S?bado, 01 de julio de 2006
ImagenEl presidente del Gobierno se ha erigido en un «Príncipe de la Paz» de facto. Está plenamente decidido a favorecer los medios para acabar con el terrorismo de ETA. Para ello no ha dudado en asumir el leguaje de los violentos; habla de conflicto y de proceso de paz, por lo que acepta la tesis etarra de que el pueblo vasco sufre una agresión histórica por parte del estado español.

El presidente Rodríguez Zapatero hace ostentación de providencialidad. Se siente destinado a erigir los cimientos de un nuevo orden nacional. Él inaugura un nuevo espíritu, una nueva conciencia que toma del pasado (la Transición) aquello que anima la dialéctica del entendimiento y el compromiso, pero enriquecido con su propia y genuina aportación de una fe ciega en las oportunidades del futuro. En definitiva, ha diseñado una entelequia retórica que va perfilando, improvisadamente, en la confianza de que serán otros los que se equivoquen.

Pero antes que nada, lo primero que habría que destacar es que la paz no se pacta, sino que se conquista; la paz sólo se negocia cuando se ha vencido (paz impuesta) o cuando se ha perdido (paz concedida mediante un precio). En segundo lugar, que yo sepa, no existe ningún conflicto (otro gallo cantaría si lo hubiera) entre una parte del pueblo vasco con el resto de España. Según mi modesto entender, lo que existe es una actividad de violencia terrorista producida por unas centenas de ciudadanos del País Vasco que, desde hace cuatro décadas, están empeñados en imponer su discurso totalitario e independentista a base de pegar tiros en la nuca, poner bombas, secuestrar y extorsionar para financiar su proyecto nauseabundo.

ETA nació en 1959 de una escisión del PNV. Fue un acto de discrepancia juvenil hacia una generación de perdedores nostálgicos y ensimismados. Eran tiempos aquellos donde el franquismo no daba la mínima esperanza a la quimera de Eskal Herria, y donde el marxismo tenía embaucada a buena parte de la intelectualidad burguesa en la Europa occidental. Aquellos disidentes peneuvistas descubrieron la cuadratura del círculo en el sincretismo de las ideas nacionalistas de Sabino Arana y la doctrina marxista-leninista, pasada por el pensamiento Mao Tse Tung. Total, el franquismo justificaba cualquier forma de oposición por bárbara que esta fuera.

Desgraciadamente la historia ha dejado al descubierto el verdadero rostro de ETA y todo lo que representa políticamente. La primera vez fue con motivo de la amnistía general de 1977. Pocos años después con el conflicto interno entre ETA militar y los llamados «poli-milis », partidarios éstos de un cambio radical a favor de la estrategia exclusivamente política. Desde entonces, los «duros » han impuesto su criterio. Y únicamente cuando a la banda le ha interesado ganar tiempo para reorganizarse, ha simulado treguas y deseos de negociar.


Publicado por torresgalera @ 12:23  | Pol?tica
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