r?gimen franquista?.

Abundando en los discrepantes, adem?s del corregidor V?zquez se ha pronunciado el diputado socialista Joaqu?n Leguina. El ex presidente de la Comunidad de Madrid ha relacionado el estatuto catal?n con la ley antitabaco del Gobierno "por ser infumable". A Leguina no le han dolido prendas al afirmar que este estatuto "no cabe ni en la Constituci?n ni en cabeza humana que piense en un Estado democr?tico". M?s pat?tico ha resultado el presidente de Extremadura Rodr?guez Ibarra, al clamar en la reuni?n de la Ejecutiva socialista que se le convenza de la bondad del nuevo estatuto para que pueda apoyarlo.

El drama del PSOE es que s?lo puede salir de este laberinto, al que le ha conducido Jos? Luis Rodr?guez Zapatero, con un acuerdo con los nacionalistas catalanes; de lo contrario perder?a todo el cr?dito ante los suyos y ante los que han porfiado en ?l para gobernar. Lo malo de esta soluci?n es que se trata de una escapada hacia adelante, que no har?a m?s que multiplicar de funestas consecuencias la ya de por s? deteriorada paz social e institucional. La posibilidad de que no haya acuerdo sobre el estatuto ni se lo plantea Rodr?guez Zapatero, pues sabe que su estrategia de poder se vendr?a abajo de golpe. Es m?s, los nacionalistas vascos lo tienen todo preparado para volver a presentar el Plan Ibarretxe, eso s?, esta vez con la complicidad de los socialistas.

Volviendo al principio, a la presunta calificaci?n que Felipe Gonz?lez hizo hace unas semanas de Rodr?guez Zapatero, hay que se?alar que de ser cierta la cita ?sta no puede ser m?s grosera e irreverente, m?xime cuando se trata del presidente del Gobierno y del secretario general del PSOE, el partido pol?tico al cual todav?a Gonz?lez pertenece. Reprochados estos aspectos que se refieren al respeto debido, tanto en lo personal como en lo institucional, sobre todo viniendo de un compa?ero y ex de las mismas magistraturas, conviene aclarar que tal zafiedad es propia de un zafio. Un hombre de Estado, como es el caso del ex presidente del gobierno y ex l?der de un partido mayoritario, deber?a ejercer un mayor compromiso con la sociedad a la que se supone que ha servido y a la que pertenece. Con exhalar butades descalificadoras en privado, pero no denunciando p?blicamente una pol?tica err?tica y altamente perniciosa para Espa?a, lo ?nico que demuestra el ex presidente Gonz?lez es, una vez m?s, la catadura ?tica y moral de alguien que bajo sus gobiernos se cometieron, por parte de buen n?mero de subordinados, los mayores delitos y tropel?as que cabe imaginar en gobiernos totalitarios.

Pretender cerrar esta crisis, despu?s de sancionar por diversos motivos y en menos de cuatro d?as a tres generales, afirmando que las declaraciones del teniente general Mena responden a una estricta opini?n personal es una muestra m?s de cinismo vergonzante. El ministro de Defensa ha tenido que comprobar por en?sima vez como la verdad le deja por mentiroso. En casi toda la prensa han aparecido escritos de militares, muchos individuales y otros colectivos, que se solidarizan con el general sancionado y que cuestionan tan dr?stica medida. Y si bien es verdad que Francisco Jos? Mena Aguado se extralimit? en el cumplimiento de sus competencias tomando parte p?blicamente en el debate pol?tico, no es menos cierto que el propio Jos? Bono hace tres meses respald? las palabras que pronunciara el jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), teniente general F?lix Sanz Rold?n, en relaci?n a la propuesta de reforma del estatuto catal?n, que define a Catalu?a como una naci?n, y en las que afirm? que el sentimiento de los militares es que Espa?a contin?e siendo una patria com?n e indivisible y manifestando su plena confianza en las instituciones y en el Gobierno espa?ol.

