Viernes, 15 de diciembre de 2006
No lo puede evitar, y no lo quiere evitar. Enric Sopena es una de esas personas que ha consagrado su vida profesional (ejerce de periodista) a ser un anti algo: en este caso un anti Partido Porpular, y, por ende, ser un anti todo aquello que tenga o pueda tener que ver -aunque sea someramente- con la derecha representada por el anagrama de la gaviota. Lo más curioso es el esfuerzo que realiza Sopena por parecer una persona ponderada y ecuánime. Pero le delata su entrecejo y la facilidad con la que la ira tiñe de rojo su rostro.

Sinceramente creo que Enric Sopena ha nacido para ser incondicional de algo o de alguien (tanto monta), por lo que en esta tesitura (la política) es fácil colegil que haya caído de bruces en el estigma del fustigador de herejes y del exterminador de infieles. Todo esto dicho con irónico respeto. Lo cierto es que le va la marcha, y nunca rehúsa la pelea, más bien la busca. Y aunque gusta de disfrazar su inquina y contrariedad con formas y maneras armoniosas y educadas, la verdad es que su fruncir de ceño y su facilidad para el arrebol son muestras palpables de que el debate no es en él un recurso dialéctico natural, sino una calculada técnica de confrontación a falta de otros métodos más expeditivos (vamos, que si pudiera te borraba del mapa).

Los que hemos tenido la ocasión de tratar y conocer a este personaje sabemos muy bien que en él todo está supeditado a su misión: esclarecer la verdad. Gusta exhibir sus credenciales profesionales o de exigírselas a los demás, no sintiendo el menor reparo en hacer todo tipo de alardes de parcialidad y de sectarismo, sin que en estos casos sus mejillas se ruboricen lo más mínimo. ¡Cosas veredes, Sancho!

Así que ahí le tienen ustedes, al bueno de Enric Sopena, tan atildado él y tan elocuente. Lean sus análisis en "El Plural", el blog desde el que (en compañía de otras ilustres plumas) ilumina a la opinión pública; obsérvenle y escúchenle en el programa "59 segundos" de Televisión Española, y comprobarán su facundia y su exquisita y proverbial facultad para el discurso riguroso, alejado de cualquier atisbo de radicalidad y dogmatismo. También se deja ver y oír en algún otro programa de televisión y de radio, junto a eminentes expertos, para debatir sobre asuntos de actualidad. Sopena siempre ocupa una silla para zurrarle la badana a los chicos del PP y a la derechona de toda la vida. Con motivo de la muerte del criminal Pinochet en Chile, el ínclito periodista no ha desaprovechado la oportunidad para acordarse de José María Aznar y del capitán Rodríguez Lozano, el abuelo del presidente Rodríguez Zapatero. ¡Portentoso! Ya le queda menos para que su nombre salte al Boletín Oficial del Estado. Su estulticia demanda una pronta recompensa.

Publicado por torresgalera @ 20:55  | Pol?tica
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