Jueves, 06 de julio de 2006
RTVENo hay para qué extrañarse cuando una buena parte de la ciudadanía manifiesta su descreimiento hacia los sindicatos. No hay más que echar un vistazo a lo que ocurre en Radio Televisión Española. Desde hace dos años los representantes sindicales han sido incapaces de acordar con el Ente la actualización del convenio colectivo. Y hasta ahora no se ha producido ninguna queja contundente ni ninguna movilización a cuenta de tan importante asunto para los intereses de más de 9.000 trabajadores.

En cambio, con relación al llamado Plan de Viabilidad que el Gobierno -a través de SEPI (Sociedad Española de Participaciones Industriales)- pretende sacar adelante, al amparo de la reciente Ley de Radiotelevisión Pública, los sindicatos están sumidos en una estrategia incompresible y ausente de toda trasparencia hacia los empleados del Ente.

Las secciones sindicales con representación en el Comité General Intercentros de Radiotelevisión Española están dando una lección suprema de irresponsabilidad, parcialidad, incoherencia y de equívoca vocación de servicio. Más de un mes lleva el CGI negociando con la SEPI y con la dirección de RTVE el Plan de Viabilidad que entrará en vigor el próximo 1 de enero. Desde entonces, el oscurantismo y la opacidad informativa de los representantes sindicales se ha hecho clamorosa.

Conviene recordar, para hacernos una idea precisa de qué estamos hablando, que cuando apenas se filtró (el pasado marzo) el contenido del Plan que la SEPI iba a presentar a los sindicatos para negociar, los líderes laborales hicieron un enorme despliegue informativo y mediático para rechazar frontalmente dicho Plan. Es más, casi de forma simultánea, los sindicatos movilizaron a los trabajadores de RTVE y les convocaron a una huelga general; huelga que se produjo, finalmente, el 5 de abril, con éxito relativo.

Curiosamente, después de tanto ruido y ofuscación, a finales de mayo los miembros del CGI se reunieron formalmente, y por vez primera, con los responsables de la SEPI y de RTVE para comenzar a negociar el Plan de Viabilidad. En pocos minutos los sindicalistas dejaron constancia -al menos de cara a la galería- de las deficiencias insalvables del Plan. Las asambleas y comunicados a los trabajadores no se hicieron esperar.

Pasaron algunos días y los requerimientos de la SEPI al CGI para sentarse de nuevo a negociar surtieron el efecto esperado. Se supone que desde instancias gubernamentales se apelaría a las ejecutivas de CCOO y UGT. Lo cierto es que en pocos días comenzó a cumplirse un calendario de negociación que se ha prolongado hasta hoy. Y nunca más se supo. Los sindicatos, tan prolijos en hojas informativas y en toda suerte de actividades movilizadoras, han hecho mutis por el foro.

¿Qué está ocurriendo a estas alturas con el Plan de Viabilidad, en el cual se contempla un expediente de regulación de empleo que mandará a sus casas a 4.150 trabajadores en los próximos dos años? ¿Es razonable que los sindicatos mantengan un silencio sepulcral sobre un asunto tan sensible y que afecta a más del 40 por ciento de la plantilla de RTVE? Durante el pasado junio se ha instalado en los centros de trabajo una honda preocupación sobre esta cuestión, que se manifiesta en forma de bulos, rumores, macutazos y toda clase de especulaciones.

Entre tanto, CCOO no siente el menor rubor en denunciar estos días lo que considera "descuento excesivo" en las nóminas de aquellos trabajadores que secundaron la jornada de paro. Como se puede colegir, el cabreo general hacia los sindicatos es monumental. La mayoría de los empleados del Ente se sienten, una vez más, manipulados, si no engañados, en el convencimiento de que los sindicatos mayoritarios (CCOO y UGT) ya han alcanzado un acuerdo general, sólo pendiente de algunos flecos.

¿Entonces, a qué están esperando para anunciar los términos en que ha quedado el Plan de Viabilidad de la futura Corporación RTVE? Muchos son los que piensan que el futuro de las secciones sindicales y sus delegados es lo primero que se ha asegurado en esta negociación sin luz ni taquígrafos; también que los objetivos políticos priman sobre los laborales. No es competencia de los sindicatos -aunque están en su derecho a opinar- decidir sobre el modelo de radiotelevisión pública, ni sobre el futuro plan empresarial, ni mucho menos (como propone ahora CCOO) plantear un catálogo de condiciones para abordar los contenidos de los informativos.

Está claro que los sindicatos mayoritarios hace tiempo que han descontado de sus reivindicaciones el futuro de los 4.150 trabajadores, de más de 52 años de edad, que van a prejubilar. Sus prioridades pasan por otras coordenadas, que se desconocen pero se pueden intuir. Los sindicatos, que cuentan con docenas de liberados bien retribuidos, viven enfrentados (prácticamente ni se hablan). Por eso es tan importante para cada uno no perder presencia (será inevitable con la merma de plantilla) ni privilegios en la futura empresa.

Sorprendió en su día el tremendismo de los sindicatos. Comenzaron estos con una oposición radical al Plan de Viabilidad y Saneamiento de RTVE. No dudaron en convocar una huelga al grito de “Aquí no sobra nadie. Que se saneen ellos”. Fue una estrategia de máximos, en la que no cabía una escalada gradual si persistía el desencuentro. Por tanto, el proceso en defensa de los trabajadores ha ido de más a menos. Ha sido un planteamiento funesto que se ha sellado con un secretismo vergonzoso, y que se rompe de vez en cuando por filtraciones a la prensa. En definitiva, pura fanfarronería sindical alimentada por la credulidad de muchos incautos.

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