Ante las cr?ticas a estas declaraciones Bono expres? entonces su preocupaci?n porque se limitara a los militares su derecho de expresi?n y la defensa "en voz alta" del texto constitucional. Incluso manifest? su convencimiento de la total integraci?n y adaptaci?n del colectivo militar a la era constitucional y afirm? que ser?a sorprendente para ?l "que alguien creyera que cuando un militar defiende la unidad de Espa?a leyendo en voz alta el art?culo segundo de la Constituci?n est? haci?ndole da?o a alguien". Es m?s, el ministro de Defensa abund? en la idea de que "En el Ej?rcito espa?ol el ruido de sables, no hace falta que pongan el o?do para escucharlo, porque hace mucho tiempo que no hay ning?n ruido antidemocr?tico en los cuarteles; eso s?, los militares no son mudos, ni podemos tampoco taparles la boca ejercitando un derecho o cumpliendo con lo que puede ser una prerrogativa reconocida en las leyes."

Visto lo visto y o?do lo o?do, no cabe m?s que pensar que la inoportunidad del discurso del general Mena, rest?ndole protagonismo al rey en el d?a de la Pascua Militar, ha sido utilizada de manera oportunista y sectaria para arrojar un bote de humo ante la opini?n p?blica. Ha sido una a?agaza torticera para esconder y camuflar las innombrables maniobras de ?ltima hora con las que se pretende salvar el estatuto catal?n. En todo caso se ha dotado al posible fracaso de dichas negociaciones de una nueva coartada. El Gobierno de Zapatero viene abusando desde el comienzo de la legislatura de los globos sonda. Con este ya todo el mundo sabe que son muchos los militares que entienden el texto del estatuto catal?n, tal y como lleg? a las Cortes, como un torpedo en la l?nea de flotaci?n de la Constituci?n Espa?ola. As? est?n las cosas.

Publicado por torresgalera @ 18:05  | Pol?tica
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Lunes, 02 de enero de 2006
ImagenTermina 2005 con la noticia, difundida por Instituto Nacional de Estad?stica (INE), de que el ?ndice de Precios de Consumo Armonizado (IPCA) ha sido, para el conjunto del a?o, del 3,8 por ciento. Esta tasa de inflaci?n es 6 d?cimas superior a la de 2004. Lo que confirma que la inflaci?n en Espa?a est? cada vez m?s lejos del objetivo del 2 por ciento de la Eurozona.

El IPCA adelantado de diciembre es 4 d?cimas superior a la tasa interanual de noviembre, la m?s alta registrada en el cierre de un a?o desde 2002, cuando los precios aumentaron el 4 por ciento. Todo apunta a que este desbordamiento en el control inflacionista tiene su principal causa en el encarecimiento del petr?leo. No obstante, la tendencia inflacionista de nuestra econom?a viene siendo end?mica desde hace seis a?os.

Dec?a el Padre Marina, que la inflaci?n es como un impuesto del gobierno pero sin el respaldo del parlamento. Se trata de un ?impuesto? generalista, por lo perjudica m?s cuanto menor es el poder adquisitivo de las familias. Por tanto, se trata de un ?impuesto? profundamente injusto, que aumenta el desequilibrio social y empobrece a?n m?s a las clases marginales.

Lo peor de este mal inflacionista es que nadie hace nada para remediarlo, y menos el Gobierno. La prueba de ello es que el a?o 2006 se inicia con subidas en los recibos de la luz, el gas natural, el butano, los transportes y otros servicios que rondan la media de 4 por ciento. Obviamente, dichas subidas repercutir?n de inmediato en el precio final de otos muchos productos y servicios, con lo que la tasa de inflaci?n se colocar? en los primeros cuatro o cinco meses del nuevo ejercicio en torno al 2,5 por ciento. Y as?, como es de esperar, continuar? profundiz?ndose en la fractura social.

