Domingo, 14 de mayo de 2006

ImagenTengo que reconocer que desde hace muchos años he sentido una suerte de fascinación por los sellos. Las estampillas postales siempre me han sugerido un alarde de imaginativa creatividad artística en miniatura. Una especie de iconografía sutil que dignifica y enaltece los envíos del correo, otorgando a los sobres y paquetes que se remiten a nuestro nombre un crédito de solvencia y de respeto social.

Siendo un niño de ocho o nueve años se despertó en mí aquel interés por las hermosas imágenes que se inscribían en espacios de papel tan pequeños. Como quiera que por entonces -finales de los años 50- el correo postal dominaba en la comunicación a distancia, en la casa de mis padres era frecuente la llegada de cartas de familiares. Por entonces comencé a recortar los sellos, despegarlos con sumo cuidado y guardarlos en un cuaderno de hojas en blanco.

Poco tiempo después mi padre se fue a trabajar a Alemania. Este acontecimiento aumentó mi interés por los sellos que franqueaban las cartas tan esperadas con sus noticias. Como era lógico en un niño, mi mente volaba inquieta y excitada tratando de imaginar cómo sería aquel lejano país donde nevaba y hacía tanto frío, según lo describía mi progenitor. Sólo alguna que otra fotografía, alguna que otra postal y, sobre todo, los sellos de correos “Deutsche Bundespost” me servían de referencia para visualizar interiormente aquel país fantástico y casi envidiable.

Entrado ya en la adolescencia, llegué a poseer una significativo muestrario de sellos con matasellos de numerosos países del mundo. Como mi padre sabía de mi afición, me enviaba bastantes que le facilitaban compañeros y amigos que con él trabajaban, oriundos de Turquía, Italia, Austria y algún otro país que ya no recuerdo. Los demás los adquirí por mi cuenta. Aquel álbum de mi primera juventud nunca llegó a ser una verdadera colección de sellos, pero todavía lo conservo como si se tratara de un tesoro.

Paradójicamente, cuando mi padre regresó a España -a finales de los años 60- encontró trabajo en una actividad muy vinculada al servicio de correos. Fue entonces cuando él se aficionó en serio a los sellos. Llegó a ser un entendido y esto me permitió profundizar en la verdadera razón de ser de estas estampillas ilustradas, donde el arte del grabado y la estampación se recrea y expresa con exquisita destreza.

Enseguida comprendí que el sello es papel moneda, puesto que lo emite únicamente el Estado; por tanto, nunca pierde su valor facial, siempre y cuando no esté el sello deteriorado ni matasellado. Se puede cambiar por dinero.

Además, el sello puede adquirir con el paso de tiempo un valor añadido si ejemplares determinados comienzan a escasear en el mercado. Pero durante décadas no ha sido así, a pesar de la inflación acumulada. El precio de las estampillas de los años 50 del siglo pasado hasta las de principios de los 90 apenas ha variado su valor facial. La razón es que las emisiones de entonces eran tan millonarias (de 10 a 15 millones de unidades por cada valor) que actualmente hay en el mercado exceso de oferta de aquellos años. Lo habitual era que el Banco de España, a través de la Fábrica de la Moneda y Timbre, (FNMT), emitiese cada año de 30 a 50 sellos diferentes, además de las series básicas, que eran mucho más numerosas (sellos antes con la cabeza del Jefe del Estado, general Franco, y después con la del Rey Juan Caros I).

No obstante, son los llamados “sellos raros” los que despiertan mayor interés entre los coleccionistas. Se llaman así a los sellos que salieron al mercado con algún defecto de impresión: tintados con un solo color, marcas de tinta incorrectas, estampillados al revés, etcétera. Lo habitual es que las series defectuosas sean destruidas en la propia FNMT, pero a veces ocurre que algunos pliegos de sellos se “escapan” del control de calidad y se ponen en circulación. En este caso los coleccionistas incrementan su precio muy por encima del valor facial, dependiendo del número de ejemplares en la calle.

Como resumen, se puede decir que ganar dinero coleccionando sellos es una falacia. Salvo que coleccionemos “sellos raros” muy caros -poco recomendable como inversión por el escaso potencial de compradores-, el sello en general se revaloriza poco. No obstante, en los últimos quince años los nuevas modalidades de franqueo comercial ha llevado a la autoridad económica estatal a realizar emisiones de sellos -aparte de las series básicas- pensando esencialmente en los coleccionistas; las emisiones actuales han caído a cifras de entre 280.000 ejemplares a 3 millones, de los 12 ó 15 millones de hace unos años. Ahora sí se revalorizan más los sellos por su menor número en circulación y a pesar del mayor control de la inflación.

Todas estas obviedades, claro está, no tienen por qué conocerlas todos los ciudadanos. Pero me da mucho qué pensar que alrededor de 350.000 pequeños ahorradores españoles se hayan dejado embaucar en un negocio de inversión de sellos. Sinceramente, la única explicación que encuentro al éxito del engaño practicado por los dirigentes de AFINSA y Forum Filatélico, es el nivel de magisterio que sus agentes comerciales han desplegado para embaucar a sus clientes; sólo una elevada carga de ingeniosas mentiras ha podido convencer a tantos incautos, ávidos de ganar dinero por encima de los límites razonables.

Es importante tener en cuenta que las reglas que rigen la filatelia en España son las mismas que en el resto de países. Lo único que permite revalorizar el precio de un sello es -para los coleccionistas- su escasez pasados unos años, la tasa de inflación acumulada, o bien que se trate de un “sello raro”. Por el contrario, la circulación excesiva de cualquier ejemplar repercute en la falta de movilidad de su valor facial. Lo demás es pura y simple especulación, engaño y estafa.

Y dentro del drama que supone la estafa a gran escala que han realizado los promotores de estos “chiringuitos de fraude”, se añade la frustración de no haber permitido a los clientes la oportunidad de conocer y disfrutar -las empresas guardaba los sellos en depósito- el verdadero sentido de la filatelia. ¡Una lástima! En ella se escribe, de forma muy bella y creativa, buena parte de la historia de cada país. Lo siento de veras.


Publicado por torresgalera @ 1:00  | Cosas que importan
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Publicado por Invitado
Jueves, 12 de abril de 2012 | 12:43

Hola

esa afirmacion de que los sellos siempre tienen su valor facial....¿donde puedo ir con mis sellos a venderlos?

saludos