Martes, 09 de mayo de 2006
ImagenEste martes, 9 de mayo, ha amanecido con toda la vocación de un hermoso día primaveral, propio de este mes florido y tan cantado por niños, monjitas y enamorados. Sí, definitivamente, este martes ha sobrevenido con la clara intención de ser disfrutado por cuantos seres vivos comparten su existencia. Es un radiante día para el goce de la vida; para gozar de nosotros mismos y con nosotros mismos; para disfrutar respirando este aire fresco y trasparente, con los ojos cerrados o con la mirada jugueteando de aquí para allá, recreándose en el universo infinito que nos circunda; para soñar, inclusive, apostados en el humilde alféizar de una ventana cualquiera.

Estoy convencido que los seres humanos persiguen con demasiada frecuencia la felicidad olvidándose de sí mismos. Esto es un absurdo. Deberíamos no perder jamás de vista el rumbo de nuestro viaje; es más, deberíamos estar dispuestos a variar ese rumbo cuando nos apeteciera, aunque a veces resulte difícil. No deberíamos obsesionarnos por alcanzar metas -al menos, esa es mi opinión-, sino por sentirnos en movimiento impulsados por los latidos de nuestro corazón. Lo demás es secundario, y no nos hace más felices. Chesterton defendía esta idea: que los que exhiben una mayor e inquebrantable apariencia de cuerdos suelen ser los auténticos locos. La racionalidad es la fuente de la locura porque la razón sólo produce frustraciones; por eso Albert Einstein fue el sabio más grande del siglo XX, porque formuló la Teoría de la Relatividad. En cambio los niños, los poetas y los vagabundos están más cerca de la felicidad; todos estos no sienten el menor interés por entender a Dios, simplemente -si tropiezan con Él- le sonríen y le hablan. El niño, el poeta y el vagabundo disfrutan por igual con el sol que con la lluvia, con el día que con la noche, con la arena que con el agua... Todas las manifestaciones de la creación son motivo de festejo, y de dolor; lo uno no es enemigo de los otro, tan solo su ausencia.

Creemos que somos muy responsables porque nos tomamos en serio las cosas que nos dicen que pasan. Nos creemos a pies juntillas la realidad virtual que nos presentan la televisión, la radio y los periódicos. Hemos perdido el alma y en su lugar nos gobiernan los electrodomésticos. Adoramos el profesionalismo y dejamos que el trabajo nos encadene a una absurda subsistencia (nos permite pagar las facturas de nuestra insaciable insatisfacción). Hablamos de política y de religión convencidos de tener ideas originales; en realidad, repetimos torpemente los mensajes de esa panda de caraduras descerebrados -los de la tele, la radio y los periódicos-, que viven de ello como nosotros vivimos de entregar las mejores horas de nuestra vida al pagador de la nómina.

Sí, hoy es un hermoso día de primavera, digno de ser vivido con toda la intensidad que merece algo que está destinado a ser efímero. Mañana, ya veremos.

Publicado por torresgalera @ 16:55  | Pensamientos
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