Lunes, 19 de junio de 2006

Decir que "algo habrá hecho" esa mujer para que su pareja la haya pegado o, incluso, haya terminado matándola, es considerado socialmente en nuestros días como una aberración. O, decir que "algún motivo habrá dado" de alguien que acaba de ser asesinado con un tiro en la nuca o con una bomba lapa por unos terroristas de ETA, también sería considerado como una monstruosidad. Y, sin embargo, esas barbaridades se han pronunciado muchas veces -más de las que podríamos enumerar- en situaciones similares a los ejemplos citados.

La memoria ilumina con frecuencia paradojas de la vida -de la nuestra propia y de la sociedad en general-, que a poco que tengamos un mínimo de sensibilidad y de humildad de corazón no pueden menos que sonrojarnos moralmente. Es indudable que recurrir a la violencia física, como parte de un método educativo, para corregir y escarmentar a un escolar es más que discutible, aunque durante siglos haya sido aceptado con aquiescencia por los padres de los alumnos y por el conjunto de la sociedad. De la misma manera que es inaceptable -como ocurre con demasiada frecuencia- que los educandos se tomen la justicia por su mano cuando el educador les incomoda y les pone en evidencia por su mal comportamiento o por su falta de rendimiento escolar.

Lo más vergonzante de los usos y costumbres en los que nos movemos, es la facilidad con que los hombres manipulamos y adaptamos a nuestra conveniencia los criterios éticos y morales que presumimos defender. Si la violencia es mala en sí misma, no puede haber excepciones ni matices que la justifiquen. Por eso clama contra la inteligencia y la ética de la vida pública, que determinados políticos hayan sido capaces de condenar las agresiones que han sufrido diferentes líderes del Partido Popular en Cataluña, a la vez que dejaban caer argumentos que terminaban por justificar dichas agresiones. Es precisamente esa doble moral lo que pone de relieve la miseria y el raquitismo intelectual y moral de buena parte de nuestros dirigentes políticos. Cuando se llega tan bajo se puede esperar cualquier cosa que ocurra en un futuro inmediato. Da la sensación de que ya es imparable el desbordamiento de lo que hasta ahora creíamos que eran las reglas de la convivencia. Tendremos que estar alerta y vigilantes a las sorpresas que nos esperan. No sé si a pesar de todo nos encontrarán preparados para defendernos de tantas agresiones, sobre todo si desconocemos su naturaleza. Pero me temo que dará igual. Estamos en un proceso en el que disentir abiertamente es como ponerse uno mismo la estrella amarilla de David con la que los nazis marcaban a los judíos para conducirlos al holocausto.


Publicado por torresgalera @ 13:42  | Pol?tica
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