Por mucho que se alarde? de que el PIB espa?ol en 2005 creci? al 3,4 por ciento, el empleo al 3, y las inversiones en bienes de equipo han sido excelentes, los s?ntomas de nuestra econom?a son de acusada fatiga. Ciertamente en Espa?a se ha sabido aprovechar la bonanza del ciclo econ?mico mundial de la segunda mitad de los 90 y comienzos del 2000. Pero esto ya es pasado. A partir de ahora tendremos que aprender a vivir con escasas ayudas de la Uni?n Europea; nuestro nivel de convergencia en la UE de los 25 nos sit?a en el grupo de pa?ses pr?speros, y esto hay que asumirlo.

Pero no todo lo que reluce es oro. Adem?s del descontrol de los precios al consumo, la econom?a espa?ola padece graves deficiencias: la m?s importante es la p?rdida de competitividad. Este es un problema que tiene su origen m?s profundo en las limitaciones de nuestro sistema educativo y, en especial, en su paup?rrima formaci?n laboral. A esto hay que a?adir el insuficiente esfuerzo inversor en investigaci?n y desarrollo e innovaci?n (I+D+i), y que redunda muy negativamente en nuestro sistema productivo. Y para colmo de infortunios, conviene destacar la ca?da en picado de las inversiones de capital extranjero desde 2004, as? como el lento pero firme proceso ?deslocalizador? de empresas que se est? llevando a cabo en Espa?a, en beneficio de otros pa?ses m?s atractivos desde el punto de vista de la rentabilidad.

Por ende, la ca?da de la competitividad est? teniendo un efecto muy negativo en nuestras exportaciones, con lo que el saldo negativo de la balanza comercial ha aumentado en 2005 casi en un 70 por ciento respecto al a?o anterior. Adem?s, la irrupci?n de tipos de inter?s al alza en la Eurozona, y con un Euribor en el 2,783 por ciento -el m?s alto de los tres ?ltimos a?os-, gravar?n el coste de la hipotecas, lo que perturbar? muy negativamente el presupuesto de las familias espa?olas, cuyo endeudamiento supera de media el 66 por ciento de sus ingresos.

Ante este panorama, en los pr?ximos meses comenzar? a percibirse un paulatino retraimiento de la demanda interna, principal motor del actual crecimiento econ?mico. Este hecho ser? determinante en el plazo de dos a?os, pues la ralentizaci?n del din?mico sector de la construcci?n, especialmente de la obra privada, es ya incipiente. Y como efecto colateral expulsar? del mercado laboral a un buen n?mero de trabajadores inmigrantes, con sus consecuentes costes sociales.

Para afrontar estos graves problemas de la econom?a espa?ola se hace necesario la inmediata intervenci?n en sus causas. En primer lugar, promoviendo medidas para favorecer la libre competencia en sectores como el energ?tico (la OPA de Gas Natural sobre Endesa tiene el efecto contrario), comunicaciones y transportes. Segundo, impulsando el di?logo social para proseguir en la flexibilidad del mercado laboral y en una mayor participaci?n del ciudadano en los costes de las prestaciones sociales. Tercero, disminuci?n de las cargas fiscales a las peque?as y medianas empresas, a los aut?nomos y a las iniciativas empresariales de j?venes y parados de larga duraci?n. Cuarto, multiplicar el esfuerzo inversor en I+D+i hasta el 2 por ciento del PIB de forma estable y prolongada. Quinto, concluir un modelo educativo de amplio consenso, en el que se primen valores como el esfuerzo y el trabajo. Y, por ?ltimo, es preciso consolidar un ambiente de seguridad jur?dica que estimule el regreso de las inversiones de capital.

El periodo de debate pol?tico que se est? viviendo en Espa?a sobre el modelo territorial en nada beneficia el clima inversor. Los numerosos interrogantes abiertos en materia fiscal y tributaria, as? como en otras competencias ligadas al mundo laboral y productivo, alejan el surgimiento de nuevas oportunidades. Y mientras nos empecinemos en magnificar las excelencias de las buenas cifras, y no pongamos remedio a los grandes desajustes de nuestra econom?a, los espa?oles veremos menguar nuestros bolsillos hasta empobrecernos peligrosamente.

Publicado por torresgalera @ 14:53  | Pol?tica
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