Lunes, 07 de agosto de 2006
Integrismo islámicoEsta sexta guerra emprendida por Israel tiene poco que ver con las otras cinco anteriores. El enemigo en este caso no es la llamada resistencia palestina ni ninguna otra nación árabe de las que tradicionalmente recibe ayuda. No, en este caso el enemigo que acecha y golpea a Israel -desde Gaza y el sur del Líbano- es el integrismo islamista: es decir, el “yihadismo”, un movimiento fundamentalista musulmán que tiene como objetivo devolver al islam a su forma originaria, tal y como lo concibieron los discípulos del Profeta y sus primeros sucesores (salaf).

El yihadismo (practicantes de la yihad) no es una realidad nueva del islam, sino que es consustancial y determinante del credo musulmán. La traducción del término yihad requiere un esfuerzo arduo y erudito, puesto que su significado varía en función del contexto, sea político, religioso o histórico. En cualquier caso, desde el punto de vista lingüístico yihad deriva de la palabra árabe yiha, que significa “esfuerzo”, por lo que muchos autores asimilan yihad a “estado de esfuerzo”; o también, “llamamiento a la acción”.

La novedad en este caso es que el yihadismo está siendo ejercido por diferentes movimientos religiosos al margen de ninguna forma de gobierno estatal. Los principales brazos del yihadismo salafista son la Hermandad Musulmana, originaria de Egipto, y Al Qaeda, de origen saudí (wahabita); ambos movimientos islamistas pertenecen a la corriente suní del islam.

El tercer gran brazo del yihadismo es el chiíta, corriente teológica minoritaria del islam pero muy arraigada desde los primeros años de la Hégira. La corriente chiíta ha vivido siempre enfrentada radicalmente (salvo determinados momentos y circunstancias históricas) con la corriente suní. Pero el triunfo de la revolución de los ayatolás en Irán, en 1979, permitió que en este país persa -donde los chiíes son mayoritarios- se estableciera y consolidara un Estado islamista puro, en el que la religión dirige y subordina todo lo demás (política, economía, educación, familia, relaciones personales, costumbres...).

Es importante señalar dos cosas. Primero, que la finalidad prioritaria del yihadismo es recuperar el espacio físico que el islam ocupó en el pasado, que va desde la India a Al-Andalus y desde el Alto Nilo hasta los Balcanes y Hungría. Y, segundo, que al yihadismo le preocupa menos que el pueblo palestino recupere sus antiguos territorios que el hecho mismo de que un pueblo enemigo (kuffar), el pueblo judío, se instale en un territorio que ha sido islámico. Por eso Hamás -organización yihadista patrocinada por la Hermandad Musulmana- se abre paso poco a poco entre los palestinos de Gaza, a la vez que impide que prospere la política negociadora de la nacionalista, laica y corrupta ANP y de la propia OLP. Su objetivo es destruir el Estado de Israel, no negociar con él. Lo mismo le ocurre a Hizbolá, organización libanesa yihadista y chií, patrocinada por el gobierno de Teherán, y cuya meta también es destruir a Israel, como queda de manifiesto en las reiteradas declaraciones de su líder espiritual Hasán Nasralah.

Desde 1923, fecha en la que desapareció el imperio otomano, el mundo islámico perdió la dirección única y centralista del poder terrenal y la dirección espiritual (junto con la de los grandes guías religiosos). Desde entonces la nación (umma) musulmana ha quedado huérfana de su califa o sultán y se ha visto reducida a un mosaico de territorios que han corrido dispar suerte. Y es aquí donde la Hermandad Musulmana, Al Qaeda, el chiísmo y todas las organizaciones y milicias de una u otra obediencia, entran en acción para ejecutar su misión (rissala): la expansión (fatah) de la fe verdadera por todo el mundo mediante la acción (yihad) propagadora de los fervorosos creyentes (mujaidines).

El presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, ha vuelto a insistir en la Cumbre del Consejo Ejecutivo de la Organización de la Conferencia Islámica, celebrada en Malasia, que la única solución eficaz a la crisis libanesa es la "eliminación del régimen sionista" de Tel Aviv. Ahmadineyad culpa al Reino Unido y a Estados Unidos de ser los responsables últimos de la guerra que se está librando en estos momentos entre Israel y las milicias chiíes de Hizbolá.

Como se puede comprobar, las cosas no están ocurriendo por casualidad. Tanto el último mensaje del número dos de Al Qaeda, Ayman Al Zawahiri, difundido a través de la televisión Al Yazira, reivindicando por enésima vez la recuperación del espacio islámico (incluída Al Andalus), como las reiteradas declaraciones de Mahmud Ahmadineyad y del líder espiritual iraní Alí Jamenei, abogando por la desaparición de Israel del mapa, así como otras manifestaciones de diferentes líderes fundamentalistas, constituyen la prueba irrefutable de que la yihad islámica es la mayor amenaza a nuestra civilización desde los tiempos de la guerra fría.

En este momento Israel se está batiendo sola frente al nuevo enemigo. La mentalidad occidental está tan lastrada que es incapaz de procesar que el 11-S, el 11-M y el 7-J forman parte -junto con innumerables agresiones más- de la nueva yihad islámica. En la sociedad occidental todavía nos movemos en un pretencioso y estéril ejercicio de debate ideológico entre progresistas y conservadores, sin darnos cuenta que la lógica esgrimida por el yihadismo desborda nuestra endeble posición racionalista. Europa ha tirado la toalla en la defensa de su solvencia moral y de su hegemonía cultural. Y para afrontar los peligros que nos acechan no se nos ocurre idea más original que la de “la sociedad multicultural”. La ignominia de nuestros dirigentes e intelectuales de oficio ya se ha ganado un sitio en los sótanos de la historia.

Publicado por torresgalera @ 13:17  | Mundo
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