Martes, 19 de diciembre de 2006
Cierre de Air MadridEl lamentable espectáculo al que estamos asistiendo estos días, al contemplar en los aeropuertos de Barajas y El Prat a miles de inmigrantes iberoamericanos atrapados, me ha dado la oportunidad de reflexionar, una vez más, sobre la inescrutable condición del ser humano.

De una parte nos encontramos ante la dramática precariedad de los más débiles: aquellos que desean, después de varios años fuera de su tierra, regresar a casa para reencontrarse con los suyos. Y, de otra, las imprevisibles contingencias del destino que dificultan el cumplimiento de los sueños de tantos menesterosos.

Todo parece confluir en una tormenta de casualidades, que de pronto se desparrama sobre el frágil equipaje de ilusiones y anhelos de estas huestes errantes a través de una diáspora de supervivencia. La insensible ambición de un empresario incompetente e inmoral ha esquilmado las enjutas reservas de miles de inmigrantes; y con tan irresponsable proceder, de paso, ha marchitado el caudal de alegría que el retorno al hogar había hecho florecer.

Yo no sé si la intervención fulminante del Ministerio de Fomento ha agravado los perjuicios a los viajeros y a la aerolínea; o si, por el contrario, ha impedido que el desastre hubiera sido mucho mayor en poco tiempo. En cambio si estoy en condiciones de afirmar que las concesiones estatales a entidades privadas para que desarrollen servicios públicos deberían ser vigiladas más rigurosamente y, en su caso, advertidas y amonestadas con mayor diligencia para que cumplan con las obligaciones contraídas. De nada sirve a estas alturas (más bien acrecienta la alarma social) que se diga que desde hace meses se venían observando graves incumplimientos que afectaban, incluso, a la seguridad de la línea aérea.

Estamos en víspera de Navidad. Los pueblos iberoamericanos participan celosamente de la cultura cristiana; incluso de manera más fervorosa que sus colonizadores españoles y portugueses. Para más de dos millones de inmigrantes del otro lado del Atlántico, regresar a su tierra de vacaciones representa un sacrificio enorme (hoy día las distancias no se miden en kilómetros sino en dólares o en euros). Por eso ahorran con gran esfuerzo (después de pagar su subsistencia en España y de enviar algún dinero a sus familias) para ir de vacaciones al menos una vez cada dos o tres años. Y mayoritariamente escogen el tiempo de Navidad para poder compartir tan entrañables fechas con sus seres queridos. Todo muy similar a lo que les ocurría a los emigrantes españoles en Europa hace tres o cuatro décadas.

Por el especial sentimiento de fraternidad al que mes siento unido, yo apelo a la solidaridad del pueblo español y de las instituciones que lo representan, para que se ayude a estos viajeros -hoy anclados en los vestíbulos aeroportuarios- a que puedan cumplimentar sus deseados viajes. Si es necesario con dinero público. Ya sé que los negocios frustrados sólo deben implicar a sus promotores. Pero como en toda regla, hay excepciones. Volver a casa por Navidad es un derecho al que no deberíamos renunciar, máxime si encima son miles de humildes inmigrantes que han pagado por adelantado, y unos desaprensivos e incompetentes empresarios y gestores han levantado el vuelo dejándo al pasaje en tierra y a dos velas.

Publicado por torresgalera @ 21:08  | Cosas que importan
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Publicado por Invitado
Jueves, 03 de diciembre de 2009 | 23:48
felicidades por su sitio me gustar?a invitarles a una web de navidad muy completa en http://navidad.es