Lunes, 27 de noviembre de 2006
Stanley G. PayneStanley G. Payne es sin duda el historiador sobre la España de la II República con mayor autoridad y prestigio que actualmente existe en el mundo. Sus estudios sobre aquel convulso periodo y la posterior guerra civil son reconocidos por todas las tendencias historiográficas como verdaderamente encomiables. Stanley G. Payne también ha investigado periodos anteriores y posteriores a los citados, pero su magisterio sobre ellos no alcanzan la misma notoriedad. Afortunadamente, este insigne hispanista norteamericano continúa trabajando, a pesar de sus 72 años de edad, en esclarecer y valorar los hechos pretéritos con una ecuanimidad y rigor de los que siempre los españoles seremos deudores.

El celo profesional de Stanley G. Payne le ha llevado en diferentes ocasiones a actualizar algunos de sus trabajos anteriormente publicados. Este es el caso de su libro El colapso de la República. Los orígenes de la Guerra Civil (1933-1936). Editado en 2005 por "La esfera de los libros", la obra recoge nuevas aportaciones a trabajos anteriores de Payne, a la vez que porta un texto más completo y esclarecedor sobre los avatares políticos, sociales y económicos de este largo trienio republicano.

Dicho lo anterior, Stanley G. Payne no da por cerrado, ni mucho menos, el estudio histórico de la década española de los años treinta. Es más, él todavía mantiene vivas docenas de preguntas e interrogaciones que, con toda seguridad, tardarán aún mucho tiempo en encontrar respuesta; algunas, quizá, no las encuentren nunca. No obstante, como hombre sensato que es y como historiador experimentado, Payne afirma «que un historiador debe tender siempre a la máxima objetividad, aunque es imposible ser absolutamente objetivo». Y desde una actitud humilde -propia de personas sabias-, de una «profunda subjetividad» didáctica, el hispanista norteamericano recriminaba hace unos días en Madrid la frivolidad intelectual del presidente del Gobierno al recurrir a la memoria histórica.

En la presentación de su último libro “40 preguntas fundamentales sobre la Guerra Civil” (La esfera de los libros), Payne mostraba su discrepancia: «Tras su sorprendente victoria en las elecciones de 2004, José Luis Rodríguez Zapatero introdujo una novedosa forma de izquierdismo en España que ni se parece al antiguo revolucionarismo ni a la socialdemocracia constructiva de Felipe González. Se trata de un nuevo izquierdismo basado en la corrección política internacional y en unas extrañas ideas de multiculturalidad, atomización de la cultura y la sociedad y deconstrucción de España en interés de una especie de ilusorio y renacido frente popular con el que consolidar su poder político».

Ya en el debate que prosiguió a la presentación del libro, Stanley G. Payne contestó a la pregunta sobre Zapatero y este nuevo frente popular: «El frente popular está en Cataluña. La ilusión de Zapatero es una alianza multipartidista contra la derecha. Sí, una alianza multipartidista antiderechista es lo que pretende el presidente del Gobierno. Su política nacional está destinada a la caza de aliados».

En resumen, lo más importante de la lección de Stanley G. Payne se produjo al final de este acto y a modo de corolario. Para Payne, la “memoria histórica” o “colectiva” es en sí misma un concepto ficticio, un espejismo, un tremendo y profundo error: «Hablando con propiedad, tal cosa no existe. La memoria no es ni colectiva ni histórica, sino intrínsecamente personal, individual y, por tanto, subjetiva. En sentido estricto, la Historia es un campo para el estudio erudito cuyo objetivo es ser lo más objetivo posible, lo que suele derivar en inevitables conflictos entre ésta y la memoria. La historia oral investiga los recuerdos individuales para sus propios fines, pero con una metodología que controla la subjetividad y las falacias».

Abundando en esta idea, Payne defiende que la mayor parte de “la memoria histórica” de la España del siglo XXI ni es memoria ni es historia, sino «un discurso político elaborado por la izquierda en torno a incidentes que se interpretan según un esquema partidista. La violencia política y la represión tienen mucho peso en este discurso porque son muy rentables y se conciben de una forma sesgada y reduccionista. Sin embargo, casi no se presta atención a sus orígenes o a cómo las aplicó la izquierda. Por el contrario, se atribuye a Franco el dudoso honor de haberlas inventado y ser el único que las puso en práctica».

La lección de Stanley G. Payne deja bien claro como mediante falsedades es imposible recuperar nada, y menos la memoria. En cambio, para mejorar el conocimiento histórico es necesario tomar distancia y una gran dosis de generosidad y objetividad. Y Rodríguez Zapatero está colgado en el imaginario del Frente Popular. Así nos va.

Publicado por torresgalera @ 23:32  | Pol?tica
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