Jueves, 10 de agosto de 2006
Control antiterroristaSe veía venir. La apertura de hostilidades del régimen de Teherán contra Israel no podía dejar inerte a los yihadistas de Al Qaeda. Para la mentalidad de Osama Ben Laden y Ayman Al Zawahiri resulta muy humillante que los chiíes de Irán tomen la iniciativa en la guerra contra "el gran diablo y el pequeño diablo" (Estados Unidos e Israel). Por eso sus mujaidines suníes wahabitas, a la vez que combaten a los soldados estadounidenses y británicos en Irak, aprovechan para infligir su castigo a los chiíes del "triángulo suní", situado entre las poblaciones de Bagdag, Ramadi y Tikrit.

La operación policial que ha permitido desarticular in extremis una gran acción terrorista en el Reino Unido, es un reflejo de la dura pugna entre el yihadismo de Al Qaeda y el del régimen de los ayatolas. Es pura competencia por la supremacía. Todo indica que el golpe terrorista estaba preparado para el 22 de agosto -para esa fecha hay anunciado un gran acontecimiento-; también es posible que el golpe terrorista se hubiera adelantado y el "ruido" de la precipitación hubiera alertado a los servicios de inteligencia británicos. En cualquier caso, es seguro que la dirección de Al Qaeda estaba apremiando a sus satélites para que actuasen con prontitud: la ofensiva iraní contra Israel, mediante su brazo de mujaidines libaneses de Hizbolá, les obligaba a abrir un frente de batalla propio en el que se pudiera visualizar que Al Qaeda está más viva que nunca.

El régimen chií de los ayatolas tiene algunas peculiaridades significativas que conviene tener presentes. Primero, cuenta con un Estado propio, lo que le permite autonomía e independencia y blinda su seguridad. Segundo, Irán es el cuarto país productor de petróleo de la OPEP, por lo que el crudo le ofrece una fuente de ingresos extraordinaria, a la vez que es un arma estratégica formidable. Tercero, el régimen islamita de Teherán siempre se enfrentó abiertamente a todos sus enemigos declarados (Estados Unidos, la Unión Soviética, Israel e Irak). Y, cuarto, con la desaparición de la URSS y del régimen nacionalista-laico de Sadam Huseín, la obtención del arma nuclear convertiría a Irán en la fuerza determinante y hegemónica del mundo musulmán.

Por su parte, el yihadismo de Al Qaeda vive proscrito y perseguido en las montañas de Pakistán después de perder su espacio vital de Afganistán. Sus fuentes de financiación son todavía muy solventes gracias a los wahabitas radicales saudíes, pero el nivel de rechazo progresa paulatinamente en la península arábiga. El posibilísimo practicado por Al Qaeda para luchar contra la URSS en Afganistán y en Sudán contra las etnias negras del sur han segado su capacidad de alianzas (Irán se abastece hoy día de armas y tecnología de Rusia), por lo que los apoyos de Ben Laden sólo provienen de la capacidad de penetración (que es mucha) del yihadismo en las estructuras sociales de los países enemigos. Por último, la gran apuesta de Ben Laden y Al Zawahiri está puesta en el golpe de estado del ejército (muy penetrado) pakistaní, que derribe el gobierno laico del presidente Musharraf. Un Pakistán islamista y nuclear supondría para Al Qaeda un giro copernicano en su estatus de liderazgo musulmán.

Como se puede comprender ambas posibilidades son estremecedoras. Para Irán el conflicto armado que enfrenta a Israel con Hizbolá y Hamás es un gran argumento para defender su programa nuclear ante la comunidad internacional. En cuanto a Al Qaeda, enfangada en la guerra de Irak -donde ha perdido a Abu Mussab Al Zarqawi, uno de sus más carismáticos líderes mujaidines- y donde a pesar de la crueldad y determinación de su lucha el proceso democratizador patrocinado por Estados Unidos continua su marcha, no cabe duda que está necesitada de una gran acción terrorista que haga temblar al mundo. Por eso es necesario estar más prevenidos y alertas que nunca. La ocasión de Londres se les ha escapado, para bien de la humanidad. Pero lo seguirán intentando.

Publicado por torresgalera @ 21:27  | Mundo
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